Para expresarse profesionalmente necesita poco más que un folio y un lápiz. Así que cuando la beca Erasmus que solicitó se la otorgaron en Alemania, allá que se fue sin tener entonces ningún conocimiento del idioma. No se arrepiente, desde luego. No solo aprendió alemán sino que allí empezó su carrera como diseñadora industrial -«frigoríficos, electrodomésticos, porteros automáticos y cosas así»- dice con desenfado Inma Bermúdez, una murcianica criada en Valencia, donde actualmente vuelve a residir luego de haber complementado su formación en Alemania, Suecia y Francia. Cuando regresó del extranjero, hace cuatro años, ya era la primera española que diseña para Ikea el gigante sueco del mueble. Hasta ahora, también es la única.
-Toda una pica en Flandes ¿no?
-[Duda] Bueno, sí, es por lo que más se me está conociendo ahora, después de cuatro años en España, y aunque siempre he considerado que es algo un poco especial, nunca alardeé de ello. Entre otras razones porque, como sabes, tampoco sé 'venderme' muy bien. [Ríe]
[Lo de no saber 'venderse' lo dice porque, al concertar la entrevista, puso reparos a que se le hiciesen fotografías. Su 'enemistad' con la cámara la lleva al extremo de que su cara no aparece en la estilosa web (www.inmabermudez.com) y tampoco aparece su rostro en la cuenta de 'Skype' a través de la que conversamos. En su lugar figura una foto de 'Chula' una perra que se trajo consigo desde Alemania. No deja de extrañarle al periodista porque, tanto durante las conversaciones previas como en la propia entrevista, la voz, la entonación y las frases de Inma denotan energía, vitalidad, alegría y positivismo. En contrapartida, ella misma gestionó y propició que Ikea (para cuya cámara sí tiene que posar) cediera una fotografía para el periódico.]
-¿A qué se debe esa aversión a la cámara? ¿Timidez, quizá?
-No, no es aversión. No sé la causa. Simplemente es que no me siento cómoda. Una cosa es que nos hagamos una foto espontánea en grupo de amigos y otra posar para el fotógrafo.... Tampoco creo que sea timidez, porque me pongo a hablar y no paro. No sé, no tengo ni idea de por qué, pero, bueno, sí, el caso es que me siento incómoda.
-Digamos que el éxito no le envanece.
-Tampoco sé si soy una mujer de éxito. Eso pregúntamelo dentro de veinte años [ríe]. Hago lo que puedo, me va bien y sigo trabajando para que me vaya bien. Lo que me ha pasado desde mayo del año pasado hasta hoy [se refiere a que le han solicitado varias entrevistas y a que las revistas 'Mujer hoy' y 'El País Semanal' la incluyen entre las protagonistas del año] me satisface, claro, pero como nunca me he preocupado por promocionarme. Así que el gusto es doble: me ha llegado sin pretenderlo.
-Pero promocionarse le reportará más clientes
-Probablemente, pero a mí lo que me gusta es trabajar, dar todo lo que pueda y que me quieran por mí misma y por mi trabajo. No hace falta que todo el mundo se entere de lo que hago y de que tenga que hablar bien de mí misma.
-Modestia, se llama esa actitud.
-Lo he aprendido de mi madre. Hay cosas que tengo muy claras. Una de ellas es que para todo en la vida hay que ser humilde sin tener por qué exhibirse. Trabajar para Ikea enorgullece profesionalmente porque sabes que diseñas cosas que se van a vender en todo el mundo, pero yo trabajo desde la humildad, que es una de las cualidades que muchas veces se nos olvida.
[Inma Bermúdez, que vive en un huerto en las afueras de Valencia, en una casa junto a la de su madre (en ninguna de las dos hay televisor «porque la TV es un enemigo, un engañabobos») a la cual cita con un cariño expresado con toda naturalidad, sin afectación. Conserva cierto acento murcianico (su padre era de Totana) y no ha perdido el contacto con su familia en Murcia a la que sigue tratando siempre que puede. «Desde luego voy a las bodas, bautizos y comuniones», comenta con alegría.]
-¿Hay que tener alguna cualidad innata para el diseño?
-Hay que tener sensibilidad, como el que es artista, y cierta afición por pintar. En mi caso, de niña me gustaba pintar cómo debía ser mi cuarto de estudio y diseñaba cómo habrían de ser mis muebles.
-¿Cómo logró abrirse paso en el mundo del diseño?
-Ahora, mirando al pasado, me alegro de haberme marchado al extranjero. De haber superado los miedos, comunes, cuando acabas una carrera y te enfrentas al mundo laboral. Siempre he tenido claro que me quería dedicar al mundo del diseño, y cuando apuestas por algo y peleas, la vida normalmente te recompensa con oportunidades. O por lo menos yo he tenido la suerte de que haya sido así. Ahora el mundo del diseño se conoce un poco más por las grandes empresas nórdicas e italianas, cuyos productos son menos accesibles económicamente, mientras que para Ikea haces un diseño real y práctico, en el sentido de que sabes que el objeto que diseñas se va a utilizar.
-¿El lavabo 'Lillângen' es su mayor éxito?
-Lleva poco tiempo, pero se está vendiendo muy bien. En España Ikea es líder mundial de ventas de artículos de baño y yo estoy superorgullosa de que sea así.
-¿Se automotiva o necesita motivación externa?
-Disfruto con lo que hago. Y además me pagan por ello. O sea, todo un lujo. Me considero muy afortunada. Ahora mi mayor dificultad es organizarme para poder atender los trabajos que me piden.