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«Necesitamos un Hemingway»

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«Necesitamos un Hemingway»

12.02.12 - 01:00 -
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Queda un año para que el centenario Carnaval de Águilas cumpla 30 de desfiles organizados, una buena fecha para replantearse qué hacer. Porque la fiesta vive su crisis de identidad particular. En tres décadas ha evolucionado, madurado y se ha transformado en algo más que en una fiesta local, pero aún no ha dado el salto que lleva tiempo esperando. Una emancipación en forma de título, el de Fiestas de Interés Turístico Internacional quizás sea el impulso definitivo. Ver mundo, o más bien, que el mundo le vea como lo que es : una fiesta total. Del germen experimental de 1983 queda el espíritu. Nadie se imaginaba que de ese desfile, con apenas un puñado de peñas y cuatro charangas, con coches aparcados, público escaso y menos organización, pudiera sobrevivir. «¡Hasta te daban mil pesetas por salir a desfilar! Ahora hay que rascarse el bolsillo», recuerda Marisol López, una de las supervivientes. Aquello fue tan experimental que el domingo no hubo desfile por coincidir con una etapa ciclista de la Ruta del Sol. Poco a poco, el comité organizador fue dando forma a la fiesta, pero hasta los 90 todo era muy casero. La propia Marisol fue elegida Doña Cuaresma en el 89, en una 'gala' con apenas veinte personas, incluidas autoridades. Ella ni lo sabía. «Me enteré a los varios días, ni me lo propusieron. Para la gala me puse el traje de Nochevieja porque me pilló de sorpresa». Cuatro años después fue proclamada, también por sorpresa, Musa. Es y será la única que ostente dos personajes, porque desde entonces hay una norma que lo impide. Los desfiles se convirtieron en una competición de trajes y carrozas, y en el 97, aún sin la 'mayoría de edad', el Carnaval recibió la Declaración de Fiestas de Interés Turístico Nacional. Y se pasó de las carrozas y los pomposos trajes a los cuerpos de baile. «Quedar toda la peña cosiendo los trajes en aquellos bajos pasando frío tenía su encanto, pero nos cansamos. Ahora las horas se invierten en ensayos de baile. No es mejor ni peor, es distinto», recuerda Marisol. Con los años, se incorporó la Mussona, el concurso de cuerva, los pregoneros, la batalla campal de huevos de papelillos entre Don Carnal y Doña Cuaresma... «Los Carnavales son maravillosos, espectaculares, espontáneos, mediterráneos y únicos», asegura Marisol. Pero por otra parte, asegura que «no despegamos y no sé por qué. Nos merecemos ser universales». Su teoría es que la fiesta necesita más promoción. «En muchos sitios hay encierros pero los de Pamplona los popularizó Hemingway. Con el Carnaval pasa igual. Necesitamos un Hemingway». Para Marisol, falta un año como 1987, una revolución. «Ese año dimos un paso al frente, con un desfile perfecto. Pensé que se nos escapaba de las manos, pero necesitamos revivir esa sensación de hacer estar haciendo algo grande».
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