Que difícil es ponerle palabras a los sentimientos, especialmente si se trata de la muerte de un amigo entrañable, Pepe Montoya, líder humano, coloso comercial y epicentro de la sociedad lorquina.
Que difícil nos va a resultar a la mayoría de los lorquinos, corrijo, a todos los lorquinos, pasar por la Corredera, su Corredera, y no verle como 'guardián' permanente, imperturbable a las temperaturas, siempre al pie de su establecimiento.
Seguirán los grandes edificios físicos que adornan a la Corredera, la Cámara, la Papelería Félix Montiel, los cuatro hermosos edificios que configuran 'Los cuatro cantones'; seguirá su bullicio social, comercial y mercantil, pero faltará su más grande edificio humano al no estar en la postal diaria de la Corredera su mejor exponente, Pepe Montoya.
En el adiós a Pepe está también la despedida al último 'Gran Señor' que recibía educado en la entrada a su comercio a los clientes, y señorial en la salida, con ese sello cálido que solo sabe imprimir el comercio tradicional. Si tenía que abandonar su 'guardia', por razones de amistad o de negocio, era por poco tiempo, en establecimiento de hostelería cercano, y siempre que por la ventana divisara su comercio.
En la génesis del comercio lorquino hubo un primer asentamiento en la calle Zapatería, y posteriormente en las calles La Cava y Selgas, hasta que la Corredera adquiere perfiles de estabilidad comercial y mercantil con los bancos, notarias, y cajas de ahorro. Cuando se produce el arreglo de la Avenida de los Mártires, ahora Juan Carlos I, hay una fuga masiva hacia la misma.
Pepe Montoya, el 'Gran Capitán' de la nave comercial Corredera, nunca la abandonó aunque los mapas de navegación le eran desfavorables. Desde su puente de mando oteó el horizonte comercial y apostó por no sumarse al naufragio de ésa emblemática calle.
El tiempo le ha dado la razón y hoy la Corredera ha recobrado su prestigio gracias a Pepe Montoya, y por qué no decirlo, por el abandono y desidia de muchos años, que registra la 'Avenida'.
Querido tocayo, ahora que ya descansas en el cielo, intuyo que allí te estarán esperando, aparte de tu madre, tu padre y hermano Ricardo, y que te habrán recibido con salvas de bienvenida disparadas con cañón, el de 'Venta cañón'.
Tu padre ya tendrá dispuesta la mejor área comercial; Ricardo, de recuerdo imperecedero, eterno, habrá diseñado una preciosa arquitectura, y ambos inquietos, aguardarán a que tú, Pep,e le pongas nombre a esa área comercial creada en el cielo, y Pepe le podrá de nombre la 'Corredera'.