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La memoria del Apolo

EL TÍO DEL SACO

La memoria del Apolo

01.02.12 - 01:11 -
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El recuerdo de situaciones y hechos del pasado depende del ejercicio de la memoria para que pueda existir la adecuada transmisión de conocimientos de unas generaciones a otras. Así que una plácida mañana de sábado visité en su vivienda de El Algar a las hermanas Isabel y Rosario Luengo Ros, de 91 y 82 años, respectivamente. Me las presentó Pepe Clares 'El Cristalero', porque ellas fueron y son felices con la actividad teatral, al participar activamente durante sus años mozos en la puesta en escena de obras junto a otros actores y actrices aficionados. Señalan que la existencia del espléndido Teatro Apolo en El Algar marcó la diferencia con otras localidades del entorno al permitir durante largo tiempo el sustento de una tradición escénica que se perdió con el declive del propio edificio. En gran medida fue el teatro del entorno, incluso de la ciudad minera y flamenca de La Unión.
Ese es precisamente el reto que tiene planteado la Asociación del Teatro Apolo, encargada de su gestión con gran empeño y hondo orgullo de saberse depositarios de un gran patrimonio de más de un siglo: ser referente cultural en nuestra Región. Conozco a muchos de ellos personalmente y sé de la acreditada valía y honestidad de este grupo humano que cuenta en la gestión artística con la dirección de Alquibra, con Antonio Saura al frente, uno de los mejores y más emblemáticos grupos que hemos tenido y tenemos en la Comunidad Autónoma. Para volver a generar amor a este bello arte han proyectado no solo una buena programación para los próximos meses, a precios ciertamente muy asequibles, sino que han diseñado unos cursos de formación escénica para todas las edades. Una auténtica escuela de teatro es el Apolo para toda la comarca.
Cobijo de soldados
Pero volviendo a mi amena conversación con las hermanas Luengo, muy queridas por sus vecinos, me comentaban que durante la contienda civil (1936-1939) el teatro fue ocupado por batallones republicanos en sus periodos de descanso lejos de la briega del frente. Buena parte de aquellos soldados, con los que no existía ningún problema de convivencia, descansaban también en otro majestuoso inmueble algareño: la casa Rubio, construida en 1895. En aquellos tiempos no se decía «¡Adiós!», por la alusión a Dios, sino que se saludaba con un enérgico: «¡Salud, camarada!».
Entre los recuerdos que desgranan nos encontramos con Jesús Sánchez 'El Pájaro', excelente tocador de pandereta que acompañaba a las muchachas cuando cantaban las coplas aguilanderas, ataviadas con el traje regional huertano y en carruaje recorrían durante la Pascua los innumerables caseríos del campo. La juventud recaudaba fondos destinados al arreglo de la iglesia, deteriorada por su empleo como almacén al servicio de la guerra. Con este mismo objetivo de recabar dineros para el acondicionamiento del edificio parroquial, dedicado a la Virgen de los Llanos, representaron 'El sexo débil', 'La casa de los crímenes'o 'Anacleto se divorcia'. Superan de largo la docena de obras, sainetes y hasta fragmentos de zarzuela que logran representar en la década que va desde mediados de los cuarenta hasta la mitad de los cincuenta, muchas de ellas bajo la dirección del maestro de escuela Felipe García, hombre muy comprometido en la vida social. Durante la postguerra la escena española se puebla de comedias de humor y evasión que huyen de temas trascendentes o políticos, que no cuestionan la moralidad imperante porque como decía el dramaturgo Jacinto Benavente: «Bastantes angustias sufre ya el mundo para entenebrecerle con tragedias de invención. Por eso prefiero divertir y distraer al público con comedias ligeras y comedietas, que, como me reprochan mis detractores, son deliberadamente frívolas y triviales».
Isabel veía de niña marchar a los mineros con su carburo encendido desde la Loma de El Algar, donde vivía el trovero Marín, hacía la sierra. Me relatan una composición del genial repentista y me cuentan una anécdota que quedó reflejada en una quintilla trovera de un aficionado algareño, que aún perdura en la memoria colectiva. Un vecino llamado José Sánchez, como un servidor, decidió elaborar los tradicionales rollos navideños en los primeros y duros años cuarenta, pero ante la escasez de materias primas como el azúcar y el aceite de oliva, decidió sustituir dichos ingredientes por sacarina y aceite de coco, aunque no obtuvo el resultado esperado: «Es menester estar loco/ para hacer rollos pascuales/ con sacarina y con coco, /que ni los quieren los zagales/ ni los cochinos tampoco».
Isabel residió desde 1950 en Torre Pacheco hasta hace unos años en que regresó a su pueblo natal. Allí le dedicaron una calle que lleva su nombre y le rindieron un bonito y sentido homenaje sorpresa en el año 2006, debido a que buena parte de su tiempo la dedicó a la ayuda a los demás desde la parroquia pachequera. Ella es muy modesta y no quería que lo escribiese, pero la convencí porque debemos de anunciar también las buenas noticias que nos humanizan. No todo va a ser malo. Su hermana Rosario me comenta que en una reciente entrevista radiofónica dijo que estaba feliz con el remozado teatro porque un trozo es suyo pues han sido tantas las vivencias ligadas a él, asegurándome que el solar sobre el que se levanta era propiedad de sus tatarabuelos.
El libro de Pedro Esteban
Recomendamos vivamente el libro de Pedro Esteban 'El Teatro-Circo Apolo de El Algar', donde descubriremos fotografías curiosas como las de aquellos prohombres de la minería, caso de Miguel Zapata Hernández, hijo del mítico 'Tío Lobo', que tuvo acciones en la sociedad propietaria del Apolo. Al tiempo que nos encontraremos con el célebre arquitecto de la magna obra, el pachequero Pedro Cerdán (1862-1947) y con unos aficionados algareños que a principios del siglo XX se atrevían dignamente con zarzuelas de envergadura y con el inevitable Tenorio en su correspondiente mes.
Larga vida deseamos al Apolo, inaugurado tras una larga restauración el pasado 3 de octubre con la presencia del presidente de la Comunidad Autónoma, Ramón Luis Valcárcel, y del entonces delegado del Gobierno en Murcia, Rafael González Tovar. Valcárcel alabó el papel jugado por la entidad propietaria del teatro y artífice de su rehabilitación: la Asociación de Vecinos de El Algar, «la mejor y más original asociación de vecinos de España».
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Panorámica del patio de butacas del Apolo, antes de una actuación. :: J.M. RODRÍGUEZ / AGM.


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