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El Mar Menor te echa de menos

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El Mar Menor te echa de menos

20.02.11 - 01:11 -
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Emilio Cortés, coordinador del programa de cría en cautividad del caballito en el acuario de la UMU, observa un ejemplar. | Nacho García/AGM
Parecen seres de otro planeta: su aspecto es tan singular y chocante que no guardan parecido con casi ningún otro ser vivo, y sin embargo están delante de ti, flotando distraídos en un pequeño tanque de agua salada instalado en el modesto acuario de la Universidad de Murcia, donde se ha conseguido criar en cautividad por primera vez al caballito del Mar Menor. Los diminutos alevines nadan como extraterrestres en una pecera del castizo barrio del Carmen ajenos a que pueden ser la solución a la situación crítica que atraviesa esta especie en la Región, donde se teme por su extinción si no se toman medidas urgentes.
¿Es viable la recuperación del hipocampo, uno de los iconos de la naturaleza regional? Esta pregunta, hoy por hoy, no tiene una respuesta clara, pese a los avances científicos en diferentes líneas investigadoras para impedir que la silueta inconfundible de este simpático animalito quede únicamente como el recuerdo de un veraneo lejano.
Una pequeña población de Hippocampus guttulatus aún resiste en la laguna salada, una representación escasísima en comparación con la presencia abundante de esta especie hasta hace sólo unas décadas, cuando era posible contemplar uno, dos, media docena de ejemplares sólo con ponerse las gafas de bucear y meter la cabeza en el agua.
La situación del caballito de mar es crítica -acaba de ser incluido en el Catálogo Español de Especies Amenazadas- y la recuperación de sus poblaciones está parada por la escasez de recursos económicos, pero el acuario de la Universidad de Murcia ha conseguido cerrar el ciclo biológico del hipocampo y dispone de alevines para repoblar el Mar Menor, si científicamente se considerara necesario y un estudio genético avalase la liberación de las crías. «Hemos sido los primeros en completar su ciclo», explica Emilio Cortés, coordinador del programa de cría en cautividad en estas instalaciones de la UMU en el Cuartel de Artillería, quien cree que ha llegado el momento de trazar un proyecto de recuperación antes de que sea demasiado tarde.
El acuario de la Universidad de Murcia dispone en estos momentos de media docena de grupos reproductores -unos veinte ejemplares adultos, extraídos del Mar Menor en edad juvenil- y varias decenas de alevines, en un laboratorio de cría que se encuentra en proceso de traslado al campus de Espinardo, donde dispondrá de mejores instalaciones.
Saber si el caballito del Mar Menor es una subespecie es otro de los objetivos de las investigaciones. Lo que sí han advertido, explica Emilio Cortés, es ciertas diferencias en el comportamiento entre las poblaciones de la laguna salada y las que se encuentran en el Mediterráneo, en mar abierto: «En el Mar Menor son más promiscuas, quizá porque históricamente ha habido una alta densidad de hipocampos, y en el Mediterráneo, por el contrario, las parejas son más estables», señala Cortés, biólogo murciano de 42 años, que se toma como un compromiso personal la recuperación del Hippocampus guttulatus.
«Buscamos financiación»
El Instituto Español de Oceanografía (IEO) también trabaja en el estudio genético y la cría en cautividad, aunque aún no ha conseguido reproducirlos: «Lo estamos intentando en condiciones totalmente naturales, sin jugar con factores de luz ni temperatura, como ha hecho la UMU. Este año volveremos a intentarlo», explica Elena Barcala, investigadora del IEO en su sede de San Pedro del Pinatar, quien considera muy arriesgado soltar individuos en el medio natural por el empobrecimiento genético que puede suponer la endogamia de la cría en cautividad. Es imprescindible un estudio genético, muy costoso, y para completarlo necesitan unos recursos que no tienen. «Propusimos un proyecto a la Unión Europea, pero no nos concedieron la ayuda. Seguimos buscando financiación», señala.
Esa es la clave: el dinero, necesario también para pagar el seguimiento diario de los alevines que se liberasen en áreas de exclusión habilitadas en puntos estratégicos de la laguna. Era la idea del proyecto anunciado en diciembre de 2009, cuando se soltaron ocho ejemplares en un espacio protegido por redes en La Ribera. El proyecto contaba incluso con patronos -UMU, Carrefour y Fundación Global Nature-, pero no llegó a arrancar porque la crisis económica dio el primer aviso serio a la Administración regional, y la Consejería de Agricultura, Agua y Medio Ambiente tenía que aportar la mayor parte de la financiación. Ni siquiera llegó a hacerse un presupuesto.
El jefe de Servicio de Biodiversidad, Caza y Pesca Fluvial de la Comunidad Autónoma, Justo García, que comenzó a gestionar por parte de la Consejería de Agricultura el proyecto de recuperación de la especie, admite que la iniciativa está parada por falta de dinero, «pero lo seguimos teniendo en cuenta», señala: «Está pendiente de una reunión entre todas las partes implicadas para reactivarlo; hay que trabajar de forma conjunta y en la misma dirección para aprovechar al máximo los pocos recursos que tenemos ahora».
¿Sólo 60.000 ejemplares?
¿Cuántos caballitos quedan? Con todas las precauciones del mundo, y de acuerdo con los censos visuales realizados en el año 2008 por los voluntarios del Proyecto Hippocampus, puede suponerse que unos 60.000, teniendo en cuenta que detectaron cuatro ejemplares por hectárea (el Mar Menor tiene 15.000 hectáreas), una densidad de población que Elena Barcala considera «bajísima». Pero seguramente son menos, porque hay zonas de la laguna donde hace años que no se ha visto ninguno.
¿Qué ha ocurrido para que este extraño pez teleósteo sea ahora casi un fantasma? Los científicos han estudiado durante los últimos años posibles factores que expliquen el fuerte declive de la población, como las plagas de medusas. La contaminación y el deterioro del hábitat también les ha afectado, aunque se ignora hasta qué punto. Otra amenaza es la población estable de lubinas, que en las últimas décadas han penetrado en el Mar Menor a través del canal del Estacio y se comen los alevines, una presa fácil para estos voraces y deliciosos peces: en un pequeño muestreo se detectó que una de cada veinte lubinas adultas tenía el estómago lleno de hipocampos.
La extracción por parte de los veraneantes y la pesca accidental también son hipótesis que se han analizado, pero la causa principal de la casi desaparición del guttulatus, en opinión de Emilio Cortés, es la extracción masiva de la especie durante los años 70 y 80 del siglo pasado, «cuando los pescadores sacaban cajas y cajas de 25 kilos para secarlos y venderlos a los turistas. Eso es lo que más daño ha hecho». Esta situación ha cambiado, aunque la colaboración y la mayor concienciación ambiental de los pescadores y veraneantes ha llegado en un momento crítico para la especie.
Sobre la extracción intensiva, aun reconociendo el grave daño que sufrió la especie, Elena Barcala asegura que «cuando cesó la pesca siguió habiendo caballitos». Por eso, la investigadora del Instituto de Oceanografía apunta a las enormes masas de medusas que casi causaron un colapso biológico en el Mar Menor a lo largo de diez años: «No porque se comieran las larvas», opina, «sino porque las grandes cantidades de babas que soltaban las asfixiaban en la superficie».
El voluntario del Proyecto Hippocampus José Luis Alcaide Sanjurjo publicó un dato muy revelador en el boletín informativo del Programa de Voluntariado Ambiental en Espacios Naturales: un pescador le aseguró que llegó a ganar 300.000 pesetas semanales vendiendo caballitos a un intermediario catalán, que le pagaba entre 10.000 y 12.000 pesetas por kilo. Como en cada kilo entraban unos 1.300 ejemplares, puede darse por hecho que cada pescador podía extraer entre 30.000 y 40.000 caballitos cada semana.
Un documental duro
La pesca intensiva del caballito de mar hasta hace pocos años está documentada en el cortometraje 'Los últimos mohicanos del Mar Menor', filmado entre 2008 y 2010 por José Luis Huertas y Fernando Serna, y que se exhibirá en abril en el 35 Ciclo de Cine Submarino de San Sebastián. Este duro documental recoge testimonios de pescadores jubilados que recuerdan la extracción masiva de hipocampos por miles de kilos, cuando no estaban protegidos, para venderlos como recuerdos playeros, después de sumergirlos varios días en agua con lejía «para que no se agusanaran». También se exportaban a países asiáticos para usos supuestamente medicinales. El naturalista José Luis Huertas, propietario de la productora Agua Salada Explorer, recuerda que hicieron doscientas inmersiones durante el rodaje de la película y que sólo pudo grabar cuatro caballitos. Todo un síntoma del estado de la especie.
Mientras tanto, el caballito de mar, todo un símbolo de la biodiversidad regional, aguarda una oportunidad. El director del acuario de la Universidad de Murcia considera que lo primero es censar su población y conocer en qué condiciones sobrevive, «lo que requiere un esfuerzo económico importante». Aunque sin información muy precisa sobre la mesa, Emilio Cortés aporta claves que pueden resultar esperanzadoras: «Sabemos que hay zonas del Mar Menor donde el caballito está mejor: ahí es donde habría que acotar las zonas de reintroducción para que no les molesten los bañistas, los pescadores ni la navegación. También hay zonas donde creíamos que había y no los hemos encontrado», añade. «Lo que sí tenemos claro es que la población es tan pequeña que una simple ola de calor o un temporal puede afectarle mucho», advierte.
Elena Barcala también ve algo de luz en el futuro del escaso hipocampo -«no soy muy negativa ni pesimista, porque la población que hay se está manteniendo y además muy bien adaptada, aunque la supervivencia de los juveniles no avanza»- y comunica un dato ilusionante: los testimonios de pescadores que el año pasado vieron más ejemplares de lo habitual.
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Un ejemplar adulto de Hippocampus guttulatus, en el acuario de la UMU. :: NACHO GARCÍA / AGM

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