De las cinco desalinizadoras construidas en la cuenca del Segura, solo funciona una para abastecer a una pequeña parte de la población. Se trata de la planta de San Pedro del Pinatar I, que ayer estaba produciendo unos 40.000 metros cúbicos diarios, lo que equivale al consumo anual de unas 170.000 personas (sobre un total de 2,3 millones). Las otras cuatro instalaciones están paradas o en fase de mantenimiento, lo cual genera una pequeña producción: las dos de Alicante, la de San Pedro II y la de Valdelentisco (Cartagena). Esta última no suministra ahora recursos para los abastecimientos porque no los necesita. Dedica una pequeña parte a los regadíos, aunque lejos de la capacidad máxima de 50 hectómetros que tiene la planta.
Baja el consumo
El uso de las desalinizadoras sigue siendo bajo desde que terminó la sequía, ya que a la Mancomunidad le resulta más barata el agua procedente de la cabecera del Tajo y del río Taibilla, en la cuenca del Segura. A eso se une el descenso general del consumo por la crisis económica. Además, la producción de agua desalinizada suele ser más reducida en enero y febrero debido a que las tarifas eléctricas son más caras a causa del tirón del consumo energético. En agosto, por el contrario, cuesta menos la energía porque decae la actividad industrial de España por las vacaciones.
Este hecho no oculta la realidad: cuatro plantas paradas y una en producción. Durante el anterior año hidrológico, desde septiembre de 2010 a octubre de 2011, la Mancomunidad utilizó 43 hectómetros de agua desalinizada, que equivale al consumo anual de medio millón de habitantes. Esto representa el 41% de la producción nominal bruta de la que dispone: 104 hectómetros cúbicos entre las cinco desalinizadoras. Esta producción supone, a su vez, la cuarta parte del consumo total de la Región de Murcia, parte de Alicante y dos municipios de la provincia de Albacete.
Una opción necesaria
En este año hidrológico no se prevé que aumente más la producción de agua industrial, pese al descenso de las lluvias y la amenaza de una nueva sequía. Las reservas siguen siendo suficientes para abastecer a la población sin necesidad de generar más desalinización. El escenario, no obstante, volverá a cambiar si se impone un nuevo ciclo seco que obligue a poner más desalinizadoras en marcha.
El criterio que sigue la Mancomunidad es el de utilizar los recursos hídricos que tengan el menor coste económico y que, por consiguiente, repercutan menos en la tarifa que pagan los ayuntamientos y los ciudadanos, según la información que manejan los alcaldes que pertenecen a este organismo. Aunque no se consuma toda la producción, la desalinización es necesaria para hacer frente a los años duros, sobre todo si no llueve la próxima primavera.
El territorio de la Mancomunidad, que se extiende hasta Benidorm, consume unos 200 hectómetros cúbicos anuales que se tienen que cubrir con una parte de agua desalinizada, ya que de lo contrario se produciría un déficit que acarrearía restricciones, como sucedió en años anteriores.