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El honor de la CAM

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El honor de la CAM

04.12.11 - 01:52 -
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Hubo un tiempo en la CAM en el que bastaba la palabra de honor como aval para conseguir un crédito. Eran los llamados 'préstamos de honor' que recibían sobre todo universitarios en los últimos años de carrera para iniciar su andadura profesional. Todo ahora es distinto. Las antiguas cajas de ahorro han sido barridas por esa transformación de la banca tradicional en una industria de servicios financieros que ofrecen complicados productos en un mercado global. La ausencia de regulación de esta nueva industria en Estados Unidos, entre otros factores, trajo consigo el desastre de Lehman Brothers y el consiguiente 'efecto dominó' sobre el sistema financiero mundial, sometido a una reordenación en la que solo está quedando acomodo para los bancos más grandes y mejor gestionados. La CAM ha sido víctima de ese proceso arrollador, aunque la causa fundamental de su caída y posterior intervención por el Estado ha sido la nefasta gestión de sus ejecutivos en complicidad con una clase política despilfarradora e intervencionista. El principio del fin arranca cuando Eduardo Zaplana aúpa a Roberto López Abad a la Dirección General de la CAM y se abre una etapa oscura en la que los valores que un día inspiraron a una caja sucumbieron ante la codicia y la ineficacia. Pese a todo, el desprestigio de sus máximos gestores no ha podido con la fortaleza de un marca histórica, la fidelidad de sus clientes, la entrega de sus trabajadores y el arraigo de una obra social insustituible. Pese a la funesta frase «la CAM es lo peor de lo peor» del gobernador del Banco de España, la caja está en vías de sobrevivir si finalmente, como todo parece indicar, la próxima semana se aprueba la oferta del Banco de Sabadell, que recuperaría la quinta plaza del 'ranking' de grandes bancos en perjuicio del Banco Popular. Frente a la alternativa del desguace y posterior venta por trozos de la CAM a los grandes del sector, la opción del Sabadell se vislumbra como la mejor salida para los intereses de la Región de Murcia, en la medida que es la menos traumática para los trabajadores y supondría el mantenimiento de la obra social, cuya gestión no se ha visto salpicada y tiene fondos para al menos tres años, según fuentes conocedoras de la operación. Si la decisión se ha dilatado es fundamentalmente porque el Banco de España quiere limitar al máximo la aportación del Estado para hacer frente al posible afloramiento de pérdidas por los millonarios activos tóxicos que tiene la CAM en el mercado inmobiliario. No es casual que, antes de dar decidir el futuro de la caja, el Gobierno aprobará el viernes un cambio en el Fondo de Garantía de Depósitos, por el cual las entidades financieras duplican el volumen de sus aportaciones, de tal forma que pagarán todo el coste de su crisis. La puja por la CAM es también el pistoletazo de salida para otra ola de fusiones de bancos en nuestro país, en la que pueden verse envueltos el propio Sabadell, una vez absorbida la CAM; el banco BMN que lidera Cajamurcia, una entidad modélica en cuanto a solvencia y demás parámetros financieros; y otros bancos resultantes de fusiones de cajas. Todos ellos carecen aún del tamaño necesario para abandonar la fila de las pequeñas entidades y acudir con más garantías al mercado interbancario europeo en busca de financiación.
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