Repasando comentarios de años anteriores sobre este mismo concierto, no podemos por menos que coincidir con Gabriel Lauret (violinista de Saravasti) cuando afirmó que el concierto de este año era un pequeño milagro. En los tiempos que corren, la verdad es que sorprende la continuidad de un evento de música de cámara y de pago, que ya va por la duodécima edición y que casi llenó la Sala Miguel Ángel Clares del Auditorio.
Y sorprende no porque no merezca su continuidad, sino todo lo contrario: porque en un año donde la oferta musical ha sido casi aniquilada, las pequeñas islas que sobreviven deben de contener mucho valor en ellas para que no las haya cubierto la marea. Y este hecho, aparte de permitirnos disfrutar con un excelente concierto, eleva nuestro optimismo y nos permite ver que no todo está acabado en el mundo clásico-camerístico murciano.
Salvo el echar de menos las estupendas notas al programa con que solían ilustrarse estos conciertos, todo lo que rodeó al concierto de este año solo puede recibir nuestros parabienes. Desde la amplísima difusión de los medios de comunicación, a la ya comentada gran asistencia de público, pasando por, una vez más, una acertada elección de un programa que, en elipsis no explicada, nos condujo desde el primer cuarteto de Beethoven con reminiscencias sonoras todavía algo mozartianas a la última composición para cuerdas de Schubert, con una sonoridad plenamente romántica pero con una densidad y profundidad pocas veces tan evidente
Es el Quinteto de Schubert una obra tremenda. 50 minutos de un lenguaje riquísimo con multitud de contrastes y sonoridades que los expertos Saravasti supieron hacer oír. Acompañados (tradición la de hacerse acompañar por otros músicos talentosos que por fortuna se mantiene) en esta ocasión por Lorenzo Meseguer, joven murciano de indudable proyección, quien se integró plenamente en el conjunto y a quien los Saravasti tuvieron el detalle de adaptar un bis de Bocherini para su puntual lucimiento, debemos destacar el Adagio de los pizzicatos y el Scherzo casi orquestal que evidenciaron la ductilidad del cuarteto ante sonoridades tan opuestas pero que mostraron nítidas y conscientes con una limpieza y brillantez que no debe dejarse de reseñar.
Esperamos que siga la tradición muchos años más.