De nuevo, la historia se repite. Otra de las contadísimas casas-torre de la huerta de Murcia es ya polvo y escombros. La última víctima de este maltrato al patrimonio local ha sido una noble edificación del siglo XVIII: la llamada Casa Grande de Alquerías, donde el conde de Heredia Espínola recaudaba los tributos de los contornos.
La Asociación para la Conservación de la Huerta de Murcia (Huermur) presentó ayer una denuncia en el Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil para informar sobre el derribo y la desaparición de su escudo heráldico, declarado BIC y considerado un bien de valor histórico, cultural y artístico, como todos los escudos de la Región. El Servicio de Patrimonio Histórico de la Consejería de Cultura, que tuvo conocimiento de los hechos a través de 'La Verdad', informó de que los propietarios no habían solicitado la pertinente autorización para trasladar o movilizar el BIC, por lo que investigará lo sucedido para iniciar un posible procedimiento sancionador.
Huermur cargó ayer las tintas contra la Consejería y contra el Ayuntamiento, ya que la Casa Grande de Alquerías estaba incluida en el catálogo de edificios protegidos del municipio, el Pecha, donde contaba con protección del grado 2. En su ficha se advertía que estaba «muy deteriorada», y obligaba a conservar «la volumetría original, la estructura portante fundamental, así como la disposición de vanos en las fachadas y los elementos ornamentales y compasivos más significativos: escudo, etc». En la documentación se menciona que el inmueble barroco estaba en mal estado por un incendio.
Para los miembros de Huermur, la desaparición de esta casa-torre es un caso similar al ocurrido con el Molino de Oliver de Aljucer, aunque en aquella ocasión se logró recuperar el escudo, que fue restaurado por la Consejería, y que ha conducido al primer caso judicial por un delito contra el patrimonio en la Región. Además, la asociación condena la indiferencia del Ayuntamiento y de la Comunidad Autónoma hacia el patrimonio local por denegar hace meses la declaración de estos edificios como BIC e incluso insinuar que se han logrado «en ocasiones imitaciones muy logradas».
«La protección actual no es suficiente», denuncia Huermur, «y ante las afirmaciones solo cabe estupor y rogar para que estos edificios no desaparezcan víctimas del abandono, el desinterés y la incultura». Huermur alerta de que en la última década más de 20 edificios protegidos por el PGOU han desaparecido.
El pedáneo de Alquerías, Francisco Zamora, indicó ayer que ordenará a los propietarios que retiren los escombros y desconocía ayer si la demolición estaba autorizada: «No me explico por qué se han hecho las cosas tan mal. Posiblemente el calamidad que la tiró no sabía lo que hacía».