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Un empate, diez euros

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Un empate, diez euros

30.07.11 - 00:56 -
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Un empate, diez euros
Foto: NACHO GARCÍA / AGM
En años como 2004, 2005, 2006 y en adelante, los billetes de 100 euros se movían con total normalidad por los campos de Tercera. Entonces, pagar a jugadores vascos, catalanes, andaluces o gallegos sueldos mensuales de 3.000 o 4.000 euros era una práctica habitual. El Mazarrón, por poner un ejemplo, ascendió a Segunda B en la temporada 2006-2007 con un presupuesto que rondaba los 1,3 millones de euros.
Esta temporada, en el mismo grupo XIII en el que militó el equipo costero, el UCAM Murcia, uno de los aspirantes al ascenso que la pasada campaña se quedó a las puertas de Segunda B, contará con cerca de 130.000 euros. O sea, para un mismo objetivo, un presupuesto diez veces menor. El Mazarrón, en los años del ladrillo, no estaba solo y equipos como el Mar Menor, Pinatar, Sangonera, Orihuela o Águilas disponían de una chequera parecida para aspirar a la categoría de bronce del fútbol español.
Lo peor es que tan brutales desembolsos no repercutían en el fútbol de base murciano y dejaron la economía del fútbol regional temblando. El desembolso era tal, coincidiendo con el desembarco de las empresas constructoras con intereses económicos en los ayuntamientos, que en la campaña 2005-2006, la de la llegada de Monje Carrillo a la Federación Murciana, sólo el 41,26% de los jugadores del grupo XIII habían nacido en la Región.
Hoy, después que los efectos devastadores de la crisis del ladrillo hayan dejado sin recursos a nuestro fútbol, paradójicamente encontrar a jugadores murcianos cerca de Segunda B es mucho más fácil: «Es preferible que los equipos no sean tan aspirantes a ascender a Segunda B como antes y que, sin embargo, estén llenos de murcianos. Es el primer paso. En el norte de España nunca se fichaba a jugadores de fuera. Se les formaba y cuando cumplían los 25 o 26 años, nos los traíamos nosotros y les pagábamos una millonada», afirma José Miguel Monje Carrillo, presidente de la Federación Murciana de Fútbol.
De hecho, el número de murcianos en solo seis temporadas ha aumentado hasta un 70% en Tercera, sin incluir el porcentaje de jugadores hijos de inmigrantes que viven en Murcia y que oficialmente no cuentan como murcianos, aunque lo sean a todos los efectos. En Preferente, el número de murcianos es mayor, con presencia de un 90%. En el resto de categorías territoriales el número de murcianos ha aumentado desde un 60% hasta un 85%. El efecto dominó producido por la crisis del ladrillo desencadenó la huida de los 'mercenarios' del fútbol y la obligación de los clubes murcianos de mirar para abajo, hacia sus respectivas canteras.
El Plus Ultra, el precursor
El Plus Ultra introdujo hace tres temporadas, coincidiendo con su ascenso a Tercera, un nuevo modelo de pago a sus jugadores. En la campaña 2009-2010, el equipo de Llano de Brujas instauró una tarifa por la que pagaría a sus jugadores 20 euros por jugador y por partido en caso de derrota, 30 euros en caso de empate y 60 euros en caso de conseguir los tres puntos.
La pasada campaña y ajustando los parámetros económicos a una crisis cada vez más galopante, el Plus Ultra pagó 15 euros por partido y por jugador en caso de derrota, 25 euros en caso de empate y 50 euros por la victoria. En la temporada 2011-2012, que comenzará el próximo 21 de agosto, el Plus Ultra volverá a utilizar la tarifa de la pasada temporada. «El modelo no debe ser malo cuando hemos tenido en pretemporada probando con nosotros hasta 55 jugadores en categoría juvenil que han llegado desde equipos como el Real Murcia, Costa Cálida o Dolorense», afirma Jesús Zapata, secretario del Plus Ultra y uno de los precursores, junto a Cholo, de tan revolucionaria idea.
Muchos equipos en el grupo XIII de Tercera adoptaron el nuevo modelo. Uno de ellos, el Bala Azul, pagó la pasada temporada 10 euros por cada punto obtenido y esta campaña espera repetir, aunque quizás los problemas económicos hagan que la cantidad por punto obtenido sea menor. Otro de los que se apuntó al nuevo sistema fue el Club de Fútbol Molina de José Cutillas. Esta temporada abonará de una cantidad por punto obtenido, un porcentaje fijo y contará con un presupuesto que rondará los 100.000 euros. Eso sí, a diferencia de otros modelos, los clubes que lo abrazaron acabaron en casi todos los casos con las cuentas a cero o con un ligerísimo superávit, como el Plus Ultra, que obtuvo 600 euros.
El modelo impuesto por el Plus Ultra tiene grandes ventajas para Jesús Zapata: «La pasada temporada, a ocho jornadas del final no nos jugábamos nada y los jugadores salían a morder igual. Para chavales jóvenes no es lo mismo disponer de 15 euros para el fin de semana que de 50. Si se hiciera en Primera y en Segunda se evitarían situaciones raras al final de la competición». Monje Carrillo va más lejos: «Es un sistema que conciencia al jugador y su entorno de lo que es el fútbol en realidad. Los jóvenes seguirán estudiando por su bien. Pagar a un cadete o a un juvenil es de locos».
Pero es tal la situación de crisis que también existen equipos en Preferente y Tercera en el que los jugadores hasta pagan por jugar. La Minera, equipo fundado en 1927, acaba de ascender a Tercera y será uno de los más modestos del grupo XIII: «La Minera es una ONG, con gente del pueblo y de Portmán, El Algar o La Unión. Nos regimos por el amor a los colores y por amor al arte. Lo único que tenemos aquí es una barbacoa para hacer nuestras fiestas. Ahora estamos arreglando el campo con nuestras propias manos. Uno tiene que gastarse lo que tiene y así es como debe ser el fútbol en Tercera», afirma Bienvenido Gallego, presidente de la Minera y motor del fútbol en la localidad.
El Efesé de Paco Gómez Meseguer es otro de los que no se puede permitir grandes dispendios: «Aquí no cobra nadie, los jugadores no son profesionales y juegan por amor al fútbol, por amor al deporte. A nuestro club no deja de venir gente para intentar jugar con nosotros», afirma José Sánchez Raja, su coordinador. El Efesé corre con todos los gastos de fichas y desplazamientos y sólo de vez en cuando se puede permitir alguna bonificación.
«La crisis ha propiciado que juegue la gente joven y que haya en otros equipos hasta jugadores que se pagan sus propias fichas». Para Sánchez Raja esto será beneficioso para el fútbol murciano y para la formación intelectual de los jugadores: «Los jugadores ahora se centran más en estudiar y sueñan menos. En nuestro equipo de Tercera tenemos abogados o ingenieros. Hasta uno de nuestro chavales se va este año con una beca Erasmus», afirma el coordinador del Efesé.
Pero en el fútbol murciano también se encuentran casos de jugadores que tienen que rascarse el bolsillo para poder jugar al fútbol. Es el caso de los jugadores del Muleño, equipo que milita en categoría Preferente. La directiva encabezada por Antonio Requena tuvo que hacerse cargo la pasada campaña de deudas de la antigua directiva e implantó unas medidas que permitieran la continuidad del club: «Los jugadores tuvieron que desembolsar 100 euros al comienzo de la temporada. Se les dieron diez abonos a cada uno para vender por la voluntad, para amortizar lo que pagaron. Al final de temporada se le devolvieron 50 euros. Esta temporada haremos lo mismo, el modelo funcionó bien», afirma Requena.
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