Las olas gigantes del tsunami navideño de 2004 fueron una ensoñación para los vecinos de Espinardo, acostumbrados a ver coches flotar en su rambla cada vez que asoman nubes negras. La construcción de una escuela infantil -106 plazas-en pleno cauce ha removido esos miedos congelados por el tiempo que, de vez en cuando, afloran en forma de llantos o lamentos. Las obras, promovidas por la Comunidad Autónoma en un solar cedido por el Ayuntamiento, comenzaron en diciembre y concluirán en marzo, pero muchos en Espinardo se preguntan si no hubiera sido mejor corregir el histórico problema de las inundaciones que urbanizar la rambla, con los peligros que ya acarrea.
En la joyería Alegría y en la tienda de electrodomésticos Electro-Casablanca están prevenidos para cualquier avenida. Un saco de yeso los primeros para sellar la puerta; un tablacho de 40 centímetros para obstaculizar el paso de la corriente los segundos. «Pero no sirve para mucho», asume Jose, empleada de la tienda de electrodomésticos. «Son segundos, la última vez, el 13 de agosto, no me dio tiempo a recogerlo todo y perdimos una lavadora, una secadora, varios televisores... En fin, miles de euros. Nosotros no estamos en contra de la escuela infantil, pero han llenado el solar de tierra y si no hacen nada cuando llueva quedará incomunicada, no podrán sacar a los niños y nosotros seguiremos con el agua al cuello...».
El portal del número 30 de la calle Calvario, justo enfrente del puente que queda como hito y salvación de todas las riadas, también está abonado a las corrientes impetuosas. Los vecinos y comercios de alrededor tampoco dan crédito. No entienden por qué se demora tanto una solución que reclaman desde hace décadas. La Junta Municipal de Espinardo, encabezada por la pedánea Encarna Guillén, ya ha tomado medidas correctoras para evitar futuras avenidas. De hecho, tras la última tromba de agua de agosto, está previsto elevar medio metro más un muro de contención construido junto a la calle Higueras, y está previsto levantar otro junto a la escuela infantil para conducir el agua hasta su desembocadura natural, en la Senda de Granada. Esta medida fue apoyada por un grupo de vecinos -en concreto, por la mayoría de los que viven junto al nuevo equipamiento- y fue consensuada con los técnicos. Pero el resto de residentes y vecinos no están convencidos y encuentran más peligro.
El proyecto que podría cambiar el panorama está pendiente de licitación aún. La Confederación Hidrográfica del Segura (CHS), que ya no considera rambla este tramo donde se han construido viviendas, junto a la escuela municipal y al futuro Centro de Día, comunicó el 12 de enero al Ayuntamiento y a la Comunidad Autónoma, como promotora de la obra, que la construcción se sitúa en la traza de antiguos cauces «que aunque inexistentes por la transformación urbana, siguen siendo corrientes de desagüe de zonas altas». El jefe del Servicio de Policía de Aguas y Cauces, José Manuel Ruiz, respondió a las administraciones tras inspeccionar esta zona susceptible de inundaciones que la urbanización de la rambla se ha producido «a lo largo del tiempo sin tener en cuenta estos episodios de elevados caudales de escorrentía, por lo que ha predominado el carácter urbano sin dotar de las soluciones precisas para evitar estas situaciones generadoras de graves daños e incluso riesgo para las personas».
La CHS, con fondos del Ministerio de Medio Ambiente, tiene previsto invertir 50 millones en un colector de 7 kilómetros que recogerá las aguas de las ramblas de Espinardo, El Puntal, Churra y Cabezo de Torres y las canalizará de forma controlada hasta el río Segura. La tramitación ambiental de esta obra ya ha finalizado y el expediente está a la espera de autorización de la Dirección Gereneral de Aguas del Ministerio para salir a contratación. El Consistorio se comprometió a invertir 40 millones en otro interceptor de pluviales, que no está acabado, y permitirá dar seguridad a los vecinos del norte del municipio y paliar el tormento que tanto les reconcome.