Cabe cuestionar la existencia de la Sinfónica después de actuaciones como la multitudinaria que acaba de ofrecer con ocasión del concierto de este año dedicado a la Constitución, y no solo por jornadas como ésta? Sesenta y siete años después de que el 'Concierto de piano' de Joaquín Rodrigo, conocido entonces por 'Concierto Heroico', se estrenara en el Teatro Romea por el pianista valenciano Leopoldo Querol (asistido por la Orquesta Nacional de España, bajo la dirección del gran músico lorquino Bartolomé Pérez Casas, que se celebródentro de un ciclo de Conciertos Sinfónicos organizados al cumplirse el VII Centenario de la Reconquista de Murcia) ha sido ahora, el que una chiquilla totanera, María Ángeles Ayala, haya acometido con una pasmosa seguridad la interpretación de esta comprometida obra. No sabemos si el arreglo de Joaquín Achúcarro fue para dulcificar o para potenciar el cometido del solista, al tiempo que para aumentar o disminuir el protagonismo de los metales que con el cuarteto de trompas, el trío de trombones y la pareja de trompetas a pleno pulmón supone. En cualquier caso, una insuperable desventaja para la parte solista.
Pues bien, no cabe empeño mayor que el que pusieron nuestros sinfónicos, dirigidos por su titular J. M. Rodilla, en cumplir pulcramente con todos los requerimientos, incluyendo en la ejemplar prestación el trinar de los dos flautines. Ni cupo mayor mérito en la actuación de nuestra jovencísima solista que el de mostrar una vez más su preparación, su seguridad y arrojo para afrontar las más comprometidas situaciones, tal y como viene siendo habitual en esta aventajada discípula de la profesora Tamara Harutyunyán. Si hace tan solo unos días reconocíamos su alto magisterio en la admirable versión de uno de los conciertos pianísticos de Mozart, de otra de sus alumnas -la pequeña alicantina Andrea Zamora, inseparable compañera de María Ángeles, en el Auditorio de Cabezo de Torres-, en el caso de este concierto extraordinario volvemos a sorprendernos ante lo que puede ser un importante salto en la carrera de María Ángeles, para la que de momento no es posible divisar su horizonte.
Abarrotado el Auditorio hasta el último asiento, no lo estuvo menos el escenario durante la segunda parte. Apenas pudieron apretujarse más de ciento cincuenta cantores locales, componentes del Orfeón, de la Coral Discantus y del grupo vocal Cororao para la antología zarzuelística. Todos ellos pusieron todo su mejor hacer, al igual que la soprano ilicitana Carmen Muñoz y el tenor Diego Pedro Plazas. Me parece justo destacar la espléndida versión por parte de la Orquesta del célebre Preludio de 'La revoltosa', página tan perfecta e inspirada como esos 'Suspiros de España' que compuso en un café de Cartagena el jienense Antonio Álvarez. Se han hecho costumbre ofrecerlos como bis. Y es que, Señora, España es así.