Su imperio solo tiene dos años. Emergió con el sofoco del Mediterráneo, en Denia (Alicante), y su apuesta yogurtera saltó enseguida de Benidorm a Marbella, Sitges, Barcelona, Palma de Mallorca, Murcia... ¿Alguna ciudad española se resistirá a los encantos de su yogur natural? Parece que no. En 24 meses, el murciano Pedro Espinosa Martínez se ha convertido en el prototipo de hombre de negocios. Su invento, la cadena de heladerías Llaollao, firma líder de 'frozen yogurt' -yogur helado-, ya cuenta con 54 franquicias en España y en julio dará el salto internacional. Portugal y Marruecos serán las primeras plazas extranjeras que se rinden a esta fórmula empresarial de éxito, que ha creado ya 500 empleos en plena crisis económica y espiritual.
Poseedor de una sonrisa simpática, de ésas que inspiran confianza, y de una frente amplia y despejada, propia de los hombres inteligentes y cultivados, Pedro Espinosa -no tiene relación con los otros Espinosa, los reyes del pastel de carne y del cuerno de merengue- tuvo claro desde que andaba en pañales que lo suyo era el mundo de los negocios. Nacido en Murcia hace 27 años en el seno de una familia de empresarios dedicados a la exportación de frutas, siendo un adolescente se decantó por la Ingeniería Industrial, una carrera con la que deseaba ampliar horizontes y que le permitió vivir en Madrid, una ciudad que le abriría un mundo de relaciones y experiencias. Tras cinco años de estudios en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería ICAI, un centro docente de la Universidad Pontificia Comillas, se le presentó una gran oportunidad en la compañía de energía British Petroleum (BP). Consiguió un trabajo bien remunerado y entró a formar parte en el programa de futuros directores. De hecho, la mitad de su jornada laboral era formativa. Pura teoría. Pronto se dio cuenta de que ese no era el camino por el que deseaba encauzar su vida. Sus genes se revelaban ante un camino seguro y trazado. Su deseo de crear su propia empresa, de sentir el vértigo del riesgo, de aventurarse en algo nuevo y creativo se fue imponiendo y, finalmente, como producto de sus múltiples viajes de trabajo, le surgió la idea del helado de yogur.
Llaollao es la plasmación de sus sueños. ¿Su mérito? La combinación de placer y salud, y un producto delicioso y nutritivo cuyo consumo no está reñido con una dieta saludable y equilibrada, ya que está elaborado a partir de leche desnatada. Además, las múltiples posibilidades en la decoración, a elección del consumidor, es de lo que más entretiene al recibir la carta de la casa. El yogur puede acompañarse de frutas recién cortadas, de cereales y de salsas de distintos tipos, gustos y sabores, algo que todavía lo hace más rico y gustoso. Con el apoyo de sus padres, Pedro Espinosa dejó el puesto en BP y montó su primera heladería. Aunque Murcia siempre le ha tirado mucho -considera que es el lugar idóneo para vivir-, su primera tienda la abrió en Denia. No quería que sus primeros pasos en el mundo empresarial parecieran estar arropados por el prestigio familiar. Todos los días se desplazaba desde Murcia a Denia para seguir los preparativos y cuidar hasta el último detalle. «Era un reto interesante empezar en la cuna de la horchata y el turrón, con una fórmula tan ajena a estos sabores», asegura a 'La Verdad'. De hecho, nadie en la localidad le vaticinaba ningún éxito. Los primeros días fueron de total incertidumbre, pero su sorpresa fue que las colas en la puerta del establecimiento no cesaran.
Hasta hoy, el éxito le ha seguido rondando. Un negocio redondo. Ha pasado de pagar la leche al contado a comprar más de un millón de litros al año y sin problemas para financiarlo. Estos días sus ojos brillan de orgullo. La Asociación de Jóvenes Empresarios (AJE) de la Región acaba de reconocer su labor, otorgándole uno de sus premios como 'Empresario del año', una distinción que quiere hacer extensiva a sus padres y a su novia, con la que piensa contraer matrimonio el próximo otoño. Pero insiste en que su mayor orgullo es que todo el producto básico de su negocio se elabore en Murcia, ya que en las ciudades donde han abierto franquicias únicamente se compran los aditamentos de frutas naturales para que resulten más frescas. Siente que está creando riqueza para la Región y eso le anima a seguir creciendo. Respecto al secreto de su éxito, Pedro Espinosa lo achaca al equipo. «Sin un buen equipo nada es posible», asiente. El joven emprendedor murciano acaba de crear una sociedad master franquicia para Portugal, Healthy Taste Factory, entidad que será la responsable de desarrollar el concepto de negocio de Llaollao por toda la geografía lusa durante los próximos 12 años, donde se pretende abrir treinta nuevos locales Llaollao. En otoño comenzará su expansión por el Magreb desde Casablanca. Mientras lucha día a día por solucionar los nuevos retos que sus negocios le plantean, Pedro Espinosa se muestra satisfecho por cumplir con su sueño de niño: ser un excelente reflejo de las distintas generaciones de empresarios que se funden en sus padres y crear riqueza en su comunidad.
De momento, en Murcia, si es de esos pocos que aún no se han dejado llevar por el resplandor verdiblanco de la marca, pueden conocer sus manjares en la plaza de Santa Isabel y en Santo Domingo. Pronto llegarán también a Cartagena, Lorca, Elche, Torrevieja y Madrid.