Aterrados cada mañana por la situación económica y social, que actúa como si un dios con capacidad ilimitada de acogotar colocara una transparencia de tonos truculentos entre el espectador y el cielo que despunta a dos luces cada amanecer, habría que preguntarse al cabo si todo lo que nos está pasando es cosa de los mercados y las primas de riesgo, y si la mejor solución para combatirlo es la elección transitoria de tecnócratas de características intachables, como han hecho para salir del apuro países como Grecia e Italia.
Personalmente sospecho que la solvencia profesional es un activo imprescindible en la elección del gobernante. Y entiendo también la reacción de ambos países, dos administraciones con un pie en el abismo que tratan desesperadamente de romper vínculos con la inutilidad de dos primeros ministros -ridículo uno, incompetente el otro- capaces de convertir su gestión en un caos ruinoso. Pero entiendo que la posibilidad de atemperar la situación crítica que nos asfixia pasa también por recuperar los valores más nobles de la función política.
Por tanto, no sólo estamos ante un problema de reactivación económica sino de regeneración ética. El nuestro ha sido un país que lo ha tragado todo con el tiempo 'bueno'. Hemos permitido gobernar a Jesús Gil y Julián Muñoz; nos han sentenciado no pocas veces jueces prevaricadores; nos han montado circos judiciales fiscales que han intoxicado de política malabarista y resabio partidista miles de folios de sumarios; hemos proclamado a Belén Esteban 'princesa del pueblo'; tragamos jornada sí jornada también con el patio de Monipodio de los ERES falsos de Andalucía, con politicastros que conciben la cocaína como alienante alimento de vida cual sarampión de jubilosa acracia; hemos dado un ministerio a Bibiana Aído, y los programas 'Sálvame' y 'La Noria' han ido destacando en las parrillas de la tele con una multitudinaria audiencia-romería de seguidores.
Pero ya no podemos permitirnos esos lujos porque el país no da para más frivolidades. Ahora toca otra cosa. Política de altura, generosidad, sólida preparación y criterio. Rajoy, suerte y al toro.