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Monjas en el barrio de los Pescadores

CARTAGENEROS EN EL CALLEJERO

Monjas en el barrio de los Pescadores

07.02.12 - 01:09 -
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La Cartagena profunda, la que encierra la esencia de su historia, se mantiene viva y más ahora que en una de sus zonas se ha recuperado el Teatro Romano que es uno de los reclamos más importantes de cara al turismo. Cartagena cuenta con dos calles a las que dieron nombre las monjas: la Subida a las Monjas y la Portería de las Monjas. Ambas se encuentran en pleno casco antiguo y forman parte del que fuera el típico barrio de los Pescadores, que lo han habitado desde siempre los tripulantes de los pesqueros y los obreros del puerto, esos hombres que para vivir necesitan ineludiblemente ser acariciados por la brisa salobre y llenar sus ojos de azules de mar, como dejó escrito Isidoro Valverde. Es el barrio que han estructurado las calles de la Soledad, Orcel, Don Gil -calle que tomó su nombre de un cura que vivió en ella, don Gil Francisco Abril- Nueva o del Doctor Tapia Martínez y Junco, la Cuesta de la Baronesa, la Subida y la Portería de las Monjas y la plaza de la Condesa de Peralta. Algunas de ellas ya no existen.
Monasterio de la Purísima
La Subida a las Monjas es una calle corta que va desde la plaza del Ayuntamiento hasta la calle del General Ordóñez. Perteneció al antiguo barrio de la Gomera o de Pescadores y antes de construirse el Monasterio de la Purísima Concepción se le denominó de los Desamparados, mas al edificarse el Convento se le llamó Subida a las Monjas, porque conducía al postigo que la comunidad tenía a espaldas del edificio.
En cuanto a la calle de la Portería de las Monjas se entra a ella por la de Príncipe de Vergara, que es continuación de la del General Ordóñez, y subiendo quince empinados escalones se sale a la plaza de la Condesa de Peralta, allí donde ahora concluyen buena parte de las visitas al Museo del Teatro Romano.
El nombre actual es el primitivo, como señala Federico Casal, tomado por estar frente por frente a la Portería del Convento de la Purísima Concepción, y fue una calleja de tan áspera pendiente que apenas si era transitada por lo difícil de la subida y bajada.
Por este barrio de Pescadores han caminado Leandro, Fulgencio e Isidoro y ha paseado su graciosa feminidad Florentina, esos cuatro grandes santos, hijos de Severiano y de Teodora, que habían de sorprender al santoral de la Iglesia cual un parto cuádruple a una familia numerosa.
Este barrio lo han transitado el licenciado Cascales, y los Garre de Cáceres, y los Bienvengud, y los Cabeza de Vaca, y los Bracamonte… Por sus calles han corrido los vecinos, al toque de rebato, para defender a la ciudad de las constantes incursiones enemigas. Vecinos de este barrio han sido la baronesa del Monte y condesa de Villamanuel, y doña Francisca Tacón y Aydé, que obtuvo el título de condesa de Peralta por los servicios prestados como tenienta aya de Alfonso XII, de la infanta doña Isabel y de Alfonso XIII. En esta barriada residieron familias tan conocidas en la época como los Ferro Tallaríe, los Sanz de Andino, los Spottorno.
En este barrio, cuyo centro de aprovisionamiento fue la tienda de La Malaya, proveedora de lo imposible, hicieron su agosto los traperos y vendieron los cafeteros vasos de café con anís a precios increíbles.
El Cojo de Santa Lucía
También en este barrio dio clases un conocido maestro -don Pedro Ros-, y los domingos, de madrugada, en el escalón del altar de la Virgen de la Soledad, 'El Cojo' de Santa Lucía y otros camaroneros vendieron su mercancía en capazos con farolillo.
A principios del siglo XVIII, un arráez que vivía en la calle de Jesús Nazareno, puso en la fachada de su casa una estampa de la Virgen de la Soledad, y esto bastó para que la calle, en lo sucesivo, se denominara de la Soledad. En el siglo XVIII, los vecinos pusieron un altar en la calle de la Soledad; su conservación, desde entonces, correspondía a un santero cuyo cargo era hereditario. Ahora con la recuperación del Teatro Romano y la edificación de su museo, se impone vigilar el tipismo de ese rincón tan entrañable del barrio de Pescadores que es escenario de la recogida de las procesiones de la agrupación marraja en la procesión del Encuentro, el Viernes Santo de madrugada.
Está claro que si ahora, tanto la Subida a las Monjas como la Portería de las Monjas han pasado a ser de segundo orden en la trama urbana, lo cierto es que pueden presumir de haber sido una de las entradas de ese barrio de Pescadores donde, seguramente, comenzó a cimentarse la ciudad de Cartagena que conocemos ahora.
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Portería de las Monjas, con sus escalones de salida a General Ordóñez al fondo. :: A. GIL / AGM


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