El UCAM no fue rival para el Real Madrid a partir del momento en el que el líder decidió poner la directa y marcar las diferencias. Desde el 11-12 tras un triple de Miso, el UCAM solo pudo seguir de lejos a un equipo muy superior al que no le pudo hacer frente en ningún momento. Los de Luis Guil bajaron los brazos cuando el partido comenzaba a decantarse a favor de los merengues y eso fue reprochado desde la grada. Únicamente Sekulic estuvo a la altura de lo que se esperaba de un equipo de la máxima categoría, ya que Augustine estuvo desaparecido y se fue de la pista sin anotar y las sensaciones de Udoka no fueron las mejores por lo individual que se mostró. El UCAM sigue en descenso con cuatro triunfos aunque el Blancos de Rueda Valladolid y el Blusens también están con cuatro. Los aficionados pitaron al equipo y también al entrenador Luis Guil. La decepción fue mayúscula, los murcianos no compitieron esta vez.
El Real Madrid salió lanzado desde el primer minuto y en la primera jugada ya se puso por delante para no dejar nada al azar desde el comienzo. Manejó ventajas de hasta seis puntos debido a que Grimau no podía frenar a Singler, que con más altura y físico se instaló en el poste bajo y Augustine tampoco podía impedir que Tomic anotase con facilidad aprovechándose de sus centímetros. El UCAM no dejó que su rival se fuese en el marcador hasta que el conjunto de Pablo Laso comenzó a correr con un Sergio Rodríguez imparable. Así fue como el Real Madrid llegó a marcar una máxima de nueve puntos (14-23). No obstante y aunque el último tiro lo tuvo Carroll, los primero diez minutos acabaron 16-23 y es que el conjunto visitante estaba dominando todas las facetas del juego, incluso el rebote, pero las sensaciones del UCAM no eran malas, hizo todo lo que pudo ante un rival muy superior.
Los primeros minutos del segundo cuarto fueron de contención por parte de los murcianos. Udoka y Kurz apretaron para evitar que el rival se fuese en el marcador mientras que Sekulic era el único que anotaba. El UCAM impidió que el Real Madrid
corriese, que es como se encuentra más a gusto y de ahí que la anotación fuese tan baja. El público estaba encendido con los colegiados una vez más y es que a los visitantes le perdonaron demasiado en defensa a los merengues, mientras que a los locales se les consentía bastante menos. El equipo de Laso hizo un primer amago de irse en el marcador y en varias ocasiones manejó ventajas de hasta once puntos que fue con los que se marchó has descanso tras un triple de Carroll. Jordi Grimau con dos triples consecutivos impidió que la brecha fuese letal. Los de Guil realizaron una buna defensa en este cuarto, pero tuvieron muchos problemas para atacar la canasta del Real Madrid, más aún teniendo en cuenta que los árbitros estaban permitiendo jugadas que en condiciones normales habrían acabado en tiros libres para los murcianos (30-41). Aunque los locales dominaron el rebote, el problema fueron las pérdidas de balón, hasta ocho en el segundo cuarto.
El inicio del segundo tiempo resultó fatal para el UCAM. Udoka, obsesionado con anotar falló tres ataques casi consecutivos, mientras que Tomic seguía dominando a Augustine bajo los aros y Carroll y Singler se sumaban a la fiesta con sendos triples. Guil tuvo que parar el partido intentando evitar que el rival se marchase definitivamente en el marcador, pero aún estableció una máxima de 22 puntos (34-56). El UCAM tiró de corazón y del acierto del único que parecía estar en el encuentro, Sekulic, para rebajar la ventaja pero fue muy puntual y tras el tiempo muerto de Pablo Laso con el 40-56, el Real Madrid empezó a correr otra vez y anotar de tres puntos (4 de 4). El demoledor parcial de 14-29 dejó sentenciado el encuentro a favor del líder. Sekulic estuvo solo (10 de los 14 puntos de su equipo) y no podía con todo un Real Madrid (44-70).
Los aficionados pidieron un poco de corazón, compromiso y autoestima para evitar el ridículo, pero en el UCAM había muy pocos jugadores que aportasen, el hundimiento era total. Laso rotó a sus hombres para no cargarlos de minutos pues el partido estaba resuelto y solo era cuestión de ponerle los dígitos al marcador para saber cual sería la diferencia, a todas luces escandalosa (60-91).