Todo y nada. Eso es lo que queremos, dicen unos. Todo y nada. Eso es lo que tenemos, dicen otros. Ni el insoportable aire cálido sahariano, ni el imparable -y cutre- desarrollismo, ni la falta de infraestructuras, ni el desprecio hacia el patrimonio, ni el olvido de su historia y de sus glorias... Posiblemente nada haya sido peor para el turismo en Murcia que la propia inacción de la Administración, que quema todos sus cartuchos predicando hasta el aburrimiento las posibilidades de la ciudad, marginando y olvidando las capacidades del resto del término municipal y, lo que es peor, dejando que el tiempo pase -¿cuándo valoraremos en su justa medida nuestra Huerta como paisaje singular?- a la espera de que obre por sí solo un milagro. Pero el milagro, la llegada torrencial de turistas con los bolsillos llenos, nunca se ha producido.
Salvo ciertas actuaciones -creación del consorcio 'Murcia, cruce de caminos'- e intervenciones -San Antonio El Pobre, La Luz, muralla de Santa Eulalia, iglesia de San Juan de Dios, Las Claras, Museo Catedralicio, apertura de la torre de la Catedral, rehabilitación del Casino, construcción del Centro de Interpretación de San Cayetano...-, lo cierto es que la oferta turística del municipio no acaba de calar. Las quejas del sector, principalmente hosteleros y comerciantes, y la necesidad de mejorar la percepción de Murcia como destino para ir de compras, hacer negocios, disfrutar del medio rural o practicar deporte ha llevado al Gobierno municipal a hacer examen de conciencia y analizar con sentido más crítico sus aciertos y sus debilidades para cumplir el objetivo de devolver a Murcia el dinamismo que, por hache -la crisis- o por be -falta de creatividad-, no tiene.
Mientras todo se discute o se pospone -¿cuánto tiempo más tendrá que pasar para rehabilitar el complejo arqueológico de Monteagudo, para poner en valor la basílica paleocristiana de Algezares, para rehabilitar el patrimonio etnográfico de la Huerta y sus acequias milenarias?-, muchos murcianos se han lanzado a la aventura ofreciendo una oferta de alojamientos alternativos, con el ánimo de captar a turistas que buscan vivir Murcia de manera diferente.
Cómo si no se explica que en Guadalupe se hayan transformado en casas rurales vagones de tren de mercancías, que en La Arboleja se haya abierto una posada para albergar a gente que no quiere dormir sola, que se haya reservado una zona exclusiva para autocaravanas en un rincón perdido de la huerta, que se haya abierto un balneario con baños como los que se daba Cleopatra en Santo Ángel o que haya paseos nocturnos por El Valle para reconocer las estrellas de una constelación.
Entre limoneros y plataneras muchos son los turistas que han descubierto en Murcia la experiencia de vivir en un vagón de Renfe de los años 50 rehabilitado hoy como casa rural. Está en el carril de Los Silvestres, muy cerca del Monasterio de Los Jerónimos, en Guadalupe. El habitáculo de hierro es hoy un coqueto apartamento que puede alquilarse un fin de semana por 110 euros. Dispone de una habitacion, un baño con grifería térmica en la ducha, cocina, sala de estar con televisión y un gran porche, aire acondicionado, calefacción y tarima flotante. Un uso impensable salvo para sus promotores, que han colocado el producto en las redes sociales y en internet con tal acierto que hay que reservar con bastante antelación. También alquilan bicis de montaña.
Muy cerca del paseo del Malecón, a 5 minutos andando del corazón de Murcia, encontramos 'La casa verde', que recuerda a la novela de Mario Vargas Llosa, pero no tiene nada que ver con ella. Su promotora, harta de viajar por el mundo y alojarse en hotelitos de cama y desayuno, rehabilitó una antigua casa familiar como albergue chillout y la inversión ha sido un éxito. Llevan dos años abiertos, tienen 25 plazas, una terraza-bar siempre llena y con mucho ambiente y muy buen rollo, que es lo que buscan sus huéspedes. También cuenta con piscina. Todas las habitaciones tienen baño y las hay individuales (4) o colectivas. En 'La casa verde' se puede dormir y desayunar por 20 euros la noche en habitación compartida, 30 si es una habitación doble para uso individual o 45 si es una habitación doble, según Juan Antonio Cano, responsable del mantenimiento. Por cierto, sobre las nueve cierran la recepción.
Entre otras opciones, el albergue de El Valle, en pleno corazón del parque natural, muy cerca de La Alberca, es desde su recuperación uno de los lugares con más actividad de la zona. Cuenta con 50 plazas en habitaciones dobles, está prácticamente nuevo, y los precios resultan incluso bajos para la calidad del servicio: 12,15 euros cuesta la pernoctación, por persona y día, para menores de 30 años, y 15,47 para mayores de 30. Ahora, en verano, abren la piscina para gente no alojada en las instalaciones, y alquilan los salones para todo tipo de actividades.