La misionera María Dolores Pérez Carrasquilla, vicaria de la Provincia de Zimbabwe, visita estos días la Región para participar en los actos organizados por Manos Unidas con motivo de la campaña contra el hambre. Ingresó en el noviciado de las Misioneras Hijas del Calvario, en Burgos, y en 1980 hizo los votos perpetuos, para después completar estudios de matrona. Dos años después la destinaron a Zimbabwe (antigua Rodesia) donde realizó diversos talleres formativos.
-¿Qué mensaje solidario desearía transmitir a la sociedad murciana?
-Unamos nuestras manos y nuestros corazones para que todos los seres humanos tengan pan para comer y una vida digna. Manos Unidas hace posible que esto se lleve a cabo, que los bienes se compartan a través de la solidaridad de gran parte de la sociedad española. Vivimos en una sociedad de consumo que se olvida que hay una gran parte del planeta que come una vez al día, en el mejor de los casos. Se tira mucha comida en nuestro país
-¿Cómo está repercutiendo la actual situación de crisis económica a los donativos?
-Según Manos Unidas, se nota mucho la crisis en la subvenciones oficiales, que se han reducido drásticamente en la Comunidad de Murcia. Sin embargo, según me dicen, han aumentado los socios y los donativos de particulares, lo cual dice bastante de la solidaridad de las personas que, por vivir una crisis, comprenden mejor la necesidad ajena. La crisis engendra solidaridad.
-¿Existe solidaridad entre las clases privilegiadas, o los donativos provienen más de la clase media?
-En Manos Unidas, al recibir los donativos que llegan, no se indaga sobre su origen. Tiene tanto valor algún donativo mensual de 2 o 6 euros, que son los mínimos que recibimos, como aquellos otros de cantidades muy superiores, que pueden incluso financiar íntegramente un proyecto. Lo agradece todo porque piensa que quizás el que entrega 2 euros, como la viuda del Evangelio, entrega todo lo que tiene.
-¿Cree que las farmacéuticas son solidarias con el tercer mundo?
-Según leemos en el Documento Base de Manos Unidas para la Campaña de 2012, el 97% de las muertes por enfermedades infecciosas tienen lugar en los países en desarrollo. A pesar de ello, la información farmacológica se centra en los problemas de los países desarrollados. Es decir, el derecho a la salud está totalmente condicionado por la desigualdad económica. Haber convertido la salud en un negocio multimillonario es un escándalo que tenemos que denunciar. La Santa Sede ha pedido varias veces a las grandes farmacéuticas que rebajen los precios de los fármacos y garanticen a todos el acceso a los medicamentos. Pero los países más ricos y las multinacionales incumplen ese acuerdo. A pesar de esto varias firmas están colaborando activamente para solucionar estos problemas con sus medicamentos en los países necesitados de ayuda.
-¿Que se podría hacer para paliar la terrible hambruna que afecta a millones de personas?
-Es cuestión de voluntad política y de solidaridad mundial. Tendrían que implicarse los grandes organismos internacionales y los Objetivos de Desarrollo del Milenio, si se cumplieran, habrían dado un paso de gigante. Manos Unidas y otras ONG están tratando de paliar estos problemas realizando proyectos de desarrollos gracias a la generosidad de personas e instituciones sensibilizadas ante tanto sufrimiento humano.
-¿Cree que las nuevas tecnologías y las energías renovable podrían solucionar muchos problemas del Tercer Mundo?
-Desde luego, pero para esto se necesita capacitar a personas en los países destinatarios para el mantenimiento. ¿Cómo se mantienen estos proyectos en el futuro una vez que se han instalado? Esto es un problema en muchas ocasiones cuando la ayuda que se ofrece no tiene garantía de permanencia.
-¿Las ayudas que se envían desde los distintos países llegan adecuadamente a los destinatarios finales?
-Las de Manos Unidas, indudablemente, sí. Está sometida a una auditoría anual, que se hace pública, que atestigua que todos los donativos que nos llegan están correctamente utilizados y llegan a su destino.