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Tras el rastro de Van Dyck

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Tras el rastro de Van Dyck

El Centro Cultural Las Claras de la Fundación Cajamurcia acoge una selecta muestra de pintura religiosa del maestro del retrato flamenco

29.04.11 - 01:51 -
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Es curiosa la historia de ese cuadro que preside la exposición en el Centro Cultural Las Claras de la Fundación Cajamurcia en esta muestra selecta de obras de temática religiosa de Anton van Dyck. Con 194 centímetros de altura por 142 de anchura, 'El martirio de San Sebastián' engrosó la colección de Felipe IV después de que, presuntamente, se lo regalase el octavo marqués del Carpio, según la conservadora de Patrimonio Nacional, Carmen García Frías, que cita a Matías Díaz Padrón, experto en pintura flamenca y exconservador del Museo del Prado.
El embajador español lo consiguió en 1651, y, con probabilidad, procedía de la almoneda de los bienes del decapitado Carlos I de Inglaterra, del cual Van Dyck había sido pintor de corte.
Felipe IV regaló está pintura al Salón del Capítulo del Prior del Monasterio del Escorial en Madrid. Misteriosamente, desapareció en 1809 durante la invasión napoleónica. Fue 'invisible' hasta 1930, en que fue visto en una colección particular en la ciudad francesa de Lyon. En 2000 fue vendido en Christie's de Londres. Y en diciembre de 2008, el Estado español compró el cuadro a la galería Weiss de la capital británica por 2.550.000 de euros (pese a los seis millones de euros exigidos en un principio). Dos siglos después regresó al Escorial -donde se exhibe entre otras dos luminosas joyas: 'David vencedor de Goliat', de Jacobo de Palma, y 'La Virgen de la silla', de Guido Reni- y ahora llega a Las Claras en una ocasión «excepcional», según los responsables de la Fundación Cajamurcia.
La peculiaridad del 'Martirio de San Sebastián' de Van Dyck reside en el momento que el pintor de Amberes escoge para la puesta en escena. Frente a la iconografía clásica del mártir asaeteado, Van Dyck elige los momentos previos al tormento del 'Apolo cristiano' y coloca en el mismo plano a víctima y verdugos. Sebastián mira directamente a los ojos del espectador, él y quien mira saben qué va a ocurrir minutos después. Sebastián ha asumido el castigo. Su mirada transmite una firmeza inquebrantable. La torsión de los cuerpos corresponde a los sayones mientras que el reo permanece casi en trance con una leve y sensual inclinación de cadera que le hace parecer aún más frágil. Una mano oscura y gigantesca sostiene su cabeza como un garfio-corona mientras otras manos le atan las piernas.
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Dos visitantes frente a 'El martirio de San Sebastián', en el Centro Cultural Las Claras. :: NACHO GARCÍA / AGM