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Un rastrillo que da mucha vida

CARTAGENA

Un rastrillo que da mucha vida

17.12.10 - 01:01 -
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«Hace tres años yo era analfabeta y ahora mírame. Voy aprendiendo y además, me han enseñado a coser. Hago mantelerías... y de todo». Elisa Heredia no es la única que opina así. Como ella, casi cincuenta mujeres han aprendido a leer, escribir y a coser en los talleres que ofrecen las voluntarias vicencianas a quienes están en esa situación. Esta semana ha sido diferente: han expuesto y vendido sus creaciones en un mercadillo solidario que permanece instalado hasta hoy en un bajo comercial de la Avenida Reina Victoria.
Las Vicencianas han recaudado más de dos mil euros con esta actividad. «Es mucho más que otros años y estamos muy contentas porque vemos que a la gente le gusta lo que estas mujeres, que están excluidas socialmente, hacen. Y a ellas les motiva ver que alguien aprecia su trabajo», asegura la presidenta de la Junta Diocesana de Cartagena, Flori Navarro.
El dinero que han recaudado estos días lo distribuirán entre las participantes en los talleres de formación. «Les damos un sobre con el dinero. Se lo merecen por su trabajo y a ellas no les viene mal que entre un poco de dinero en casa, sobre todo en estas fechas. Todo es para ellas», añade Navarro.
Cambio de ubicación
Reconocen que desde el viernes pasado «ha sido un no parar. Se nos han acabado artículos, sobre todo, los navideños. Muchas tardes las mujeres se han tenido que poner a hacer a toda prisa, por ejemplo, velas con forma de piña porque la gente las pedía y no quedaban», explica orgullosa Elisa Heredia.
Desde baberos, delantales, fundas para la plancha hasta broches de ganchillo es lo que hay en este llamativo rastrillo. «Cuando nos vamos, hay gente que nos hace encargos. Es sorprendente. Y en los talleres las alumnas van preparando los encargos. Aunque ésta no es la verdadera finalidad nuestra. Los voluntarios les enseñamos y luego ellas muestran y venden su trabajo en dos o tres rastrillos que organizamos a lo largo del año», aclara la presidenta de la Junta Diocesana.
El resultado de los trabajos sorprende incluso a las clientas habituales de los rastrillos del Voluntariado Vicenciano. Es el caso de Mari Ángeles Molero, que tampoco oculta cierta extrañeza por la ubicación de este año, más en el Ensanche: la Avenida Reina Victoria, casi en la esquina con Ramón y Cajal.
«Hemos estado en muchos sitios. Si podemos seguir haciendo esto es porque los comerciantes nos dejan su local», recuerda Flori Navarro. La generosidad de todos es esencial en el proyecto vicenciano.
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