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Ideas que matan

01.08.11 - 01:06 -
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La matanza de la isla de Utøya es el resultado de las políticas del odio. En un país pacífico, solidario, sin miedo y civilizado como pocos, ha crecido en los últimos años un discurso ultraderechista que pone en jaque las bases definitorias de ese paradigma de la socialdemocracia que es Noruega. Así, la extrema derecha presenta a la inmigración como una puesta en cuestión del propio Estado y una amenaza para la forma de vida de los blancos puros; el discurso del odio presenta a los socialistas gobernantes como unos flojos buenistas, que con sus políticas políticamente correctas se dejan invadir por quienes son una amenaza para nuestra civilización occidental. ¿Les suena?
Anders Behring Breivik es un terrorista con discurso. Se embebe de esas políticas del odio y se convierte, a su vez, en difusor de ellas. Siente que su patria, blanca y cristiana, está en peligro, que el Gobierno socialdemócrata es incapaz de aplicar mano dura contra los enemigos de la patria, y se viste de cruzado contra el mal y sus tontos colaboradores. Con el narcisismo inherente a los fanáticos terroristas, se cree capaz, él solo, de salvar a su país y devolverlo al orden anterior al mestizaje. No es el único terrorista que piensa lo mismo. En 1995 Timothy McVeig, veterano blanco de la Guerra del Golfo, asesinó, él solito, a 168 norteamericanos con un coche bomba en Oklahoma. También sentía que su patria estaba en peligro. Lo contaba el periodista y escritor Stieg Larsson en sus reportajes en la revista 'Expo', creada por él para combatir a la extrema derecha en Suecia. Extrema derecha que Larsson veía conectada ideológicamente en Suecia, Noruega, Finlandia, Holanda y Dinamarca. Larsson temía un atentado como el de Oklahoma en Suecia. Ha sido en Noruega.
Breivik pone a Rodríguez Zapatero como miembro del Imperio del Mal y le duele que una mujer, y embarazada, sea ministra de Defensa. El criminal noruego es misógino, profundamente machista. Aquí, en España, todos los días podemos leer, ver y escuchar discursos de idéntica dureza, o más graves aún, contra la inmigración, contra los musulmanes, contra mujeres y homosexuales, contra los flojos socialistas, equiparados con los terroristas hasta la náusea, culpables del 'papeles para todos', responsables de cargarse la familia con los matrimonios gays, laicos y blandos pacifistas que se van de Irak…
La matanza de Utøya demuestra que hay ideas y palabras que matan. Que antes de que un terrorista ametralle a los considerados enemigos se ha construido un discurso del odio, que convierte a la víctima en el mal y al victimario en el bien. Aquí lo sabemos de sobra: hay ideas y palabras que matan.
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