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Jiménez pincha una gran faena

FERIA DE MURCIA

Jiménez pincha una gran faena

El Juli y Manzanares salen a hombros y el de Fuenlabrada pierde la puerta grande por la espada

14.09.11 - 00:55 -
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La segunda corrida de la feria de Murcia acabó con la salida a hombros por la puerta grande de El Juli y José Mari Manzanares, al cortar ambos una oreja de cada uno de sus toros. Sin embargo, la mejor faena de la tarde, la más completa y artística, se quedó sin premio. Fue la realizada por César Jiménez al buen quinto. Faena de trofeos, que se esfumaron por el mal manejo de la espada.
El cartel de figuras atrajo más público a La Condomina. Tres cuartos del aforo se cubrió ayer. El de Victoriano del Río fue un encierro bien presentado, con dos astados, primero y sexto, que enseñaron las puntas, y con un toro, el quinto, de muy buen juego, noble y con recorrido. El resto mostró un tono medio, sin más.
El caso es que la corrida comenzó con protestas, al salir al ruedo el primero de la tarde, andando mal, como si llevara encima una jartá de güisquis, y huyendo despavorido de los capotes ofrecidos por El Juli y sus auxiliadores. Toro que por cierto tenía cinco años. Ese inicio de descomunal mansedumbre, que enfadó muchísimo al respetable, fue limándose tras el segundo tercio. El de Victoriano formó un guirigay importante cuando vio a los picadores. Arreó en el caballo, derribando en la puerta de chiqueros al varilarguero Diego Ortiz.
Cambió el toro en el caballo. Lo cuidó Julián en una primera serie diestra, condescendiente con el animal. Luego fue bajando la mano, rematando la segunda tanda con un buen pase de pecho. El toro comenzó a embestir y El Juli fue abusando cada vez más, exigiendo por abajo. Quizás demasiado mando para un astado que nunca sacó poder, pero sí fondo. Pero éste es un torero de mando y poderío y en esas claves cimienta su tauromaquia. Por el izquierdo sacó el madrileño naturales sueltos. La faena se alargó de tal modo que el torero escuchó un aviso antes de montar la espada y cobrar una estocada trasera al segundo intento. Cayó la primera oreja.
La segunda, la que le abría la puerta grande, la obtuvo de un toro medio, al que posiblemente le faltó un tranco en su embestida pero que tuvo sus quince muletazos. Tipo de toro con el que el Julián suele estar sobrado. Lo que ocurrió. Con la capa se lució en un quite por chicuelinas, rematado con dos medias. Brindó su faena al público, puso disposición, se mostró firme y a su habitual superioridad y oficio le sacó partido. Mató de entera desprendida, al volapié.
Superioridad y oficio
Lo mejor de la tarde lo realizó César Jiménez. Su faena al quinto fue, con diferencia, lo de más calidad del festejo. Sin tanta evidencia como el primero de la corrida, este quinto toro salió suelto y huidizo. Lo fijó Luis García en su capote y seguido le enjaretó Jiménez un meritorio ramillete de verónicas por los adentros. Mandó que lo picaran poco. Sacó al ruedo a sus apoderados, Ángel Bernal padre e hijo, para brindarles. Comenzó con un pase rodilla en tierra saliendo de najas el de Victoriano. Tardó en ir el torero, pero cuando lo fijó la faena fue tomando vuelo, con el toro rompiendo a bueno y el torero creciéndose. Como suele hacer cuando está a gusto, se descalzó -ya lo había hecho ante su primero- y con la muleta en la diestra fue trazando muletazos de bella composición y mucho relajo. Acarició las embestidas con dulzura y el clímax de la faena llegó con un cambio de mano sensacional dejando la muleta puesta para ligar el de pecho. Cuando tomó la zurda ofreció el engaño por delante y uno de los naturales resultó extraordinario, de cartel de toros. Cerró la tanda con el molinete cosido al de pecho. Muy a gusto, el torero arrojó la espada simulada para torear al natural con la derecha. El toro, que llevó mucha paliza, cumplió hasta las mondeñinas finales. Tres pinchazos emborronaron una faena bien escrita, esfumándose dos orejas.
Una había paseado antes de su segundo toro. Lo saludó bien de capa César, acompasando las verónicas y rematando en el tercio con la media. El toro recibió poco castigo en el caballo. Hubo quite por chicuelinas en los medios, perdiendo las manos el astado, muy justito de fuerzas. Tras el brindis al público comenzó la faena de rodillas en los medios toreando en redondo, rematando con un templadísimo pase de pecho. Atendiendo a las limitadas fuerzas del animal, César no bajó la mano y dio sus tiempos al toro para que se recuperara entre tanda y tanda. La estocada, muy caída, resultó fulminante.
El alicantino José María Manzanares comparecía en la feria como el gran nombre de la temporada. Quiso cuidar al tercero de la tarde en el caballo. Este astado sacó genio y en el tercio de banderillas le echó mano a Juan José Trujillo en el tercer par, cuando el malagueño, buen torero de plata, arriesgó para parear saliendo de la cara muy cerca de las tablas. Saltó la barrera y en el aire lo cazó el toro, devolviéndolo al ruedo. Pareció en un primer momento que le había metido el pitón en el vientre. Tras pasar a la enfermería fue atendido de una contusión en el pubis y todo quedó en un gran susto.
Con la mente puesta en el banderillero cogido comenzó con suavidad el diestro de Alicante su trasteo. La primera serie fue una declaración de principios, acariciando las embestidas con la muleta, vibrando el personal. La siguiente tanda acabó de manera inesperada con el toro resbalando después de un feo respingo, fruto del genio. Cantó la gallina el de Victoriano y en el tercio le buscó las vueltas Manzanares, que resolvió tirando de recursos. Mató a recibir y sonó el aviso cuando el toro estaba agonizando, en un trance demasiado largo que debió acortar el torero. Una oreja paseó de éste y otra del sexto, al que saludó de capa a pies juntos. Mandó poco castigo en varas y se lució en banderillas Curro Javier, que salió apurado del último par, haciéndole un quite providencial el ayuda, David Ruano Gómez 'El Bola'.
Brusquito el toro, se metía por el derecho. El de Alicante tuvo que esforzarse para sacar algo en claro del animal, incómodo y sin terminar de emplearse en la muleta. La faena no tuvo mayor fuste, pero como mató al volapié, de un puñetazo, enterrando toda la espada, se le pidió el trofeo.
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