Se sienten ultrajados, engañados y desencantados. La generación del 'baby boom', los nacidos en los años 60 del siglo pasado, en los que se produjo una explosión de la natalidad, será la primera en padecer en sus carnes todos los efectos de la actual reforma de las pensiones. Hoy ocupan gran parte de los cargos de relevancia en los ámbitos social, político y empresarial del país y son los primeros que deben asumir que tienen que trabajar dos años más para cobrar menos. Verán eliminados sus planes de prejubilación a los 61 y deberán esperar a los 65 si quieren cobrar su paga íntegra.
Antonio Sánchez es profesor de Primaria en un colegio de Murcia. Empezó a trabajar a los 21 años, uno después de terminar la carrera. Tuvo suerte e ingresó por méritos en la función pública sin pasar por las oposiciones.
«Hace 30 años se cumplía aquel refrán que decía 'pasas más hambre que un maestro escuela'. Se cobraba poco y costaba llegar a final de mes. Quienes lo conseguían lo hacían porque impartían clases particulares. Fue en los años 70 cuando tras varias huelgas indefinidas se consiguió actualizar el sueldo de los docentes y llevarlo a unos niveles aceptables para poder vivir de nuestra mensualidad», recuerda el docente.
La reforma no le golpea de lleno. Podrá jubilarse a los 65 porque sobrepasará los 38 años y medio cotizados, ya que su base de cotización no cambia debido a su condición de funcionario. A lo que deberá renunciar es a la prejubilación, ya que tendrá que esperar a los 65 años si quiere cobrar el 100% de su pensión.
«La jubilación anticipada recogida en la LOE -explica Sánchez- nos permitía jubilarnos voluntariamente a los 60, tras 35 años trabajados. Ahora, después de toda la vida enseñando, tendremos que esperar cinco años más para poder cobrar la paga íntegra. En caso contrario, se nos penaliza con un 16% menos».
Trabajando desde los 16
El caso de Francisco Casado es parecido. A los 16 años empezó a trabajar en el sector industrial. Poco después aprobó unas oposiciones y desempeñó su oficio en el sector público durante doce años. Ahora es capataz en la empresa de servicios CESPA. Lleva cotizados 36 años, por lo que no debe tener problemas para alcanzar los 38 años y medio necesarios para jubilarse a los 65 años con la pensión íntegra. Pero la reforma le trastoca los planes si tenía la intención de prejubilarse a los 61. Ahora deberá esperar dos años más, y ni siquiera así cobraría la paga íntegra.
«Esta medida me parece un duro golpe y un atraso en la lucha de los derechos de los trabajadores que tanto has costado conseguir», indica. Y añade: «Es una pena que sean los propios sindicatos, abanderados de esa lucha, junto con el Gobierno, quienes han propiciado esta reforma, con la que han conseguido que trabajemos más tiempo para ganar menos dinero. Muchos de nosotros no nos veremos afectados de lleno porque empezamos a trabajar muy jóvenes. Son nuestros hijos los que tienen un panorama muy negro».
A quien se le plantea un futuro incierto es a Diego Vicente Galián. Paradójicamente es, de los cuatro entrevistados, la persona que comenzó a trabajar a una edad más temprana. Su caso el del trabajador que comienza pronto a trabajar, pero en empleos intermitentes y remunerados con dinero negro. Con 11 años ya estaba ganándose el jornal en una carpintería.
Empleos sin contratos
«En mi familia había que llevar un sueldo porque mi padre no estaba y decidí salir del colegio y ponerme a trabajar. Mi primer sueldo fue de 1.200 pesetas al mes y no me hicieron ningún contrato. Eso, hace 35 años, era muy habitual. Lógicamente, a mí eso me daba igual porque yo lo que quería era cobrar y llevar ese jornal a mi casa para tirar para adelante. Después de hacer la mili me saqué el carné de camión y empecé a trabajar en ese sector. Aquí, algunas empresas te daban de alta, otras no, o te ponían la cantidad mínima en la nómina y el resto en negro, y no te lo cotizaban todo. Eran prácticas habituales y no protestabas porque con trabajar te conformabas», explica Galián.
Un accidente de camión le obligó a dejar este empleo y ahora trabaja como sereno en Murcia. «Gracias a este trabajo, y si todo va bien, podré optar a mi pensión íntegra aunque sea a los 67 años», explica.
Uno de los flecos por perfilar de la reforma es si habrá excepciones en la edad mínima de prejubilación para los trabajadores que desempeñen oficios especialmente duros o bajo unas condiciones especiales. Es el caso de Vicente Carrión, agricultor y ganadero desde los 11 años. A esa edad cogió su primera azada para ayudar a la explotación familiar, pero fue a los 19 años, a causa de la enfermedad de su padre, cuando empezó a cotizar como autónomo y se puso al frente del negocio.
Su cara y sus manos curtidas por el sol y la tierra expresan su resignación ante el horizonte laboral del sector primario, cada vez más denostado. «Este oficio o se vive y se siente o es muy difícil que alguien se jubile trabajando la tierra. Es duro porque se realiza de sol a sol y porque hay que estar al pie del cañón haga frío, calor o llueva. Es un negocio en el que muchas campañas se tienen perdidas, algo que ninguna empresa podría aguantar. A esto se le llama constancia, y los jóvenes no están por la labor de soportar estos riesgos y agachar la espalda», señala Carrión.
Agricultores y ganaderos podrían formar parte de los oficios a los que se les podría aplicar una reducción de años para jubilarse. A la espera de que se llegue a un acuerdo entre el Gobierno y los sindicatos, Vicente Carrión se lamenta de la perdida de derechos de los trabajadores.
«Llevo toda la vida trabajando en esto, siento mi profesión, pero te desgasta día tras día. No me veo con 65 años subiéndome a un tractor por obligación. Lo más probable es que lo haga como afición. Pero qué menos que la tranquilidad de tener mi pensión a fin de mes después de toda una vida aportando al Estado».