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El hombre que habla con las paredes

Cultura

El hombre que habla con las paredes

Muralista y artista callejero, Sam3 ha sido incluido entre los últimos 'forajidos visuales' por la prestigiosa Editorial Taschen

17.04.11 - 02:01 -
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Ilustrador y muralista. Un artista que convierte las paredes en un gran teatro de sombras con siluetas descomunales que parecen bailar, mirarnos, interrogarnos y saludarnos. El pintor de una caverna global, un grafitero heterodoxo y 'platónico'. Monumental y osado. Su nombre de 'batalla' es Sam3. ¿Fotos?, no gracias. ¿Quién es Sam 3? Una sombra escurridiza, parco en el hablar con extraños y generoso en las paredes. Nació en Elche en 1980 y se crió en Caravaca. Ahora vive en Murcia, pero mañana puede estar pintando una pared en Sicilia o en Londres. O quizás en Lisboa, o en Sebastopol, o en el muro que estrangula a Palestina. ¿Quién sabe?
Su obra ha sido incluida en 'Trespass: historia del arte urbano no oficial' (Editorial Taschen) junto a los últimos forajidos de las disciplinas visuales. Así que Sam3 se codea con Jean Tinguely, Spencer Tunick, Keith Haring, Os Gemeos, Jenny Holzer, Barry McGee, Gordon Matta-Clark, Shepard Fairey, Blu, Billboard Liberation Front, Guerrilla Girls y Banksy. Son una tribu peligrosa, capaz de alegrarnos las esquinas de nuestras cada vez más sombrías ciudades, de hacer de la próxima pared sorpresa. Pintura popular. Su obra aparece también en la película 'Exit through the gift shop' (algo así como 'Salida por la tienda de regalos') del misterioso y resbaladizo Banksy, nominada al Oscar al mejor Documental. 'Esta noche las calles son nuestras', canta en esa película Richard Hawley. Ya lo saben. Hay gente que está haciendo cosas increíbles y muy divertidas ahí fuera.
«Los artistas plantan árboles. Nosotros, los de la calle, creamos animales, con patas con vida y destino propio. Es como hablar en público. Una pared es un ser vivo»
Podíamos haber quedado en el café El Muro, el pub El Ladrillo o en el bar Trampantojo; pero quedamos en la churrería Picoesquina (los viernes hay buñuelos), que también tiene nombre de pared. Acaba de regresar de Roma -«autobecado» durante cuatro meses, que es la forma de moverse en tiempos de crisis- para rodar un «ambicioso» vídeo experimental sobre escultura y turismo. En el Castillejo de Murcia pintó una niña que sigue columpiándose en la memoria de los ciudadanos y que aparece fugazmente en el documental de Bansky. Un 'cazador' de imágenes, licenciado en Bellas Artes en la Universidad de Granada. Lo suyo no es el pincel ni el spray sino la pintura y el rodillo. Alargadores, una escalera y comienza el baile de sombras y asombros. Pintura física. No deja de ser una tradición escenográfica con sus raíces en el renacimiento. Hombres árbol, hombres constelación, gentes a los que parece pesarles la cabeza, gentes que ocupan puertas y ventanas, escaleras, cadenas, hombres con nidos en la cabeza, acróbatas, bigfoots, sísifos, torbellinos, hojas con raíces humanas, jirafas, bailarines del espacio, gatos manos&hellip, siluetas. Tinta negra de grafitero en su salsa.
El nuevo hombre de Altamira sale al exterior y se come un plato de buñuelos.
-¿Qué es una pared?
-Un ser vivo, un lienzo. Un espacio blanco carece de interés. Yo comencé a trabar en la calle porque no tenía estudio. Haces algo y te marchas, no hay que almacenar nada y llegas de una forma directa al público. Me gusta hablar con los vecinos, indagar en lo que significa ese lugar. Los edificios deshabitados se vuelven invisibles para los ciudadanos. Son arquitecturas con las que convivimos pero ya no vemos ni apreciamos. Son como cadáveres, con sus rugosidades, con sus historias. Cuando realizas un mural es como si recobrasen vida esos espacios que la gente vuelve a mirar y reconocer.
-Usted es uno de los artistas más vistos e internacionales de esta Región...
-Pinto donde me llaman y quiero pintar. Todas mis piezas quieren ser historias diferentes y abiertas. Ahora me han invitado a Sudáfrica, pero no sé si podré ir. Tengo pendiente este año Quito, Polonia, Italia, Galicia&hellip El arte callejero se mueve en verano.
-Un arte efímero&hellip
-Me gusta lo efímero porque es una cualidad en sí. Cuando un artista crea un objeto pretende eternizarlo, aunque pueda acabar en un museo o en un basurero. Ellos plantan árboles y el arte callejero es distinto. Es como crear animales, con patas, con vida y destino propios. Desaparece el edificio, desaparece el mural, pero en ocasiones la gente sigue recordando la pintura. El arte callejero también es memoria ciudadana.
-¿Cuál fue su primera vez, su primer graffiti?
-Siempre he pintado y siempre he dibujado. Con trece años hice mi primer graffiti en Caravaca, 'break, con letras de camuflaje. Mi primer trabajo 'gordo' fue en el Borne de Barcelona, en una terraza en casa de unos amigos, un gato con alas. Los artistas callejeros son un poco gatos: furtivos, silenciosos&hellip Sí, es un animal nocturno que tiene mucho que ver con esta disciplina. Les gusta pasar desapercibidos.
-¿Qué es lo mejor de la calle, del arte mural y callejero?
-Es un arte contrastable. Es como hablar en público. Otra cosa es que la gente te conozca o no, pero pueden opinar sobre tus propuestas. No hay filtros entre el creador y los ciudadanos. El espacio público es un tema con muchas grietas y bastante olvidado.
-¿El arte de los museos está muerto?
-Es industria, es capital, es mensurable, está limitado por los horarios y el precio de entrada. Cuando se convoca un Festival de Murales se crean nuevos lugares que el ciudadano puede visitar y descubrir lo que allí hay, desde un bar a un parque. Los museos tienen que existir pero no dejan de ser cementerios, lugares donde la memoria descansa y donde el que tiene más dinero coloca la lápida más grande. Lo malo de los museos es que nada más cruzar la puerta te cambia el 'chip': ahora todo lo que veas es 'arte'.
-¿Existe vanguardia en algún lugar de este ancho y ajeno mundo?
-En lo espontáneo. En todo lo que es independiente y se mantiene fuera del juego institucional y económico hasta ser devorado y domesticado por ese mismo juego. La vanguardia hoy está en youtube o en el arte 'outsider' del Este que dicen que hacen los vagabundos y algunos grupos rusos que emplean el arte casi como una respuesta terrorista.
-Lo políticamente correcto es un invento del diablo?
-Es una etiqueta, otra etiqueta, sin más. Yo espero no serlo.
-Han pasado de casi 'delincuentes' a perseguidos por galeristas y coleccionistas&hellip
-Es un movimiento que ahora se encuentra en un momento ambiguo. Depende de cada uno. Los ingleses son expertos en crear este tipo de fenómenos. Hay quien no acepta las galerías y quien ha cruzado esa puerta y juegan ya en otra liga. Yo he expuesto en galerías pero como una forma de estudiar el espacio interior sin una obra preconcebida. Quizá el vídeo que estoy preparando ahora lo presente en una galería&hellip
-¿Cómo resistir?
-Diciendo no.
-¿Aceptaría un encargo público?
-¿Por qué no? Depende, si respetan mi manera de trabajar no hay problema. Los festivales son una forma de vida.
-¿Usted de qué vive?
-Gasto poco. A veces me pagan incluso por pintar. No me considero artista ni grafitero, yo soy dibujante. Tengo obra gráfica y trabajo con editores 'on line' en Londres y Nueva York. Trabajos puntuales. Ahora estoy realizando una pequeña editorial de libros de obra gráfica con precios muy asequibles. No tengo tarifa, depende de muchos factores.
-En un mundo en el que los artistas se inclinan por toda clase de 'performances' públicas, usted se mantiene al margen y sin mostrar el rostro.
-Sí, es una opción personal. A mí, quien me conoce me conoce. No tiene más historias. La obra es importante, no el autor. El anonimato es también una forma de dar la obra a los demás, de no sentirte responsable de ella; es una forma de libertad. Lo que hace el graffiti es firmar y yo ya no firmo mis obras. Vivimos en un tiempo en el que hay hasta 'coaching' para artistas. Yo pinto un muro y no vendo nada.
-¿Cómo es el escurridizo Bansky?
-Muy británico. Un personaje&hellip, un tipo simpático. Pero prefiero no hablar sobre él.
-Da la impresión que los 'artistas callejeros' sois un poco tribu...
-Toda conexión es buena. Hay una fraternidad, un compañerismo que viene del graffiti y es muy fácil que trabajemos juntos sin que nos importe la autoría. Somos muy individualistas pero siempre hay una puerta abierta a la colaboración y a la pachanga.
-¿Qué es lo más raro que le ha pasado en este raro oficio de ilustrar paredes?
-Una vez me persiguió un jabalí por la noche.
-Pero, ¿dónde pintaba usted?
-Era un coto de caza.
-¿Problemas con la autoridad?
-Siempre hay, pero la gente diferencia un acto vandálico de uno que puede parecer vandálico pero que es creativo. En Madrid, en las Noches en Blanco, me contrataron para hacer un mural en la ribera sur del río Manzanares para el que había que conseguir el permiso de tres comunidades de vecinos. Una de ellas quería un boceto, así que cogí una hoja de un árbol y se las di. Comencé a pintar, de noche y sin autorización. Les gustó. y me dejaron seguir. Hay cosas muy legales y otras en la frontera de la ilegalidad, pero hay que tener iniciativa o estás perdido.
-Fue el único español, en participar en el proyecto Santa's Ghetto, en 2007, con el que un grupo artístico internacional dejó su huella en el muro israelí que rodea y asfixia la ciudad de Belén. ¿Cómo fue aquella experiencia?
-Estupenda, como experiencia fue impagable. Estuvo además muy bien organizado. Pintamos en el muro pero también realizamos otros murales en casas particulares. Llamamos a una puerta, salió un tipo en calzoncillos y nos dio permiso. Más que permiso me dijo que hiciera lo que quisiera. A cincuenta metros hacía unos meses que había caído un misil. Allí lo efímero forma parte de lo cotidiano. Con las obras que realizamos al margen de los murales se consiguió un millón de dólares destinado a becas para estudiantes de arte palestinos.
-Usted no deja de ser un pintor 'platónico': sombras en la caverna de las ciudades&hellip
-En el fondo se trata de eso. Me buscar escarbar en las esencias fuera de todo artificio en una sociedad que ya de por sí es muy artificial y en la que sufrimos una saturación de lo virtual. Hay que volver a los orígenes. Esas sombras me permiten pintar rápido en esas proporciones y lo que me interesa realmente de ellas es su huella, lo que queda. En Italia me costó mucho pintar con el negro, porque allí está muy relacionado y asumido con el luto y la tristeza. Los dibujos hablan por sí solos, lo interesante es la película que se monta cada espectador con ellos. Si pudiera definirlos no los dibujaría, escribiría esa definición en la pared.
-¿Qué es la belleza?
-Algo que tiene mucho que ver con el sentido común y, por lo tanto, algo que es muy difícil de encontrar. Los parámetros de belleza, incluso de armonía, están relacionados con las diferentes culturas y latitudes. Ir a comprar el pan puede ser un acto bello. Quizá se trate de un sentido primitivo que, en muchos sentidos, hemos perdido.
-¿Recuperaremos el sentido común? ¿Está seguro?
-Es cuestión de encontrarlo y educarlo. Y eso es jodido, para qué engañarnos. En la escuela de Arte jubilan al profesor de cerámica y eso es algo que se pierde y se sustituye por diseño por ordenador. No está mal, pero olvida una tradición y una forma de belleza. Si nos hubiesen enseñado a apreciar los suelos hidráulicos no viviríamos pisando espantosas losetas industriales.
-¿Qué no tolera, qué le irrita?
-Demasiadas cosas, empezando por mí mismo. Me pone de mal humor buscar sitio para aparcar en Murcia.
-¿Qué le deja perplejo?
-Esta entrevista. Todos los días hay cosas que a uno le asombran.
-¿A qué tienen miedo?
-Al 'striptease' integral.
-¿El arte es capaz de cambiar el mundo, o al menos de cambiar nuestra manera de ver el mundo?
- Primero habría que preguntarse qué es el arte. El mundo principalmente hoy es economía. Bansky, por ejemplo, ha logrado que nos miren a los artistas callejeros de otra forma, incluso que exista un interés económico. ¿Eso es cambiar el mundo? El arte es una de las cosas más inútiles que hace el ser humano, pero es capaz de recordarnos lo inútiles que somos. El arte estuvo relacionado con la religión, hoy es cultura de fin de semana.
-¿El arte nos salva de algo?
-Depende de cada uno. Yo estoy contento con lo que hago. Es cuestión de fe y de no tener prisa, porque se trata de buscar algo que quizá nunca se llegue a encontrar. En esa búsqueda se dejan pistas.
-Va por la calle, ve una esquina y dice: «Aquí». ¿Cómo funciona?
-Es así. Se trata de pasear y mirar; de dialogar con los lugares, aunque uno casi siempre acaba imponiendo su criterio.
-La rebeldía, supongo, hay que alimentarla. ¿Qué le da de comer?
- Dibujos y más dibujos. Hay que reivindicar que las ciudades son de todos y para eso hay que tener una actitud rebelde. Siempre hay que jugar con el misterio y las fronteras.
-¿Por qué hay tantas escaleras en sus murales?
-Nunca dibujo elementos manufacturados. Una escalera no deja de ser algo muy primitivo. Sirve para muchas cosas, para subir y para bajar.
-¿Dónde están sus herencias artísticas?
-En muchos lugares, en muchos libros de arte, en los grabadores clásicos, en muchas lecturas, en los viajes, en la gente que he conocido&hellip en internet.
-¿Más cerca del hombre de Altamira que de la última bienal de arte?
-Quizá. Ellos tenían un fin práctico, no estético, lo que querían era cazar un bisonte.
-¿Cuáles son las sombras más amenazantes de este tiempo?
-Nosotros mismos, por desgracia es así. Es un momento de cambio y puede que cambiemos, por obligación más que nada, la consciencia.
-¿Cómo huir del aburrimiento que nos rodea, hacia dónde huir?
-Cada uno debe huir por su camino.
-¿Qué le gustaría pintar y dónde?
-Busco taller, un espacio para mis cosas. Puedo llegar a un saludable trueque económico. Y siempre hay proyectos en marcha.
-Y de la política cultural regional y sus 'manifestas' diversas ¿qué opina?
-Fuegos artificiales. Han traído un circo y se lo han llevado.
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