- No me he desencantado de nada porque he ido con pies de plomo y no me he dejado llevar más de la cuenta por los cantos de sirena. Sin grandes sorpresas ni grandes decepciones, más allá de número de ventas, ediciones y lectores. Quizá haya perdido un poquito, solo un poquito, el anonimato, pero no es algo que ocurra con una frecuencia preocupante.
- ¿Qué ha ganado?
- De todo. He viajado a muchos lugares distintos, me he acercado al mecanismo de algunas industrias culturales, he conocido a mucha gente interesante&hellip, he ganado experiencia vital.
- ¿Cómo son los entresijos de la literatura por dentro?
- Es un mundo curioso, entretenido y muy movido; todo el mundo piensa mucho. Es divertido. La gente es amable, intento presuponer que con sinceridad.
- ¿Y la cosa esa de las puñaladas traperas?
- Dicen que las hay, yo, si las he recibido han debido ser muy livianas y no me han dejado marca. Estoy entera, de momento.
- ¿En el mejor de sus sueños esto era remotamente posible?
- No me lo había planteado jamás. Todo es culpa y mérito de los lectores: se han contagiado unos a otros con entusiasmo y se ha creado una extraña y extensa tela de araña.
- ¿No me diga que se ha transformado usted en una especie de 'madre araña'?
- No lo sé. Lo digo en serio, no lo sé. No es lo común, lo reconozco; pero para mí no ha sido tampoco un tsunami.
- ¿Qué se siente al ser famosa, conocida, saludada, incluso besada?
- Gratitud, satisfacción y mucha incredulidad. Yo soy muy poco mitómana y escasamente dada a los saraos multitudinarios. Solo puedo estar agradecida.
- ¿Qué es lo más raro que le ha dicho un lector?
- Un día me presentaron a una niña que se llamaba Sira, como la protagonista de la novela, porque la madre la había leído durante el embarazo. En Sant Jordi me pidieron que firmara un ejemplar para un muerto porque le estaban construyendo una biblioteca póstuma.
- ¿Qué se dedica a un muerto?
- Me quede un poco helada, pero había gente esperando y tenía que reaccionar y creo que fue algo así como 'que disfrutes de esta historia allá donde estés' o algo igual de surrealista.
- ¿Qué hace usted para no levitar y no vivir en una nube?
- Es muy fácil. En casa tengo dos hijos adolescentes, lo que te pone en tu lugar nada más abrir la puerta. Sigo con mi vida de siempre; por un lado está lo profesional, a lo que hay que dedicar tiempo, dedicación y rigor, y por otro la 'normalidad'. No me veo a mis 46 años perdiendo la cabeza, quizá sea demasiado pragmática pero no tengo que realizar ningún sobreesfuerzo ni pellizcarme para no despegar los pies del suelo y mantener la perspectiva.
- ¿Asusta la segunda novela?
- No me quita el sueño pensar qué va a pasar. Sigo trabajando con las mismas ganas, ilusión y dedicación y veremos hasta dónde puedo llegar&hellip, hasta donde quieran los lectores.
- ¿Le dejan, dejamos, tiempo para escribir?
- ¡Poco! Esta primavera ha sido nula, pero queda tiempo por delante. Me organizo bien y se encuentra correctamente encauzada.
- ¿Cuántas horas dedica cuando le dejan?
- Todas las que puedo. Tengo mucha capacidad de trabajo y puedo pasarme diez horas sin moverme del ordenador. La vida te obliga a hacer muchas cosas a la vez y optimizar al máximo tiempo, aunque yo en ocasiones necesito días de 36 horas.
- Ya no hay papeleras en las habitaciones de los escritores, pero ¿esa hipotética y antigua papelera está muy llena?
- No mucho. Voy a tiro fijo y trabajo sobre seguro; le doy muchas vueltas al texto antes de encender el ordenador. No temo al folio en blanco.
- ¿Qué hace usted para poder sonreír tan a menudo?
- Comienzo por reírme de mí misma. Vivo un momento muy dulce, aunque en ocasiones sea agotador y parezca que me chupan la sangre y la energía.
- ¿Qué le hace reír?
- Miles de cosas. Un buen chiste, una tontería bien contada, una película divertida, un buen libro de humor&hellip
- ¿Recomiéndeme un libro de humor?
- Cualquiera de Antonio Orejudo, un tipo genial; el último, por ejemplo, 'Un momento de descanso'.
- ¿Qué le hace llorar?
- Lloro poco, más por una situación absurda que me saca de quicio que por sensiblería. Intento llorar por pocas cosas. Soy más pragmática que romántica.
- Se han cumplido 50 años de la muerte de Hemingway, el escritor que dijo: «Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar». Brindemos por Hemingway. Haga usted los honores, aunque beba coca cola...
- Por uno de los grandes maestros, un temperamento arrollador y una literatura maravillosa. En la próxima novela aparecerá la palabra Hemingway.
- ¿Qué es el amor?
- Un afecto sublime que no siempre se atiene a razones, que en ocasiones se deposita en alguien acertado y otras en un lugar equivocado, como ocurre en mi novela.
- ¿Le gustaría hacer un 'cameo' en la serie sobre su novela?
- Estaba previsto e incluso tenía la ropa preparada; estuve en Tánger en el rodaje, me acodaba en el piano junto a un pianista fantástico mientras las protagonistas tomaban un cóctel&hellip, pero no lo hice.
- ¿Por qué?
- Porque no tenía tiempo, era perder toda una mañana&hellip y porque me inventé esa excusa para no hacerlo porque no me apetecía.
- No me diga que es una mujer muy pudorosa.
- No, pero lo mío es el libro, la serie es otro mundo distinto que necesita distancia. Mejor cada uno en su parcela.
- ¿Le gusta el reparto de la serie encabezado por Adriana Ugarte?
- Sí. Adriana encaja perfectamente y los secundarios son estupendos. Ver a esos personajes en carne y hueso no deja de ser curioso y emotivo en algunas escenas particulares.
- ¿Le interesa la perfección?
- Me interesa más la calidad de las cosas bien hechas porque en ellas se ha puesto el rigor, el tesón y el trabajo necesarios. No aspiro a la perfección como ideal de vida.
- ¿Dónde se esconde cuando no quiere ver a nadie?
- En un sofá con una novela o en una playa. Puedo estar, cuando me dejan, muchas horas sola sin ningún problema. En ocasiones necesito aislarme, pero se me pasa rápido.
- Su palabra de cabecera es...
- Alegría. Suena bien y es un objetivo vital. Aspiro a vivir en el mundo en el que, por lo menos a ratos, perviva la alegría&hellip, por cierto, esto debe ser la letra de una canción o por lo menos lo parece.





