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El Lago que se nos fue

CRÓNICA MENUDA (MENUDA CRÓNICA)

El Lago que se nos fue

30.01.11 - 01:34 -
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El Lago ya no es lo que era. Su típica palmera, en tiempos la más alta de la provincia, fue mutilada porque su descarada inclinación por razones de edad y por los empujones del viento indicaba un hipotético peligro para el transeúnte, ya no es la más estirada y para colmo ya no tiene ramas. Un asco, con perdón de los nostálgicos. Algunos guasones hacían creer a turistas que pasaban por allí que en todo lo alto del árbol datilero había un mono, y los visitantes curiosos miraban sin encontrar la menor muestra del simio. La farola central era y es un símbolo en una zona urbana hoy en deterioro y pendiente de remodelación.
En este Lago popular, plaza que también se ha llamado de José Antonio, en años del régimen de Franco, y de La Merced, lo último que desapareció de lo considerado típico fue el mercadillo de los domingos, eliminado por un plumazo municipal no hace demasiado tiempo. Era un a modo de rastro en el que se podía localizar a bajo precio cualquier reloj despertador u otros objetos desaparecidos en cualquier domicilio, entre otros artículos decentemente vendidos. Pero es que antes de los años 70 llegó a funcionar allí un mercado de verduras.
Hasta por desaparecer, desapareció el belén municipal que terminó siendo trasladado a la plaza de San Francisco, su actual ubicación en Navidad, año nuevo y Reyes.
El ramo de la hostelería
En el ramo hostelero, Antonio Bobadilla puso en marcha en la esquina de la calle del Ángel, la de la subida a la plaza de toros y a los cuarteles del Ejército de Tierra, el bar Ideal, que aún sigue dirigido por uno de sus hijos. Otro bar que permanece es el de La Tana, y entre los que desaparecieron se recuerda la Bodega de Juanito, con la especialidad de vinos de Jumilla, que también fue el primer despacho de quinielas de Cartagena, tarea a la que Pascual dedicó casi toda su vida. A escasos metros, el bar La Merced y bodega de Pedro González González, con unos michirones exquisitos, entre 1944 y 1960. Al poco tiempo de cerrar ese establecimiento abrió la cafetería Puerto Rico, que tuvo una dilatada vida con el dueño Bobadilla y su hijo Isidoro y yerno Pepe Sánchez Macías, fundador de La Lanzada (Marrajos). Un día que el Atlético de Bilbao vino a jugar un partido de Copa al Almarjal (años 70), el equipo vasco desayunó en el local por invitación de los dueños e Iríbar firmaba autógrafos en servilletas de papel.
Posteriormente abrieron en la plaza otros bares como La Cabaña del Lago y después El Mesón del Bocadillo, por iniciativa de Mariano López Maestre, quien era taxista y llegó a disponer de una flotilla de coches de servicio público.
En El Lago también funcionaron otros negocios como una droguería, la de Teodoro Álvarez, la oficina de Cartagena de Navegación, una barbería; Viajes Egea, de transporte de viajeros a Cabo de Palos, con Anita vendiendo billetes; la administración de loterías de don Tomás, la tintorería Arco Iris, Viajes Meroño, al lado del Palacio de Aguirre, que fue sede de la primera emisora local, Radio Juventud, una lechería que dio paso al cerrar al salón de peluquería de los hermanos García, procedentes de Almería, una panadería (la de Legaz), tienda de ultramarinos, la casa de huéspedes o pensión La Valenciana, un almacén tienda de materiales de construcción, la barraca (de madera) de Monreal, y los quioscos de prensa de Carmelo y de Miguel, más el situado, de la familia de Plácida, frente al Cine Central, antes llamado Sport, hoy cerrado.
Carmelo, además de vender periódicos y revistas, los domingos organizaba viajes en autocar para los seguidores futboleros a los campos de la dura Tercera en los que jugaba el Cartagena: Rojales, Callosa de Segura, Almoradí, Crevillente, Lorca, Aspe, Cieza… Un día de máximo interés llegó a fletar cerca de veinte autobuses.
En las terrazas de los bares de la zona se organizaban tertulias, generalmente futbolísticas y veraniegas y no hay que olvidar que durante un tiempo estuvieron en El Lago, en la zona de la Cabaña del Lago, las oficinas del Efesé. Octavio Bragulat 'El Fules', Julio Mijares, celador del Rosell; Trías, que murió en el incendio de la Refinería, Paco Meca, Elías Lanzón, Pablo Ruiz Vinader, Miguel Lorente y otros eran contertulios.
Álvarez y el Encuentro
Pinceladas típicas de El Lago en tiempos de esplendor lo daban los hermanos Román con un carro de venta de castañas o los dueños de los helados Poli. Y un edificio emblemático fue el de la Casa de Expósitos, ligada a la historia del vecino Patronato del Corazón de Jesús en la calle Saura.
Un cartagenero ilustre, marino, abogado y escritor, Isidoro Valverde Álvarez, tras su destino en Madrid (fue director de un Colegio Mayor) residía en una vivienda de El Lago, tantas veces evocado en sus libros. Fue colaborador de 'La Verdad' en los años 60 y de una colección de artículos publicados surgió el libro 'Cartagena entrañable'. Tomando su desayuno diario en la barra del Puerto Rico (siempre café con leche y tostadas con aceite, y fumando porque entonces dejaban fumar, claro), solía preguntarme por los entresijos del Efesé.
No hay que olvidar que El Lago ha sido y es escenario del tradicional Encuentro de la madrugada del Viernes Santo marrajo. Un día lo presenció invitado el político Eduardo Zaplana, desde el balcón del Palacio de Aguirre, y exclamó: «Me descubro ante lo que estoy viendo».
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La Plaza de La Merced, conocida a nivel popular como el Lago, en una foto de 2004. :: ANTONIO GIL / AGM