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Carta abierta al señor don José Bono

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Carta abierta al señor don José Bono

20.01.11 - 01:16 -
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Excmo. Sr. Desde las 18:40 horas del sábado 15 de enero, momento en el que me enteré del brutal y cobarde atentado sufrido por mi hijo, opté por mantener la calma, mostrar ante los demás una actitud serena y no derramar ni una lágrima para no dar una satisfacción a los autores de la canallada, y menos a los inductores del hecho (porque me reafirmo en que no fue casual sino premeditado), y creo que mis declaraciones a determinados medios de comunicación así lo confirman. Pero…
Esta mañana no he podido evitar un grito de indignación cuando he oído y leído sus palabras afirmando que «Yo hubiera preferido que me hubieran golpeado físicamente al golpe moral de ver llorar a mis hijos». Quizá en otras circunstancias hasta le hubiese dado la razón, ahora no; y no porque no entiendo su victimismo, porque no entiendo su afán protagonista, y porque antes del atentado muchos fueron, con sus calumnias, injurias, infamias y mentiras, los que pusieron a mi hijo en el centro de la diana.
Usted dice -perdone si abrevio el tratamiento- que durante el año pasado «sufrió la calumnia y la maledicencia de la gente», y yo le hago saber que desde julio de 2004, mi hijo, su madre, sus hermanos y yo las estamos sufriendo. En esa fecha, un tal libelo/revista llamado 'Interviú' publicó un reportaje en el que ya se mencionaban los términos 'sobrino' y primos; el dicho reportaje iba avalado con las declaraciones de Nacho Ruiz, Carolina Parra, directores de la Galería T 20, Miguel Fructuoso (que se atrevía a decir que nos habíamos quedado con todo el dinero de la cultura de Murcia), y unos anónimos que hablaban en nombre del colectivo 'La Fragua' (después supimos que no era así, y que sólo eran unos pocos, entre ellos Eduardo Balanza, Sara Serrano, etc.). Desde ese momento empezó la caza y captura de mi hijo (el recibimiento que tuvo cuando llegó como profesor ayudante a la Facultad de Bellas Artes fue el de las fotocopias de la revista).
Y la cosa siguió -y sigue porque, por desgracia, en nuestra Región, en nuestra España, abundan los psicópatas mal nacidos--, y para no ser excesivamente prolijo sólo le haré constar los hechos más significativos. El PSRM -su partido, por cierto-, recurriendo a la mentira más soez, cogió lo de 'sobrino' como ariete para derribar y hundir la figura de mi hijo (moral e intelectualmente a años luz de la mediocridad ambiente) sin importarle que eso no era verdad; su secretario general, el Sr. Pedro Saura -cuyo mérito más importante es haber hundido al partido en la Región-, declaró hace unos días que mi hijo era «un muerto de hambre» y que por eso lo habían nombrado consejero de Cultura (sé que comprenderá mi comedimiento al no acompañar esas palabras con todos los adjetivos e imprecaciones que conozco); la señora García Retegui, candidata por su partido, también se ha servido de la mentira en la Asamblea Regional y en múltiples declaraciones («Caprichos del sobrino»), haciendo responsable a mi hijo de la crisis y de despilfarro (hoy mismo, 19 de enero, han repartido unas octavillas ¡a niños!, diciéndoles que si no tienen el bonolibro es por culpa del dinero dado para la Fórmula 1, sabiendo que ni un euro de las arcas regionales han salido para eso). Y otras muchas cosas…
Y sigo. El sindicato STERM llevaba en las manifestaciones -espero que si tienen un gramo de decencia no lo vuelvan a hacer- la foto de mi hijo, culpabilizándolo de los recortes. El Sr. Patricio Hernández, funcionario del Ayuntamiento de Cartagena y responsable del Festival 'Mucho más Mayo' (creo que no cobraría por la dirección, pues supongo que eso no está permitido), desde el llamado Foro Ciudadano también ha contribuido a extender -dentro de la crítica necesaria y respetable a una actuación- la mentira y la radicalización (escribió no hace mucho que el próximo SOS 4.8 iba a ser el final del consejero y que ellos se encargarían de que así fuera). En este mismo ambiente, su madre y yo hemos sido acusados de corruptos, de dirigir la cultura desde la extrema derecha (hace tres o cuatro años, la señora Elvira Ramos, de IU, utilizó el correo interno de la Universidad para calificar a mi hijo de fascista), y de otros insultos irrepetibles dirigidos contra mi esposa en la infesta revista digital 'Vega Media'.
Y aún hay más. Un supuesto artista, José Yagües, basándose en la libertad del artista para expresarse, crucificó a mi hijo y lo llevó en procesión hasta la galería La Aurora, efectuándose allí una subasta de la obra (¿sabe quién se quedó con ella?, su partido para llevarla a Molina de Segura y donarla al Ayuntamiento). Otro supuesto artista, Manuel Pérez, escribió, y lo repito literal, pocas semanas antes del atentado: «huele a defunción cultural, la filosofía del nene: el arte a muerto, hagamos una fiesta, la 'Familia Moster' esta de los cogones!!!... una paliza en un callejón oscuro se merecen…». Y podría citar otros hechos, otros nombres de gente de su partido, de sindicatos -soy, por formación, historiador y lo guardo todo y si llega el momento lo sacaré-, de la prensa, de muchos que tienden la mano para que le den una subvención y a la espalda arman la otra con el puñal de la descalificación, la injuria y la mentira.
Sr. Bono, yo no hubiera preferido la agresión al insulto (quizá Ud., por sus creencias religiosas, se remita a los Evangelios y ponga la otra mejilla, cuando no ha sido la suya la golpeada, yo no soy de esa cuerda ni de ninguna otra ideología), al golpe moral de ver llorar a mis hijos, porque los he visto llorar en ambas situaciones (y Ud. no sabe lo que se siente, y deseo de todo corazón que nunca lo sepa, al ver destrozada la cara de uno de ellos), ni hubiese querido tener un hijo víctima de la sinrazón provocada; lo que yo, como padre y ser humano, hubiese querido -ahora ya no es posible- era tener un hijo físicamente entero, con la ilusión y la fuerza incontenible volcadas en su trabajo.
No, Sr. Bono, cuando se ha sufrido el insulto, la mentira -muchas veces desde su partido- y la agresión no se puede permanecer impasible ante sus palabras, espero que lo comprenda.
Lamento haberme dirigido por primera vez a Ud. en estas circunstancias, pero también lo aprovecho para darle las gracias por la condena del hecho y su ofrecimiento de solidaridad y afecto.
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