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«Sobre mi tumba no quiero aforismos; solo una rosa»

Cultura

«Sobre mi tumba no quiero aforismos; solo una rosa»

19.10.11 - 01:48 -
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Dice que lo del caracol dorado puede ser una visión real o imaginada, pero -se pregunta-, «¿quién no se ha asomado por la ventana en una casa de campo o de huerta y no ha visto un caracol que se debata entre ramas o entre matas, en esas primeras horas de la mañana? Sobre él pueden verse unas irisaciones en su carga. Después de esta visión, me ha parecido que este caracol dorado puede ser una metáfora del vivir». Es el planteamiento que se hace la poetisa Dionisia García, a la hora de enfocar su reciente libro de aforismos, titulado, ¿cómo si no?, 'El caracol dorado'.
-¿Por qué a algo tan intrascendente le asigna la importancia de la vida humana?
-Pues porque vamos con la carga de la vida y, poco a poco, no llegamos a ninguna parte; el caracol, tal vez, sí, pese a esa carga que puede ser dramática o agradable. Las irisaciones del caracol se pueden dar en la propia vida humana, que es, a la vez, un regalo y una carga. Después de pensar en esto, he aprendido muchas cosas sobre el caracol.
-¿No sabe si habla de un sueño o de una realidad?
-La realidad está en que, en mi infancia aldeana, porque viví hasta los nueve años en una zona rural, me era familiar encontrar un caracol, y observarlo. Por esto, muchos aforismos vienen de la observación, de la profundización en aquello que observo.
-¿No le hubiera parecido más lindo encontrarse con una de esas aves preciosas que cruzan las alturas?
-Quizá sí, pero me gusta indagar más en la tierra, sea el ser humano o las cosas en sí. También he visto volar esas aves, pero no me he detenido en ellas.
-¿Cómo ha compuesto esos aforismos? ¿De un tirón, en función del estado de ánimo, de la observación...?
-Pasa como con el poema: es un proceso lento que no se debe forzar. De repente encuentras que puedes escribir acaso una página de aforismo; otros días o semanas no es posible, aunque no sabes por qué. La palabra ha de estar ajustada, y no quiere dilación, muletas, ni rellenos. O sale o no sale. También hay que seleccionar, porque puede haber muchas obviedades y repeticiones.
-¿Es otra forma de hacer poesía?
-Algo poético sí hay en este libro, como hay crítica y preguntas sobre muchas cosas. De algún modo, los aforismos surgen de la vida y del silencio y de todo aquello que va a nuestro alrededor en la calle, en lo más íntimo...
-Aparecen personajes, momentos, ocasiones... ¿Es fácil combinar unas cosas y otras?
-Se escribe porque se ha leído mucho. La lectura puede provocar algo que te llame la atención, porque es tan importante como aquello que tú quieras decir. Por eso también hay citas, como una de Goethe que dice: 'el escritor sabe lo que quiere escribir, pero no sabe lo que ha escrito'. Y eso es cierto, porque no sabe si ha aportado algo que merece la pena. Escribir aforismo es una búsqueda de la verdad, sobre todo, cuando la escritura está interiorizada. Yo pienso que vamos a desaparecer de este mundo, sin saber qué es la verdad, ni quien la ha encontrado.
-Da la impresión de que algunos de sus aforismos son sufrimientos.
-Sí. Se sufre escribiéndolos. La persona que no ha pasado por sl sufrimiento está a medio hacer. El sufrimiento acompaña a la vida, igual que la alegría, igual que las irisaciones del caracol. El sufrimiento nos va conformando de alguna manera, y hemos de pensar que está en la vida, como lo está la alegría. Soy optimista por naturaleza. A pesar de mi edad, y ya soy bastante longeva, me levanto contenta, alegre, porque pienso que en el día puedo hacer muchas cosas; y la hago, aunque tampoco sé si mejor o peor hechas. El ser humano transmite vida si se entrega a ella con ilusión.
-No deseo que se muera, por supuesto, pero, ¿le gustaría que grabaran sobre su tumba alguno de sus aforismos?
-Hay que aceptar que la muerte es un hecho irreversible. Está en mí y diría que, de alguna manera, es la culminación de la vida. No quiero aforismos sobre mi tumba; solo una rosa, que es lo que me gustaría que depositaran las personas que quiero y me quieren. Vendría a ser el compendio de todo lo que yo he deseado. Y como soy creyente, pienso que esa rosa, de algún modo, estaría conmigo también en la eternidad.
-¿Cree que le harán caso?
-Sí. Dejaré escrito que sobre mi tumba solo quiero que depositen esa rosa.
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«Sobre mi tumba no quiero aforismos; solo una rosa»

La poetisa Dionisia García, en la biblioteca de su casa en Murcia. :: VICENTE VICENS/AGM



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