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Adrián Ángel Viudes: «No estoy dispuesto a venderme»

ESTÍO A LA MURCIANA

Adrián Ángel Viudes: «No estoy dispuesto a venderme»

11.08.11 - 00:41 -
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Pillas en plena erupción al volcán mediterráneo que es Adrián Ángel Viudes (Murcia, 1940), y ojalá que la suerte te acompañe. Es pura energía, verbo inagotable, un millón de anécdotas por minuto, chistes, refranes, citas literarias, invenciones, críticas feroces hacia los adversarios (sean de aquí o de allá, de los suyos o de los otros). Padre de cuatro hijos y abuelo de cinco nietos, es, desde 1996, presidente de la Autoridad Portuaria de Cartagena. Ama la vida, ama el mar, se ama a sí mismo. Su familia es su puerto.
-¿Qué vio y le extrañó?
-Un negro albino, en una calle de Santo Ángel. Un negro con todo el pelo blanquísimo. Muy extraño.
-¿Y qué lugar le resultó muy curioso?
-Una cueva en la que vivía una mujer ya mayor que quitaba el mal de ojo. Todo estaba lleno de pieles de serpientes y de todo lo más raro que te puedas imaginar. Parecía una auténtica bruja de 'Macbeth'.
-¿Qué le propusieron y rechazó?
-Precisamente, aprender a quitar el mal de ojo. Y me explicaron por qué yo: porque sabían que utilizaría ese poder solo para hacer el bien, nunca para hacer el mal. Pero no quise.
-¿A quién terminó dándole la razón?
-En Madrid, a un vendedor de entradas de clac (tenían descuento a cambio del compromiso de aplaudir). Fui a comprarlas para varios compañeros del colegio mayor. 'Seis entradas de clac', le digo, y me pregunta '¿dónde están los otros?'. 'He venido yo solo', le expliqué. 'Pues solo le puedo vender la suya', me dice. '¿Y eso?', le pregunto yo. '¡Y si alguno es manco!, ¿qué?', me respondió él. Primero me quedé de piedra, pero luego pensé, 'el hombre está defendiendo muy bien el encargo que le han hecho'. ¡Si había algún manco, no podía aplaudir!
-¿A qué ha dicho que no?
-He dicho que no a los amigos que alguna vez, en una de esas tardes otoñales, me han propuesto que hiciéramos una 'güija'. ¡Ni se os ocurra! A los espíritus, si es que los hay, hay que dejarlos en paz.
-¿Qué cuenta y no le creen?
-Unos me creen y otros no, pero lo que le voy a contar es la pura verdad: en tercer año de carrera tuve un accidente gravísimo con una motocicleta que me dejó un primo mío. Salí disparado por el aire y, al caer, me rompí la clavícula y la columna vertebral. Alguien decía a mi alrededor, '¡no tocarlo, no tocarlo hasta que no venga el juez que está muerto!'. Recuerdo que entré a un quirófano, donde me abrieron de arriba a abajo y que yo, fuera de mi cuerpo, desde el techo, contemplaba a los médicos manipulándome. Con un desfibrilador me estaban intentando reanimar, porque había entrado en 'parada cardíaca'. De pronto, entré en ese túnel del que tanto hablan, aunque me desperté antes de ver la famosa luz.
-¿Para qué se está preparando?
-Pues mire, llevo ya tres o cuatro o cinco años preparándome para... morir. Soy un hombre muy creyente -católico, apostólico y romano-, que está convencido de que la fe es un don, que yo tengo. Me estoy preparando para la otra vida, sí.
-¿Qué hace?
-Por ejemplo, empiezo el día muy temprano escuchando misa en el Convento de las Hermanas de Cristo Crucificado, en Villa Pilar. Todas la mañanas rezo laudes con las monjas; rezo, medito, oigo una misa rápida y cojo el coche y me vengo para el puerto. Y me encuentro muy bien, la verdad.
-¿Está en paz con Dios y con los hombres?
-Con Dios sí porque, aunque de vez en cuando peco, Él es misericordioso. ¿Con los hombres? Con casi todos. Le voy a decir una cursilada...
... si le apetece, adelante.
-¡No tengo más enemigos que los que lo son de España! Qué bonito, ¿verdad? ¡Qué cosa más tonta, coño! (Risas).
-¿Qué consigue enfadarle?
-Me irrito, pero momentáneamente, cuando veo que se me trata con injusticia. Claro..., yo soy el mayor admirador de mí mismo, lo reconozco porque no me gusta mentir y soy de buena condición y nada perverso.
-¿Nada?
-En absoluto, lo que no quiere decir que a veces no tenga mucho genio, me ponga violento e incluso tenga muy mala leche. Y también reconozco que muchas veces, la mayoría sin querer, acogoto, avasallo. Pero enseguida me doy cuenta e intento rebobinar. Y lo que no me cuesta ningún trabajo es pedir perdón de todo corazón.
-¿Qué le dejó extasiado?
-Mi mujer, cuando la conocí, sí, sí. Ella estaba de veraneo en Santiago de la Ribera. La vi sentada con unas amigas, en el club de regatas, y me quedé tan absolutamente extasiado que... ¡me casé con ella! Y el éxtasis todavía no se me ha pasado.
-¿De qué está seguro?
-De que las cosas buenas que he tenido en esta vida han sido muy superiores a las pocas cosas malas que me han pasado.
-¿Qué estuvo a punto de hacer y no hizo?
-Ser piloto. A través de un tío de mi mujer, que era general, me admitieron en la Milicia Aérea Universitaria (MAU), porque entonces tenías que estar muy enchufado para ingresar en ella; y, cuando ya tenía prácticamente mi plaza segura, cometí un pecado de soberbia y me quedé con las ganas de volar.
-¡Vaya por Dios!
-¡Vaya por Dios, sí! Qué mala consejera es la soberbia, qué cosa tan ridícula y tan nefasta.
-¿Cómo va por la vida?
-Voy siempre a pecho casi descubierto, y cuando hago algo mal tampoco me escondo.
-¿De qué está más orgulloso?
-¡Yo es que me quiero mucho! Creo que soy buena persona y que he intentado cultivarme y no dejar nunca de tener inquietud por el conocimiento. Estoy muy orgulloso, por ejemplo, de ser buen amigo de mis amigos, y de intentar aprender de todo el mundo: del más humilde y del más poderoso.
-¿Qué le ha dejado huella?
-Cristo, muchísima. Y mi abuelo, mi padre y mi madre, que no se parecían en nada. De mi abuelo aprendí que la palabra dada y el darse la mano eran mucho más importantes que la firma de un papel. Y el caso es que luego, a lo largo de mi vida profesional, en varios momentos lo he pasado mal porque yo había entendido que nos 'dábamos la mano' y, luego '¡ni mano, ni leche!'.
-De su infancia, ¿qué recuerda?
-En nuestra casa jamás hubo tristeza. Yo he sido muy afortunado.
-'Sexo, drogas y rock and roll'. Sírvase usted mismo.
-¿Sexo? Doy gracias al cielo porque todavía me permite disfrutar de esa maravilla. ¿Drogas? Nada de nada, no me he fumado ni un porro. ¿Rock and roll? Me gustaba mucho escucharlo, pero para bailarlo me parecía un poco circense.
-¿Qué aprendió?
-De entrada, yo respeto a todo el mundo, pero a mí que no me toquen las narices; no me da la gana de dejar que me las toquen.
-¿Con qué disfruta?
-¡Viendo felices a los demás, sobre todo a los demás a los que quiero, a mi familia! Ayer comimos todos juntos en un chiringuito y para mí fue un día mágico.
-Cada día, ¿qué no deja de hacer?
-Antes de acostarme, hago todas las noches, sin excepción, dos crucigramas.
-¿Qué le indigna?
-Violencia, ordinariez y sectarismo. Las tres cosas no las soporto.
-¿Cómo va de bien su conocida mala relación con la alcaldesa de Cartagena (Pilar Barreiro)?
-Lo sé: hay un punto de morbo en todo esto de decir 'la alcaldesa de Cartagena y el presidente del puerto no se llevan bien'. Reconozco que puede tener su morbo esta historia, y que da 'vidilla' y alimenta el cotilleo y los chascarrillos y todo eso, pero le puedo decir que esta 'mala relación' nuestra no está documentada. A mí lo que me consta es que la alcaldesa me tiene aprecio, igual que este modesto presidente se lo tiene a ella.
-Claro que sí... ¿Qué batalla ha dado por perdida?
-La de no envejecer. La cosa no tiene solución.
-¿Qué no tiene ya importancia?
-Mi porvenir ya no tiene ninguna importancia.
Langostino
-¿A qué no está dispuesto?
-A venderme.
-¿Cómo es usted aunque no lo parezca?
-Enormemente sentimental.
-¿Una manía?
-Morderme las uñas alguna vez, algo que odio.
-¿Dónde se siente feliz?
-En mi casa (en Santo Ángel), que es mi castillo. Allí tengo lo que más quiero: mi mujer, mis libros y mis recuerdos. Tengo un patio con un par de naranjos, una palmera y una fuente, en el que me siento a leer y estoy encantado.
-¿A qué juega?
-Al ajedrez con el ordenador.
-¿Dónde se pierde?
-En el mar, inexorablemente. No hay cosa que más cambie tu mente que la inmensidad del mar. Es como si te pasaran una goma de borrar por la cabeza, te quedas nuevo. Navegando desconectas por completo de todo, te cambia la vida, te sientes libre, vivo, feliz.
-¿Tiene barco?
-En este momento, no. Tuve el 'Cachalote', tuve 'El Zorro', tuve 'El Galupe'... Ahora, cuando puedo, utilizo el del puerto; me pago yo el combustible y como gracias a Dios tengo titulación suficiente, no preciso de marinería.
-¿De qué equipo de fútbol es?
-Forofo del Barça, pero ahora estoy regular con mi equipo. El día en que Joan Laporta quitó la bandera española de la explanada del Camp Nou y de La Masía, le escribí una carta y le dije: «Considéreme en 'stand-by' hasta que usted se vaya».
-¿Qué viaje no ha olvidado?
-Estambul me sorprendió, Viena me cautivó, pero Berlín me impactó porque la visité dos días después de haber caído el Muro, acojonante, acojonante.
-¿Qué se tiene prohibido?
-Comer cosas indigestas y beber en demasía; me sienta fatal.
-¿Se mima mucho?
-Sí y no. Me gusta mortificarme de vez en cuando, ¡aunque no llego al cilicio ni a los azotes! (Risas). Por ejemplo, el ayuno es sanísimo y buenísimo. Y dejar de darse caprichos de vez en cuando, también.
-¿Cocina?
-¡Sí!, el Señor me ha dotado, sin duda, para preparar arroces para mucha gente; se me dan de maravilla. ¡Siempre triunfo totalmente!
-¿Pone la lavadora?
-No, pero todos los días la mesa la recojo yo y friego la vajilla: a mano los cubiertos, y en el lavavajillas los platos.
-Dígame algo de los bancos.
-Te dan un paraguas cuando hace sol y te lo quitan cuando llueve.
-¿Tiene complejos?
-Me hubiera gustado no perder el pelo a los treinta años. Una vez me puse una peluca, que me tejieron en Valencia y en la que me gasté un dinerillo. ¡Pero, chico, qué sensación más poco natural, me duró la peluca puesta un día!
-¿Qué sabor recuerda?
-El de los langostinos del Mar Menor. Chupar las cabezas de esos animalicos no tiene precio, ¡bueno, sí, sí, claro que tiene precio!
-¿Quién le hubiera gustado ser?
-Un cardenal del Renacimiento o un noble de la Ilustración.
-¿No le dan ganas de hacer las paces con Greenpeace? (Prohibió la entrada al puerto de Cartagena del 'Rainbow Warrior' en 2006).
-Son sectarios. Ecólogos somos todos o casi todos, no solo ellos. Pedro García, el de Anse, 'el peluca', un día aquí, en mi despacho, hablando del tema de la Sierra de la Fausilla, declarada zona ZEPA (Zona de Especial Protección de Aves), porque dicen que una vez se vio por allí al camachuelo trompetero, que es un gorrión africano que es una puta mierda, nos dejó clara una cosa. Al final reconoció que «gracias a que a Bruselas nosotros la convencimos de que allí había camachuelos trompeteros, ahora la zona es ZEPA y os jodeis». ¡Y por culpa de ese camachuelo trompetero por poco no podemos ampliar Escombreras! Esa es la mentalidad de esta gente, que además han descubierto, espléndidamente bien, cómo vivir de ese cuento. El ecologismo de verdad, el sensato, es otra cosa. El ecologismo de verdad, ¡ole los cojones! Pero el otro, ¡me cago en la mar!
-¿Quién fue su maestro?
-Mi gran maestro fue Joaquín Garrigues. Recuerdo que lo llamaron un día para que les dijera unas palabras a las juventudes de la UCD, que estaban reunidas por aquí por Murcia, y lo que les dijo fue: «Qué pena me dais, yo a vuestra edad estaba follando; ¡es que estáis tontos, cojones!».
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Adrián Ángel Viudes, en el Puerto de Cartagena. :: PABLO SÁNCHEZ / AGM




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