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Un milagro en la tragedia

REGIÓN MURCIA

Un milagro en la tragedia

12.05.11 - 03:26 -
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Un rayo de esperanza. Una sanitaria saca de los escombros a uno de los hijos de la mujer fallecida. :: Foto: NACHO GARCÍA / AGM | Vídeo: Marcos Martínez / laverdadtv
Primero vino el temblor, un fuerte movimiento acompañado de un sordo rugido. Inmediatamente, una columna de humo se elevó sobre el barrio de La Viña, a la entrada de Lorca. Al minuto, el caos. Un equipo de 'La Verdad' llegaba justo en ese momento a la barriada, que ya se había visto afectada por el primer seísmo, y se encontró de bruces con la tragedia. Decenas de vecinos huyendo a los descampados presa del miedo, un maremágnum de peatones y coches tratando de avanzar inútilmente entre el desconcierto, rostros demudados. El humo apuntaba en una dirección: la calle Infante Juan Manuel.
«Mi casa se ha venido abajo», gritaba una mujer con el codo ensangrentado. Al volver la esquina, un fuerte olor a gas y la polvareda confirmaban todos los temores: un bloque de tres alturas se había derrumbado como un castillo de naipes. Los bomberos ya habían llegado y trataban de poner orden en el caos. En el suelo, el cadáver de una mujer de 37 años. «Se le ha caído el edificio encima. Iba andando por la calle con sus dos hijos en dirección al jardín, para ponerse a salvo», relataba un vecino que trataba de retirar escombros. «Pero si acababa de verla viva, esto no es posible», acertaba a comentar entre cascotes. Los bomberos pedían a gritos silencio, en una búsqueda angustiosa, desesperada, de los menores. No había rastro. Así que ni los fotógrafos de prensa pudieron aguantar las lágrimas cuando los dos aparecieron sanos y salvos, conmocionados pero vivos, llenos de polvo y sin comprender seguramente lo que acababa de ocurrir.
Dos personas más fueron rápidamente rescatadas: un hombre que consiguió salir por su propio pie y una mujer a la que trasladaron en camilla hasta una ambulancia, sin daños aparentemente graves. Pero, al cierre de esta edición, nadie podía decir si debajo de las ruinas había más atrapados. Los perros de los bomberos siguieron olfateando el terreno mientras llegaban refuerzos desde Murcia y desde toda la Región. Los profesionales cruzaban los dedos: la única esperanza es que seguramente la mayoría de inquilinos habían abandonado sus casas tras el primer temblor, movidos por el temor a las réplicas.
Un edificio de diez años
María Ayala, que vive justo en el edificio de al lado, miraba la escena sin ser capaz de asumir que donde ahora hay unos cascotes se elevaba un bloque con 15 viviendas. «Ha sido algo brutal, sentía que se me caía el mundo encima, y cuando he salido a la calle me he encontrado con esto. Dios mío, sólo espero que no haya gente dentro», sollozaba. Hubo lágrimas en la calle Infante Juan Manuel, pero también preguntas. Muchas. «Pero si este edificio tenía unos diez años, ¿cómo puede haberse venido abajo?», inquirían indignados algunos testigos.
Quienes vivían en el bloque estaban todavía en estado de 'shock'. Demasiado pronto como para poder siquiera pensar en responsabilidades. «No queda nada. Lo hemos perdido todo». En cinco segundos, Virtudes Romero perdió sus recuerdos, sus muebles, sus fotografías, las paredes, las puertas, las ventanas que forman parte de su historia. Pero estaba viva. Ella y toda su familia, y entre lágrimas se abrazaban para convencerse de que allí estaban, y de que pueden contarlo.
El barrio de La Viña es uno de los más afectados por el terremoto. Encontrar una calle sin el rastro del seísmo era prácticamente imposible. «No sé si podré volver a abrir mi taller, las vigas están afectadas», señalaba Rafael Rodríguez. «Han sido -relataba Toñi Jódar- los cinco segundos más largos de mi vida. Cinco segundos en los que me ha dado tiempo a pensar que iba a morir, y que los míos iban a morir. Estaba en el baño, y las botellas se me caían encima. Yo chillaba, y mi hijo, desde otra habitación, gritaba también». Dos enormes grietas rajaban por la mitad el Mercadona de la carretera de Granada, completamente abandonado y con las puertas abiertas. Era el escenario tras la batalla. El principio de una larga noche en la que nadie ha podido dormir.
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Bomberos y sanitarios buscaron a los dos niños bajo los escombros. :: NACHO GARCÍA / AGM