'Daisuki' es la lectura fonética latina de la grafía japonesa que significa 'mucho cariño'. Desde luego, no se puede decir que esto constituya la piedra filosofal que el profesor Manabu Seoka atesora en su largo acervo investigador en la reproducción de peces en cautividad, pero sí un elemento destacado y constatado en sus experiencias.
Seoka procede de la Universidad Kinki (Japón) y está colaborando con el Instituto Oceanográfico de Murcia, en la planta experimental de cultivos marinos que posee en Mazarrón, al objeto de acelerar lo que técnicamente se denomina cierre del ciclo de reproducción biológica en cautividad, en este caso, del atún rojo del Atlántico. Pero claro, este experto japonés, que ya trabajó en su país para alcanzar esa meta con el atún del Pacífico, no ha llegado para empezar de cero.
Desde hace una década, el equipo de investigadores de la planta de Mazarrón, líder europeo en su campo, dirigido por Fernando de la Gándara y Aurelio Ortega, ha rebasado con éxito numerosas fases de esta complicada tarea. Ahora, con la ayuda de Seoka, pretenden acortar los plazos. Cerrar el ciclo significa obtener puestas de huevos procedentes de individuos que ya han nacido en cautividad. Alcanzada la edad adulta, la supervivencia de los atunes en cautividad ya no es problema.
Como explica de De la Gándara, «nos falta consolidar el cultivo larvario, es decir, que de larvas pasen a ser juveniles y después alcancen la madurez reproductiva».
De ahí que el trabajo actual se centre en dos campos paralelos: la crianza de juveniles en tanques-piscina en tierra y la supervivencia de las larvas. En el primer caso, una docena de juveniles pescados con curricán (no produce la muerte) están creciendo satisfactoriamente a base de sardina y boquerón, para dentro de cuatro años poder procrear.
En el segundo, este 2011 será el tercer año de cultivo larvario, con el objetivo de superar el índice de supervivencia máximo de 73 días conseguido en 2009 y de 120 días en 2010. Según Aurelio Ortega, «avanzar en la nutrición de las larvas es el gran reto para los siguientes años». Y es que estos diminutos seres miden pocos milímetros después de nacer y se alimentan de plancton.
«De sintetizar la fórmula idónea depende el éxito de nuestra empresa y Seoka tiene aquí un gran papel», apunta Ortega. Por su parte, Seoka define su labor como «trabajar en equipo y reconvertir en el día a día las técnicas que se utilizaron con el atún del Pacífico".