«¿Hueles eso?», pregunta una jubilada a su nieta mientras se adentra tranquilamente en el agua. «Exacto. Nada», contesta riéndose alegremente. Acaban de llegar a la playa y ambas van camino del primer chapuzón del verano. La sorpresa que se han llevado es «agradable». Sabían que algo había cambiado este verano en Los Urrutias por las noticias que se habían publicado en la prensa, pero aun así, querían comprobarlo. Ya en bañador y en la orilla, las horas de playa prometían ser más llevaderas. No es que la orilla del mar esté reluciente. Pero, por primera vez en siete años, Los Urrutias ya huele a lo que un día dejó de oler: a mar, a salitre y a algas.
Por primera vez en siete años, como ha comprobado 'La Verdad' en un recorrido por la zona, los vecinos y veraneantes están más tranquilos y no plantean movilizaciones ni protestas por el estado del Mar Menor. En esto tiene mucho que ver que consiguieran que Costas quitara en marzo dos de los siete espigones que delimitan la zona de Los Urrutias. Uno de ellos estaba situado frente al pueblo y el otro, que era el que más les preocupaba, frente al Aula de la Naturaleza y el Jardín del Trovo.
La eliminación de ambos diques se nota sin duda. Ha desaparecido el hedor que se acumulaba alrededor de los espigones. Y es que la ausencia de corrientes provocaba la acumulación de las aguas.
«Nos hemos quitado un gran peso de encima», comenta Juan Martínez, presidente en funciones de la Asociación de Vecinos hasta el 21 de agosto, cuando celebrarán las elecciones. Los pasos para conseguir un informe favorable de la Demarcación de Costas para eliminar dos de los diques más problemáticos de Los Urrutias no fueron tarea fácil. «Estuvimos peleándonos con Francisca Baraza (jefa de la Demarcación de Costas en la Región) meses hasta que, tras muchas presiones y conversaciones con Murcia, nos hicieron un informe en el que ellos mismos admitían que era posible que la longitud de los espigones y la orientación no fuera la adecuada y que podían entorpecer la corriente. No tenían más remedio que quitarlos», cuenta el responsable vecinal a 'La Verdad'.
Aparte de que los veraneantes puedan pasear por la arena sin tener que taparse la nariz, se ha conseguido más superficie de playa. Los Urrutias tiene una extensión de tres kilómetros aproximadamente. Los espigones restaban terreno y el lugar donde estaban apenas era utilizado por los bañistas. «Los vecinos me han felicitado. Ahora ya no tienen que situarse tan cerca unos de otros», relata feliz Juan Martínez.
Más espacio
La diferencia se nota. Los veraneantes se suelen poner desde la zona del puerto hacia Punta Brava, cuyo estado destaca para bien. Y confiesan que esta zona del Mar Menor «no es tan turística» como La Manga, pero que, aun así, «se agradece tener más sitio para bañarse y no tener que soportar esos olores que teníamos antes». «Nos daba hasta asco venir a la playa», afirma Paqui Martín.
Aun así, el proceso de regeneración de Los Urrutias avanza a paso lento. En un principio los vecinos querían que eliminaran los siete espigones. Ya han quitado dos y se darían por contentos si Costas eliminara el que está próximo al puerto. «En el puerto es donde más se acumula la suciedad. Vinieron a limpiar la orilla de la zona el año pasado, pero este verano ya no han venido. Como no es una solución definitiva...», advierte el portavoz vecinal.
Suciedad aparte, «el agua pica y hay muchas medusas», aseguran un estío más los asiduos de la zona. «No puedes andar sin tropezarte con dos o tres medusas. Yo vengo a la playa a descansar y a disfrutar de un buen baño y no a tener que preocuparme dónde piso para que no me rocen», comenta indignada Rosa Flores: «Desde luego que, para pasarlo mal, prefiero asarme de calor en la arena y ya me ducharé en casa».
La presencia de tantos celentéreos la achacan a la rotura de las redes de protección. «Aquí pasan los barcos como 'Perico por su casa' y si se llevan un trozo de red, nos toca fastidiarnos. Como no hay ningún tipo de control, pasa lo que pasa», dice Matilde Sánchez con un par de medusas a plena vista. También hay que tener en cuenta que este año empezaron a retirar las medusas de la costa hace un par de semanas.
El primer chapuzón de la temporada no gusta a todos. Hay quien, como Antonio Ruiz, sale del agua tras estar apenas cinco minutos a remojo: «Pica. El agua pica más que otros años. Será por culpa de las medusas». O tal vez no. El portavoz de la Asociación de Naturalistas del Sureste (ANSE), Pedro García, cree que eso se debe a «los residuos químicos que vierten las depuradoras y que llegan a la laguna». «Ahora es cuando nos damos cuenta de que el Mar Menor se está muriendo, pero es por la construcción masiva de puertos. La gente debe tener también en cuenta que esto es una laguna, no una zona de playa turística como La Manga», argumenta.
Sin embargo, hay un pequeño espacio al que los veraneantes han empezado a acudir y ya se bañan allí sin contemplaciones. Es la desembocadura de la rambla de El Albujón. Ya no queda ni rastro de esa maloliente agua espumosa y los dos tubos que vierten el agua de la depuradora de Los Alcázares solo conducen un líquido casi cristalino.
Por ese motivo, no es raro encontrarse con algún bañista que acude a la zona, menos frecuentada que las zonas de Los Urrutias, Punta Brava y El Carmolí, a pegarse un remojón. Y parecen disfrutarlo.