Ha llevado su tiempo, pero la justicia, al final, ha escuchado los ruegos de Rosario García. Esta vecina de la pedanía murciana de Sangonera la Verde, de 76 años, fue desahuciada el pasado mes de noviembre de su vivienda para ceder el uso de ésta a su exnuera. Era su quinto intento de desalojo y el juez había dado orden de que, en esa ocasión, el resultado debía ser positivo. Rodeada de decenas de guardias civiles y del calor de sus vecinos, Rosario atravesó cabizbaja el portal del que, durante décadas, había sido su hogar. Ahora, cerca de tres meses después, la justicia le permite volver a casa.
La familia de Rosario García recibió ayer con alegría la sentencia del magistrado Antonio López-Adanis que le otorga, de nuevo, el disfrute de su vivienda. «Han roto a llorar al conocer la noticia», explicaba ayer José Carlos Vaquero, letrado que ha llevado la acusación de la anciana. La resolución recalca que «puede afirmarse con rotundidad que la demandada -la exnuera de esta vecina- no dispone de título alguno que ampare el uso del domicilio que fue familiar». Esta sentencia, contra la que cabe recurso, le impone incluso las costas del juicio.
El detonante de este caso se remonta al pasado año, cuando el hijo de Rosario, Antonio Vidal, de 40 años, se separó de su mujer y madre de sus dos hijas. Dado que la pareja había residido los últimos años en una vivienda de la pedanía, propiedad de Rosario, la madre de Antonio, el juez consideró que la mujer debía seguir residiendo, junto con su nueva pareja y las pequeñas, en esa vivienda. El juez lo justificó, en su momento, en aras del beneficio de las dos niñas, cuya custodia conserva la madre.
La familia de Antonio Vidal, sin embargo, tenía claro, desde el principio, que la situación sería «insostenible» y recurrió esta resolución. A la espera de que se resolviese ese recurso, la familia contaba con la oposición vecinal como principal arma. En ninguno de los cinco intentos de desahucio a los que Rosario se enfrentó, faltó el 'ejército' de amigos y vecinos que reclamaba «justicia» para esta mujer.
Ahora, la sentencia del magistrado López-Adanis permite que Rosario García vuelva a la vivienda, de la que es usufructuaria desde hace años, tras la defunción de su exposo -que designó como herederos legales a sus dos hijos-. El juez reconoce, incluso, en esta resolución que casos como éstos plantean una cuestión «que ha motivado una gran controversia jurídica». Se trata de decidir si en estos supuestos cabe aplicar al cónyuge la figura del precario o del comodato. El tribunal explica que «la mayor parte de la jurisprudencia aboga por la tesis de que la situación en la que se encuentra el cónyuge ocupante es la de precario, solución que nos parece la más razonable desde el punto de vista lógico y jurídico». En este sentido, el juez recalca que una sentencia de divorcio solo puede resolver cuestiones entre los dos cónyuges y no afectar a terceras personas.