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25 años con Erasmo en la mochila

REGIÓN MURCIA

25 años con Erasmo en la mochila

Las becas Erasmus cumplen un cuarto de siglo en pleno auge. España supera a Francia como el país que más alumnos recibe y la Universidad de Murcia duplica las cifras de hace diez años

05.02.12 - 00:54 -
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La fama que han alcanzado las becas Erasmus, las más importantes relacionadas con la movilidad universitaria en España, ha provocado que la propia calle le haya cambiado hasta el nombre. Con alevosía y bastante recochineo, cuando algún universitario anuncia que se va a estudiar un curso a Polonia, Suiza, Francia, Alemania, Italia o Inglaterra, por poner el caso, y por lo general con una gran sonrisa en la cara, siempre hay alguien que suelta aquello de las becas 'orgasmus'. Ya se sabe. Juventud, amistades, independencia recién estrenada. El extranjero. Padres lejos -muy lejos- poco dinero en el bolsillo y fiestas un día sí y otro también en casa del compañero o compañera de clase. Todos esos ingredientes tienen las becas Erasmus. Unas ayudas a la movilidad que llevan el nombre del humanista holandés Erasmo de Rotterdam, al que se le atribuye una frase que empezó a forjar el merecido apadrinamiento de estos hijos de la aventura: «Para el hombre dichoso, todos los países son su patria».
Sin embargo, este programa de intercambio de estudiantes y personal docente de la Unión Europea, que en noviembre de este año cumple 25 años, es mucho más que reuniones nocturnas babelianas, ligoteo a mansalva y cursos acelerados de idiomas en el mejor de los casos. Según puntualiza la jefa de Movilidad del Servicio de Relaciones Internacionales de la Universidad de Murcia, Antonia Saavedra, «no deja de ser una beca académica y el rendimiento es fundamental». Saavedra, que vive con pasión la gestión del programa Erasmus y que reconoce que le «repatea» esa «mala fama», recuerda que los criterios para la adjudicación de estas becas se han endurecido con los años. Prima el expediente y el nivel del idioma. «No se puede ir cualquiera», señala.
Con un cuarto de siglo de vida y una madurez considerable forjada en las espaldas, los codos y las suelas de las zapatillas de los más de dos millones de participantes de todo el continente que han pasado por este programa hasta el momento, las becas Erasmus han coronado a España como el destino preferido por los alumnos de toda Europa y también como el país que más estudiantes envía a otras universidades de la UE, superando a Francia en los dos sentidos. Además, y según los datos a los que ha tenido acceso 'La Verdad', la Universidad de Murcia casi ha duplicado el número de universitarios que salen de las aulas de La Merced o de Espinardo con destino a universidades europeas. Si en 2001 lo hacían 353 jóvenes, este año se han decidido por la aventura internacional un total de 628 estudiantes. Y las cifras van en aumento. Sin prisa, pero sin pausa.
Además, y por si fuera poco, Erasmus está pensando en quitarse el 'abrigo' europeo para abrir las puertas de otros continentes de la mano del Campus Mare Nostrum. La UMU y la Universidad Politécnica están cerrando estos días las líneas maestras del programa Erasmus Mundus, que permitirá el intercambio entre universidades europeas y centros de Argelia, Marruecos y Túnez. El futuro está a la vuelta de la esquina también para las becas de movilidad.
Hoy, sin embargo, los 'erasmus' siguen siendo una auténtica tribu urbana que nació, ha crecido y se ha reproducido al albur de experiencias imborrables gestadas en ciudades míticas del Viejo Continente. 'La Verdad' ha reunido a varios de ellos, desde los primeros participantes hasta los más recientes, incluso quienes están preparando las maletas y aún no se han marchado, para que expliquen las lecciones que aprendieron gracias a estas becas y las sensaciones que genera una vivencia tan recomendable como estudiar un año fuera de tu país.
Murcia (España) 2012
«El idioma es lo más importante»
Solo lleva seis días en Murcia, pero chapurrea castellano con soltura y se defiende ante las preguntas de los compañeros y del curioso periodista. Viene preparado porque ya estuvo haciendo el Camino de Santiago el verano pasado y siente «pasión» por España. Alex Baker, estudiante de Filosofía, es un auténtico ciudadano del mundo, pese a sus 20 años de edad. Sueco de nacimiento, de madre holandesa y empadronado en Inglaterra, se decantó por Murcia por el clima -para variar- y por su estratégica localización. «Quiero viajar mucho por el sur y también visitar Marruecos», asegura. Pese a todo, este pequeño escandinavo tiene otros objetivos mucho más importantes entre ceja y ceja. Aprender bien español, «porque el idioma es lo más importante» y profundizar en la cultura del país que le acogerá durante los próximos seis meses. «España me gusta mucho y quiero conocer la gente, la comida...» Otra cosa es que Alex quiera irse alguna vez tras sumergirse en su recién estrenado destino.
Montpellier (Francia) 2013
La ilusión de una primeriza
No tiene experiencias que sacar de la mochila porque la lleva vacía. Preparada para lo que pueda venir. Cristina Jiménez, alumna de Filología Francesa de la Universidad de Murcia, se va de Erasmus en septiembre y llega a la entrevista poco después de que le comunicaran que Montpellier le espera con los brazos abiertos. Ella se dejará querer. Reconoce que el principal motivo de su decisión es «el idioma», pero también es consciente de que el próximo año crecerá su personalidad. «Me tendré que defender por mi misma», augura pese a anunciar que se va «con varias amigas». Cristina se llevará de su casa un corcho con fotos de sus 'chicas', además del portátil, pero sabe que echará «mucho de menos» los caldos de su madre. Lo que también sabe fehacientemente es que tendrá que ponerse a trabajar para ganar algo de dinero «porque ya me han dicho que prepare el bolsillo, y bolsillo no tengo mucho, la verdad». Eso sí, uno de los objetivos primordiales de su estancia en Montpellier -«que tiene tren directo desde Lorca y me pilla muy bien»- es «pasármelo muy bien y disfrutar la experiencia al máximo». No lo dice, pero también tendrá que estudiar. Y si no lo hace, el francés lo deberá hablar de carrerilla. Sí o sí.
Transilvania (Rumanía) 2009
«Tienes que saber valerte por tí mismo»
Manuel Pérez llegó a Rumanía con dos maletas y de repente, cuando atravesó la cristalera del aeropuerto, se dio cuenta de que estaba solo. De que solo se tenía a sí mismo. «Ahí es cuando empiezas a espabilar». Este ingeniero técnica industrial, especialista en Electricidad, que hoy es jefe del equipo de la Solar Race de la UPCT, eligió Rumanía porque estaba cerca de Hungría, donde había pasado la Nochevieja con su hermana, otra trotamundos abandonada en los brazos de Erasmo. A las pocas horas empezó a acumular anécdotas, experiencias vitales y lecciones imborrables. Como Álex, Manuel ya iba preparada, pero casi con un máster. Había tenido una relación de tres meses con una chica rumana que le había enseñado lo básico para empezar con buen pie. El idioma no fue demasiado problema «porque allí las clases eran en inglés». El dinero tampoco le supuso mucho agobio «porque la residencia costaba 40 euros al mes, todo estaba muy barato y con la beca vivía como un rey». Y el desparpajo y la locuacidad que exhibe -también lo debió hacer en la tierra de Vlad III, el personaje que inspiró a Bram Stoker para su Drácula- este cartagenero no le puso demasiados impedimentos para hacer amigos por doquier. Manuel no ha olvidado nunca, pese a todo, que lo más importante que le enseñó su año en Transilvania fue a «tener que valerte por ti mismo».
Londres (Gran Bretaña) 1999
«Aprendes a sobrevivir sin tus padres»
Después de que el primer taxi que cogió en el aeropuerto de Londres le 'clavara' 90 libras de la época, Gloria también empezó a espabilar nada más llegar a Inglaterra. Pero ya nadie le pudo quitar la ilusión de alzar la mano, con su largo abrigo negro y su melena rubia, y llamar a uno de esos preciosos vehículos antiguos. Estudiante de Filología Inglesa, con 18 años hizo las maletas y se plantó en la gran isla allá por 1999, cuando los euros aún eran pesetas y las libras se cambiaban a 333 'cucas'. Hace 13 años de eso y Gloria Martínez lo recuerda como si fuera ayer. «Me sentí y me sigo sintiendo muy afortunada porque no todo el mundo tiene una oportunidad como esta, que te permite crecer tanto personal como profesionalmente». Para esta directora de banco, lo principal que se llevó de la maleta londinense fue la independencia ganada cuando prácticamente era una adolescente. «Tienes que aprender a sobrevivir sin tus padres, y lo comprobé cuando fue a verme mi novio y le entraron unas fiebres que nos hicieron ir de médicos y de hospitales por toda la ciudad...», recuerda. Matriculada en la Surry University, Gloria llegó sin conocer a nadie. Quizá una de las premisas que le hizo «crecer rápido». También influyó, seguro, que en 1999 no hubiera tanto 2.0 disponible para comunicarse con su familia y sus amigos. «Allí, de hecho, me hice mi primera cuenta de correo electrónico, la cual aún conservo... Y me puse 'maltiempos' porque hacía unos días horribles». Tampoco tenía móvil, así que tuvo que apuntar en un papel los números de teléfono de todos los buenos amigos que hizo en su año de Erasmus y que, por supuesto, aún conserva. «Algunas de mis mejores amistades las hice allí y ese es uno de los grandes tesoros que me llevé de mi beca». Ese, y haber cuidado -sin percatarse de quién era el padre hasta varias semanas después- a los hijos del batería de Queen John Deacon mientras sacaba unos cuartos para sus cosas y en el 'discman' sonaba Freddie Mercury cantando Bohemian Rhapsody. Casi nada.
Coimbra (Portugal) 2011
«Es algo que no se me olvidará en la vida»
Huertas no se fue de Erasmus para estudiar , sino para trabajar, ya que el programa también contempla períodos de prácticas. Y se fue rozando los 30 años, lo que no le hizo sentirse «ni rara ni especial». Más bien al contrario. «Pensé que si no lo hacía en ese momento no lo iba a hacer nunca y eché la solicitud sin consultarlo con nadie». La sonrisa que se le dibuja en la cara a esta licenciada en Derecho cuando se pone hablar de su beca en Coimbra explica por sí misma las sensaciones que le evoca recordar su experiencia a orillas del río Mondego. Lo confirman sus palabras: «Es algo que no se me olvidará en la vida. Cómo aprendí a conocerme, la seguridad que aprendí a tener en mí misma... Y sobre todo, saber hasta dónde puedo llegar». Huertas estuvo unos meses en la Inspección de Trabajo y después en una empresa de seguridad. Y aunque la experiencia profesional es «muy positiva», Huertas también tiene un especial recuerdo para su amiga brasileña, «que es como mi hermana», y para Víctor, el encargado del restaurante Giusseppe & Joaquín, en el que cenó con sus padres los primeros días, y que fue quien le ayudó a encontrar un sitio para dormir en un momento «de desesperación». No solo hay recuerdos imborrables. También hay nombres que no se irán jamás.
Aberdeen (Escocia) 1988
«El alumno debe desconectar cuando se va»
La actual vicerrectora de Comunicación de la Universidad de Murcia fue alumna Erasmus, tutora Erasmus y responsable del programa Erasmus en la UMU durante varios años. Pero cuando escucha la palabra 'Erasmus' la cabeza se le va «a mi época de estudiante, no a las otras». María Ángeles Esteban fue una de las primeras alumnas de la Región en participar en estas becas, allá por 1988. En estos 24 años, muchas cosas han cambiado. «Principalmente, la forma de comunicarse. Antes no había móviles, no había Internet y los viajes eran carísimos. De hecho, mi hermana tuvo que aplazar su primera comunión... ¡No me lo ha perdonado todavía!», bromea. Ahora, con internet en la palma de la mano, todo es distinto. Y eso, según Esteban, «hace que cambien mucho las cosas. Antes, la desconexión era total y la integración que debías hacer con tu nueva ciudad te reportaba muchas cosas. El alumno que salga fuera debe ir solo, debe desconectar, tiene que cortar el cordón umbilical con su mundo de aquí». Después de consolar a un estudiante que casi se echa en los brazos de la vicerrectora para comunicarle que no le habían cogido este año «para irse de Erasmus», María Ángeles Esteban sigue contando que más del 90% de la gente que participa en el programa tiene experiencias favorables. Habría que preguntar qué le ha pasado al 10% restante. María Ángeles Esteban, que aún recuerda el impacto que le produjo ver en Aberdeen a varios hindúes jugando al tenis con turbante, da un consejo a todos aquellos que quieran lanzarse a la aventura: «que donde fueran, haz lo que vieran». Aunque ella, obviamente, no saltara a la cancha con la indumentaria típica de la India.
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