El Libro de los Salmos, del Antiguo Testamento, es una colección de 150 cánticos de súplica y alabanza al Señor, tradicionalmente atribuidos a David, el rey poeta, aunque los investigadores lo discuten. Sus textos son de gran belleza y expresividad; algunos se leen, con frecuencia, en la liturgia cristiana, y muchos compositores les han puesto música. En el compacto de esta semana se reúnen obras del siglo XX, en las que dos músicos rinden tributo a los Salmos: el conocidísimo Igor Stravinski y la casi desconocida Lili Boulanger. Ambos exploran, en estas obras, nuevas y sorprendentes sonoridades en la música coral.
Igor Stravinski es, para los melómanos, el gran rompedor de la tradición romántica. Hijo de músicos y discípulo de Rimski-Korsakov, escandalizó al público parisino de principios del siglo XX con 'El pájaro de fuego', 'Petruchka' y 'La consagración de la primavera', escritos para los legendarios 'Ballets rusos' de Diaghilev, que alcanzaron gran éxito en la Europa de la 'belle époque'. Sus atrevimientos sonoros suscitaron airadas reacciones, pero pronto fueron asumidos por el público. Siendo Stravinski el icono por excelencia de 'la vanguardia' musical, logró conectar muy bien con los oyentes y sus obras se escuchan siempre con agrado. Su música resulta 'rara' para los oídos del aficionado habituado a la tradición, pero no es difícil de seguir, como ocurre con otras experiencias innovadoras. Esta capacidad para llegar al oyente, hizo de él una de las figuras más importantes de la Música del siglo XX, y, también, le permitió vivir desahogadamente, instalado en el éxito, hasta su muerte, en 1971. Aunque nunca renunció a sus orígenes rusos, fue un autor cosmopolita. No regresó a su tierra natal desde la instauración del régimen soviético, viviendo en Francia, Suiza y, sobre todo, en los Estados Unidos, donde falleció.
La 'Sinfonía de los salmos' fue escrita en 1930, por encargo del director Sergéi Kusevitski, para celebrar el 50 aniversario de la Orquesta Sinfónica de Boston. Después del 'período ruso' de los ballets, estaba el compositor inmerso en el llamado 'período neoclásico', en el que trataba de volver a la tradición, 'reinterpretándola' en un contexto nuevo. También su amigo Picasso, tras la experiencia cubista, volvió sus ojos a la Antigüedad, reinventándola en la llamada 'época rosa'. Stravinski concibió una sinfonía para coro y orquesta en tres movimientos, que se interpretan sin interrupción, sobre algunos versículos del 'Libro de los salmos', según la 'Vulgata', la traducción bíblica en latín de San Jerónimo. El primero, 'Exaudi orationem meam, Domine' ('Escucha, Señor, mi súplica'), está tomado del salmo 38. El segundo, 'Expectans expectavi Dominum' ('Esperé pacientemente al Señor'), del 39, y el tercero, 'Alleluia. Laudate Dominum in sancti eius' ('Alabad al Señor en su santuario') del 150. Algunos pensaron que esta obra respondía a un acercamiento del músico al judaísmo, pero son textos muy utilizados en la liturgia cristiana. Según el autor, no se trataba de una sinfonía en la que se incluían salmos, sino que había querido convertir el canto de los salmos en una sinfonía. Por eso la parte coral ostenta el protagonismo frente a la instrumental.
Este registro nos ofrece también una grata 'rareza': los tres salmos (24, 129 y 130) y una 'Antigua oración budista' de la compositora francesa Lili Boulanger, hermana menor de Nadia Boulanger, directora de orquesta y célebre pedagoga. Lilí, discípula y amiga de Gabriel Fauré, sufría una grave enfermedad y falleció a los 25 años, pero, a los 21, fue la primera mujer que obtuvo el prestigioso y codiciado Premio Roma de composición. Su obra es muy escasa, pero de una extraordinaria calidad, como se aprecia en estas hermosas piezas corales.