Los problemas se le acumulan a Mahmoud Ahmadineyad. En plena escalada de la tensión internacional a causa del programa nuclear y con las sanciones económicas más duras que jamás ha sufrido el país, el presidente deberá comparecer ante el Parlamento en el plazo de un mes y responder a las preguntas de la cámara sobre su gestión. Ahmadineyad sigue rompiendo barreras; tras convertirse en el candidato más votado de la historia de la república islámica en las elecciones de 2009 (24 millones de votos) ahora será también el primer dirigente islámico que tenga que afrontar esta especie de interrogatorio para demostrar «su capacidad de liderazgo para cumplir con las responsabilidades del cargo», según la agencia semi oficial Fars.
A la cámara le interesa conocer de primera mano los motivos por los que Ahmadineyad estuvo ausente del Parlamento once días en abril tras la decisión del Líder Supremo, Alí Jamenei, de volver a colocar en su cargo al ministro de Inteligencia, Heidar Moslehi, previamente cesado por el presidente. También deberá explicar su apoyo sin fisuras a su número dos, Esfandiar Rahim Mashaie, acusado de «desviacionista» por anteponer el nacionalismo a la religión como elemento de cohesión en el país, o sus críticas a la imposición por la fuerza del velo islámico en Irán.
Por último, Ahmadineyad tendrá que hacer públicos los motivos por los que decidió prescindir del ministro de Exteriores, Manucher Motaki, hombre de confianza del Líder, cuando se encontraba en plena gira por Senegal. Temas que aluden directamente al duelo en la cúpula conservadora del régimen y que enfrenta al presidente con el mismísimo Líder Supremo, la persona con más poder del sistema.
El resto de cuestiones afectan a la controvertida política económica aplicada en sus dos mandatos, que no ha logrado los objetivos deseados y cuyos problemas se han visto acrecentados por el impacto de unas sanciones que han hecho caer el rial a mínimos históricos. Nada respecto a la política externa, donde Irán volvió a sorprender con una invitación al Papa Benedicto XVI que «sería muy bien recibido por nuestro pueblo», según el Embajador de la república islámica ante la Santa Sede, Ali Akbar Naseri.
La comparecencia debería celebrarse en un mes, pero teniendo en cuenta que las elecciones están fijadas para el 2 de marzo, podría ser antes de esta fecha. Con los reformistas fuera de juego, estos comicios serán la escenificación de la lucha de poder entre las facciones conservadoras que aspiran a dirigir Irán y que serán las responsables de gestionar la encrucijada atómica.