María José Vicente (Cartagena, 1960) tiene el despacho en uno de los centros de la Universidad Politécnica de Cartagena con más presencia femenina: la escuela de Agrónomos. Cuando empezó a estudiar, en su curso solo había seis mujeres; ahora ese número en esta escuela de ingenieros «es mucho mayor». Recuerda su etapa de postgraduada con cierto agobio. Tras acabar la carrera tenía claro que se iba a dedicar a la rama investigadora, pero a diferencia de la mayoría de los futuros docentes, ella no pudo trabajar a diario en uno de los departamentos de su escuela: «Me casé antes de acabar la carrera, tuve niños y había que criarlos», explica. Y los crió tan bien que sus dos hijos son ahora también alumnos de la UPCT.
- ¿A qué dificultades se enfrentan las mujeres investigadoras en esta Universidad?
- No creo que por el hecho de ser mujer tengan más dificultades que el hombre. Si tenemos hijos y no tenemos la colaboración de nuestra pareja, y no podemos conciliar fácilmente la vida familiar y laboral, sí que podemos tener más problemas para desarrollar nuestra actividad.
- ¿Aquí no hay buena conciliación de las vidas familiar y laboral?
- El horario no es fijo. Es un trabajo que tienes la tentación de llevarte a casa los fines de semana. En realidad, te ocupa más de ocho horas diarias. Llevártelo también a casa te hace difícil dedicarle tiempo a la familia.
- ¿Cuántas investigadoras hay en la UPCT?
- Del total del personal docente investigador un 80% son hombres y un 20% somos mujeres. Nuestra presencia es escasa. Es un porcentaje muy similar al del resto de universidades politécnicas españolas. En las generalistas también es bastante menor el porcentaje de mujeres profesoras.
- ¿A qué lo achaca?
- En las universidades generalistas, el porcentaje ronda el 35% de mujeres frente al 65% de hombres. Esas cifras se acercan bastante a una situación de equilibrio, porque para que eso sea así tiene que haber un 40% de mujeres frente a un 60% de hombres. Tradicionalmente, las enseñanzas técnicas son poco atractivas para nosotras. Hace años eran carreras eminentemente masculinas. Yo, que soy ingeniera agrónoma, cuando empecé a estudiar en los años 80, había solo seis mujeres entre doscientos alumnos.
- La situación ha cambiado, pero ¿todavía irá a más a corto plazo?
- Hoy en día, el alumnado femenino ronda el 36% en la Politécnica. Se ha incrementado bastante, pero también hay que tener en cuenta que contamos con la Facultad de Ciencias de la Empresa, que tiene un 60% de alumnas. Agrónomos es la ingeniería que más alumnas tiene: un 40% y pico. Al haber menos ingenieras en la Politécnica, hay menos profesorado femenino.
- ¿Cree que la investigación atrae a las mujeres?
- Sí, nos motiva. Una vez que las mujeres se deciden a estudiar este tipo de carrera, se gradúan con expedientes bastante altos. De los becarios y contratados laborales que tenemos en la Universidad para realizar actividades de I +D, un 34% son mujeres. Prevemos que en un futuro ese porcentaje se iguale en las universidades públicas. Dentro de poco nos igualaremos con las universidades generalistas en el número de investigadoras que también son profesoras.
- ¿Apoya que la UPCT haya congelado los planes de investigación para pagar el gasto corriente?
- Estoy totalmente de acuerdo con la decisión adoptada, porque la situación es insostenible y de una gravedad extrema. Pero no es justo que la investigación, que precisamente es una fuente de recursos económicos importante para la universidad, se pueda ver frenada por la deuda que mantiene la Comunidad Autónoma con la UPCT.
- ¿Cuáles van a ser las líneas de investigación que potenciarán con el Campus Mare Nostrum?
- Los tres sectores que son estratégicos para la Región: la agroalimentación, las tecnologías aplicadas a la salud y la tecnología naval y del mar.
- Hay un cierto temor a que el campus propicie una «fuga de cerebros». ¿Usted que cree que ocurrirá en la UPCT?
- No, al contrario. Lo que el campus Mare Nostrum propiciará es una incorporación de talento internacional.
- Pero si vienen muchos investigadores de fuera, los de aquí se van a tener que ir, ¿o no?
- No. Queremos propiciar la movilidad de talento. Que el talento que tenemos aquí se mueva, pero para formarse. Que haga estancias en el extranjero en centros internacionales de gran relevancia para que se especialice y establezca lazos con investigadores de otros países.
- Con la actual situación, ¿es posible dar un puesto laboral a todos los investigadores que acaban ahora sus tesis?
- El Ministerio va concediendo unas ayudas a las universidades para que incorporen a esos doctores en sus centros, que son las ayudas Juan de la Cierva y Ramón y Cajal. Hay muchos programas que ayudan a la universidad a incorporar a su plantilla a esos nuevos doctores. Una vez que el graduado inicia su actividad investigadora, el Ministerio no le olvida. Cada año pedimos esas ayudas. La realidad es que hay veces que nos cuesta que vengan investigadores a la UPCT.
- ¿Por qué no se decantan por esta universidad?
- Si no han estudiado aquí o nosotros no teníamos mucha visibilidad antes, han preferido integrarse en otros grupos de investigación que ya conocían. Con el Campus Mare Nostrum, no tendremos este problema.