Veinte páginas plagadas críticas muy duras, las peores que puede recibir un juez de instrucción. Los 14 magistrados del pleno de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional son unánimes: la investigación sobre el chivatazo a ETA en mayo de 2006 del juez Pablo Ruz está plagada de «graves defectos» y «arbitrariedades», fundamentalmente porque el magistrado creyó a pies juntillas una sola versión, la del equipo del investigador Carlos Germán, sin siquiera valorar que había otras muchas posibilidades de cómo se pudo producir la delación al aparato de extorsión de la banda y sin que se molestara en explotar cualquier otra vía que no señalara directamente a los mandos policiales.
Los magistrados, que el pasado 21 de septiembre ya anunciaron que revocaban el procesamiento del exdirector de la Policía Victor García Hidalgo, el jefe Superior del País Vasco, Enrique Pamiés y el inspector José María Ballesteros, en el auto aprobado ayer llegan a acusar a Ruz por el hecho de que intentara sentar a los responsables del Cuerpo Nacional de Policía, a pesar de que la investigación tenían «inconsistencias relevantes» que, en modo alguno, habían sido «resueltas».
El varapalo a Ruz no admite dudas. La sala le afea, en la práctica, ser un mal juez instructor, sobre todo por haber querido cerrar el caso «sin agotar la todas las posibilidades de investigación que la situación ofrece» y de fiarse «injustificadamente» solo de lo que decía Germán.
Una credulidad que los jueces consideran especialmente grave, habida cuenta de que el investigador y su equipo estaban «objetivamente afectados» por la «proximidad a los hechos», hasta el punto de estar «incursos en los mismos» ya que eran los policías que investigaban la red de cobro del 'impuesto revolucionario', por lo que nunca debían haber sido descartados totalmente como sospechosos.
Afirma la resolución que Ruz nunca fue los suficientemente «cauteloso» al valorar esta segunda hipótesis y reprocha al juez que no ha «razonado suficientemente» porque rechazaba los «datos o elementos que la contradecían».Y a partir de ahí, los magistrados de la Audiencia Nacional van desmontando uno a uno los indicios que Ruz utilizó para intentar procesar a los policías.
El auto dedica además un apartado especial a censurar al instructor por su negativa injustificada a abrir una nueva línea de investigación, como han reclamado hasta la saciedad las defensas: la de que la llamada del chivatazo pudiera haber sido captada por los repetidores franceses, ya que en esa zona fronteriza de Irún operan indistintamente las compañías de ambos países. Ni Ruz ni su antecesor en esta investigación, Baltasar Garzón, se molestaron en pedir un listado de las llamadas que se realizaron en la zona en las horas del chivatazo y a las que dieron cobertura las antenas francesas.