¿Es el autor confeso del crimen de la tinaja un enfermo mental? Esa es la pregunta primordial a la que deberán dar respuesta los nueve miembros del jurado popular que estudia esta semana en la Audiencia el brutal asesinato cometido en Bullas en 2008. Alejandro M., 'Alejo', no tuvo reparos ayer en reconocer que mató a su amigo, Luis Miguel Villanueva, 'El Correcaminos', propinándole una brutal paliza tras la que le cortó el cuello y le clavó un destornillador en el corazón. Una vez muerto, el procesado le cortó un dedo y guardó su cuerpo en la nevera «para comérmelo». Un brutal crimen que perpetró, según confesó al jurado, en un supuesto estado de enajenación porque la víctima le recordaba a su padre, al que acusó de someterlo en su infancia a abusos sexuales y brutales palizas. «Pagó Miguel por lo que tendría que haber hecho con mi padre».
El pasillo de la Audiencia Provincial se desalojó ayer para permitir el paso de 'Alejo', escoltado por tres fornidos policías que no le quitaron ojo durante la hora larga que duró su declaración. Esposado a la espalda, el procesado, de 38 años, se mostró visiblemente nervioso y no dudó en increpar al fiscal y a los periodistas al entrar en la Sala. El tiempo empleado por las partes para explicar su postura -el fiscal pide 26 años de prisión y el letrado de la defensa, Jesús Gómez, su ingreso en un centro psiquiátrico en aras a esa presunta enajenación mental- le sirvió para calmar sus ánimos y, al sentarse al banquillo, 'Alejo' ya parecía algo más sosegado. Comenzaba una declaración que dejaría boquiabierto al jurado.
Llevaba dos meses fugado
«Miguel quería que me marchara del piso. Me había dicho que llamaría a la Guardia Civil». En septiembre de 2008, la casa de 'El Correcaminos' se había convertido para el acusado en una especie de refugio. A finales del mes de julio, 'Alejo', que en ese momento estaba cumpliendo condena, decidió no regresar a Sangonera tras un permiso carcelario y su amigo le abrió la puerta de su casa. Dos meses después, sin embargo, la convivencia era bastante mala y la víctima le había pedido ya en varias ocasiones que buscara otro lugar. «Había mandado incluso matones para echarme».
Esa pretensión de Miguel fue, al parecer, el detonante que originó la pelea de aquella tarde del 26 de septiembre. Una pelea que acabó en barbarie. «Cogí un palo y le golpeé en la cabeza. Luego le pregunté si quería morir lento o rápido». El acusado relató ayer, con una indiferencia pasmosa, todo un reguero de golpes y brutales agresiones a las que sometió a la víctima. Después de propinarle algunos golpes, 'Alejo' aseguró que había cogido un cable de un ventilador para atar a su víctima a la cama, tras lo que siguió atizándole con un palo. No fue, sin embargo, una agresión continuada. «Me fumé varios cigarros y estuve viendo una película de Rambo en la televisión», reveló.
Tras esta brutal paliza, el acusado decidió desatar a su amigo «para decirle las cuatro verdades de la vida». Durante cerca de dos horas, 'Alejo' asegura que estuvo hablando con la víctima. «Le di la opción de que me hablara y me explicara por qué tenía esa forma de ser y era tan borracho», relató. «Él solo me decía que había sido una broma y que le dejara acostarse». El procesado no atendió, sin embargo, a los deseos de su compañero de piso porque, según confesó, «trató de escaparse». Fue entonces cuando 'Alejo' agarró el cuchillo. «Decidí acabar con su vida cuando me surgió. Yo, en ese momento, no era yo».
Asegura que tuvo un cómplice
El autor confeso de este crimen acabó con la vida de este madrileño de 48 años de edad cortándole el cuello, clavándole un destornillador en el corazón y asfixiándole con sus propias manos. «Es que no se moría», confesaba ayer 'Alejo'. «Me di cuenta de que había muerto ya porque se le cayeron los brazos».
Tras lograr la muerte de su compañero, el procesado metió su cadáver en la nevera, según confesó, «para comérmelo». Antes, sin embargo, le cortó un dedo meñique. Un miembro del cadáver que, aseguró, pretendía utilizar para amedrentar a un sobrino del alcalde de Bullas metiéndolo en el buzón de su domicilio. Horas después, como la nevera se abría, el acusado trasladó el cuerpo a una tinaja de una antigua bodega del domicilio. 'Alejo' aseguró ayer que, para tal labor, contó con la presunta colaboración de un amigo que, tras llamar a la puerta de la vivienda, había descubierto «aterrado» el crimen. «Yo solo no hubiera podido meterlo en la tinaja». explicó. «Se tiene que saber la verdad. Él se lo merece».
La Guardia Civil aclaró ayer, al jurado popular, que este amigo -que declarará hoy ante el tribunal- llegó a confesar a unos agentes que entró en la vivienda y sorprendió a la víctima, aún viva, maniatada a la cama. Ésta le dijo, según su versión, que no pasaba nada y que se marchara. Días después, extrañado por su ausencia, dio la voz de alarma.
Para culminar su interrogatorio, el fiscal le formuló a 'Alejo' la pregunta que, seguro, rondaba a todos los miembros del jurado: ¿Por qué? El acusado dudó un momento y contestó. «¿Por qué actúo así? Si lo pienso, lo único que me sale es mi infancia». El procesado relató, después, que la víctima le recordaba a su padre quien, aseguró, era alcohólico y durante su infancia abusó sexualmente de él y le propinó palizas. «Odio a mi padre a morir», espetó. «El día que lo enganche, lo mataré».