El antiguo hospital de Marina de Cartagena ha sido el último escenario en el que, una vez más, los rectores de las dos universidades públicas han puesto en escena su magnífica relación con el consejero de Universidades, Empresa e Investigación, José Ballesta. Antes lo fue de Obras Públicas y Ordenación del Territorio. Pero antes de sumergirse en el océano político, Ballesta ya era hombre de universidad, a la que se dedicaba en cuerpo y alma desde su cátedra en la Facultad de Medicina de la Universidad de Murcia. Tanto la quería -como decía la coplilla- que llegó a ser su guía espiritual, su prior, durante ocho años que, seguro, se le hicieron muy cortos. Tal y como él mismo afirmó el día de su despedida, «me llevo el mayor honor y el mayor patrimonio que transmitiré a mis hijos: haber sido rector de la Universidad de Murcia».
No es difícil, por tanto, que la sintonía -además del afecto- entre Ballesta, José Antonio Cobacho (su sucesor en el cargo) y Félix Faura (rector de la Politécnica, con el que coincidió en su mandato) surja sin esfuerzo, así como su defensa de las dos universidades públicas. No iba a ser menos después de que Valcárcel eligiera a José Ballesta como el árbitro de un partido -entre públicas y privada- que se ha enconado de un tiempo a esta parte por el último rifirrafe a cuenta de la supuesta falta de calidad y rigor en algunos títulos y procedimientos de la UCAM, que denunciaron tanto la Politécnica como la Universidad de Murcia justo antes de que el PP volviera a ganar las elecciones autonómicas, en mayo de este año, y Ballesta pasara a ocuparse -entre otros muchos asuntos, obviamente- de poner paz cuando al hacha de guerra le da por aparecer entre las tres universidades.
El ahora consejero pregonaba en sus años de rector su firme decisión de «mantener del principio de igualdad de oportunidades educativas en el sistema universitario regional», y votó en contra de la implantación de algunos títulos en la Católica -como el de Derecho- en los muchos consejos interuniversitarios en los que participó defendiendo los intereses de su universidad.
«Autonomía» de su facultad
Ballesta lloró cuando anunció, en una apertura de curso como la que se produjo el jueves -en la que también se supo de manera pública, aunque era un secreto a voces, que Faura no se presentará a la reelección en la UPCT-, que ya no sería rector el siguiente curso académico. Quizá le pasaron por la mente las nuevas incógnitas que le depararía el futuro. Las encrucijadas en las que le situaría su carrera profesional y su posición respecto a su universidad, que es su casa. Y en una de esas se encuentra Ballesta estos días.
Aunque su presencia sigue viva en la Universidad de Murcia -gracias en parte a un retrato, obra de Torregar, que cuelga en uno de los salones del edificio de Convalecencia, sede del Rectorado, junto a otros cuadros de los anteriores rectores de la institución, lo cierto es que su posición de consejero de Universidades le obliga ahora a 'lidiar' con suave mano izquierda -al natural- un toro llamado UCAM, que ahora salta al ruedo con su carrera más ambiciosa: Medicina. Precisamente, el ámbito académico de José Ballesta, que es catedrático de Histología y Embriología General en la Facultad de Medicina de la Universidad de Murcia. En otro tiempo, Ballesta quizá se hubiera expresado en otro tono. Pero hoy es prudente. Cosas del cargo. Al ser preguntado, se ciñe al discurso oficial en estos casos y enumera los pasos que aún debe seguir el título de Medicina para que la Católica pueda empezar a formar médicos en el campus de Los Jerónimos. Además, y sólo un día después de que la Facultad de Medicina de la UMU (su facultad) emitiera un comunicado en el que pedía al Gobierno regional (su gobierno) que no aprobara la implantación del nuevo grado en la UCAM, el consejero, ex rector y catedrático de Medicina aludía a la «la libertad y la autonomía universitaria» de los centros. Ni una palabra más. La procesión, seguro, va por dentro con semejante conflicto de intereses.
Fuentes consultadas por 'La Verdad', próximas a Ballesta, aseguran que el consejero sabe que la llegada de los estudios de Medicina a la Católica es inevitable pero que, cuando se produzca el momento, pondrá especial empeño en que la UCAM cumpla con todos los requisitos marcados y, especialmente, con el principio de mérito y capacidad en el proceso de selección de estudiantes. Es decir, que los 45 alumnos que la Aneca ha autorizado a la UCAM a matricular en su primer año hayan superado la nota de corte. Esas mismas fuentes aseguran que, pese a todo, y como era de esperar, Ballesta no ha cambiado su forma de pensar, pese a que no pueda decir lo mismo que antaño. Ni hacerlo. Aunque sigue siendo catedrático de la Facultad de Medicina y ex rector de la UMU, hoy también es consejero de Universidades, Empresa e Investigación en el Ejecutivo de Ramón Luis Valcárcel, que es quien tiene, al fin y al cabo, la última palabra en el Consejo de Gobierno que debe dar el sí definitivo al nuevo título de la Católica.
No será un plato de buen gusto para Ballesta, y puede que, esta vez, el 'rebote' le dure algo más de «diez minutos». Exactamente lo que le duró en su día el cabreo por la implantación de Derecho en la UCAM.