Si el emperador romano Augusto levantara la cabeza y viera en qué situación está el Anfiteatro de Carthago Nova, se disgustaría sobremanera. Y es que el yacimiento arqueológico del siglo I situado en el subsuelo de la antigua plaza de toros se ha transformado en un lugar frecuentado por prostitutas, en zona de improvisados botellones e incluso en un mini vertedero en el que se amontonan botellas de cristal, vasos de plásticos, cartones, papeles, restos de preservativos y de comida, así como excrementos humanos.
El yacimiento está vallado con una alambrada metálica de un metro y medio de alto, aproximadamente. Pero en todo el perímetro está rota por varias zonas que sirve de acceso a cualquier persona. Incluso a expoliadores. Una de las aberturas da a la calle Linterna, junto al bar Paco, ubicado en la plaza del Hospital. Otro gran agujero está en la plazoleta por la que se accede al Pabellón de Autopsias.
Esa parte del yacimiento, a pesar de ser muy transitada por turistas que visitan el centro de interpretación de Puerto de Culturas, está llena de suciedad. Una tela de color rojo y azul cubría en su día la valla, pero ésta fue arrancada y el interior del yacimiento arqueológico puede ser observado por cualquier visitante que se dirige al museo.
Restos de comida, cristales, plásticos, papeles e incluso bolsas de basura se acumulan en la zona, dando mala imagen al visitante. El fuerte olor es casi lo peor: procede de los orines y excrementos sembrados por toda la zona arqueológica.
'Botelleo' en el yacimiento
Quien mejor conoce la situación en la que se encuentran los restos del Anfiteatro es el personal de seguridad del Pabellón de Autopsias. Uno de ellos, cuya identidad prefirió mantener en el anonimato, relató a este diario el ir y venir continuo de prostitutas con sus clientes, sobre todo a mediodía y cuando cae la tarde. Cuenta que se meten por el boquete sin ningún pudor. Incluso ha encontrado a jóvenes bebiendo en su interior y cerca de los restos.
En el interior, los hallazgos no están delimitados ni señalados, y en su mayoría no están cubiertos con lonas para protegerlos de las inclemencias del tiempo o de posible intrusos, como pudo comprobar ayer 'La Verdad'. Los matorrales comienzan a adueñarse del terreno, en el que ya prácticamente no se pueden distinguir parte de los restos hallados en la última excavación.
La impresión es que la aparición de una parte del graderío bajo, de cinco alturas; un pasillo de acceso a la arena (donde había lucha de gladiadores) y diversas estancias de servicio con sus arcos de entrada no son razones suficientes para que el yacimiento esté en mejores condiciones de conservación.
Huesos esparcidos
En la zona hay numerosos restos humanos sin proteger. Son los vestigios de lo que un día fue un cementerio improvisado del siglo XVIII. Una epidemia de peste dejó cientos de muertos en la ciudad y allí yacen la mayoría de aquellas personas, enterradas en fosas comunes y cubiertas entonces con cal.
Los restos de esqueletos están esparcidos por gran parte del yacimiento al que puede acceder cualquiera.
Una de las estancias de servicio excavadas durante la última campaña arqueológica está llena de papeles, excrementos y restos de pequeñas fogatas. Esa misma habitación tiene en el techo una abertura, de casi un metro de diámetro, que da directamente a la zona donde está el boquete en la alambrada y que supone un gran peligro para la persona que se meta por ahí.
El Anfiteatro Romano de Cartagena está catalogado entre los cinco yacimientos más importantes de España (en realidad, de la llamada Hispania Romana) por su carácter monumental. La construcción, según los arqueólogos, está datada casi de manera paralela al Teatro Romano: es decir, a principios del siglo I Después de Cristo.
La última campaña que realizaron los arqueólogos fue a principios de este año y estuvo financiada con 600.000 euros por la fundación que tutela el yacimiento, compuesta por la Comunidad Autónoma y Ayuntamiento. Finalizó a principios de mayo.
De ese presupuesto, algo más de la mitad se ha destinado a los gastos del andamiaje que sostiene los muros de la antigua plaza de toros, y el resto a contratar las escasas actuaciones para la consolidación de los restos arqueológicos hallados. Cada mes, el Ayuntamiento gasta 29.000 euros en los andamios.
Desde entonces, el yacimiento está abandonado, algo que se ha denunciado en varias ocasiones en los plenos por los grupos municipales de la oposición. Por el momento, desde el Ayuntamiento y la Comunidad prometieron tomar cartas en el asunto para limpiarlo, para que el Anfiteatro deje de mostrar su cara más sucia.