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El trampolín a la fama

Cultura

El trampolín a la fama

Cuatro artistas, entre ellos la española Ángela de la Cruz, esperan el fallo, hoy en Londres, del siempre polémico Premio Turner

06.12.10 - 01:39 -
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Hoy se falla el Premio Turner, el certamen de arte contemporáneo británico con mayor repercusión internacional. Las casas de apuestas apuntan a la escocesa Susan Phillipz como destacada favorita a cosechar la dotación máxima de 25.000 libras (unos 29.000 euros) en la 26 edición de este galardón que patrocina la galería Tate Britain. Pero las empresas del juego no siempre aciertan y los otros tres candidatos -la gallega Ángela de la Cruz, el inglés Dexter Dalwood y el colectivo londinense The Otolith Group- podrían igualmente alzarse con el premio.
Independientemente de la decisión del jurado, hay una realidad que nadie discute. Los cuatro artistas tienen asegurada una reconocida posición en círculos internacionales y un probable tirón de sus obras en el mercado de arte.
«Es un premio muy importante para cualquier artista. En la fase inicial desde su fundación, en 1984, imperaba la idea de que sólo beneficiaba al ganador y que el resto de los candidatos cargaría con el sambenito de 'perdedor'. Pero esta noción ya se ha desechado y acceder al Turner es ciertamente muy valioso. Realza el prestigio del artista e influye positivamente en la cotización de sus obras en el mercado», señala Jenny Lemax, directora del Camden Arts Centre, la galería pública del norte de Londres donde Ángela de la Cruz montó la muestra retrospectiva 'After', que le valió su candidatura al galardón.
«El beneficio real se asienta en el tremendo perfil que adquieren los artistas seleccionados más que en un hipotético aumento de las ventas o de su posición en el mercado. El Turner asegura visibilidad y audiencia», observa James Lingwood, co-director de Artangel, con sede en Londres. Patrocinadora de inusuales proyectos artísticos, esta fundación ha producido la última instalación sonora de Phillipz, inaugurada recientemente en la City de Londres. La joven artista escocesa llamó, sin embargo, la atención de los cinco miembros del jurado por dos piezas que se escucharon en el Festival audiovisual de Glasgow y en el Marco de Vigo a lo largo del año.
Joaquín García Martín, de la galería Helga de Alvear, coincide con Lingwood al señalar que «el Turner no guarda una relación directa con el mercado y, por ejemplo, la obra de De la Cruz se cotiza al mismo nivel que antes de su candidatura». El galerista conoce el terreno. Helga de Alvear representa en la península a la primera artista española seleccionada al Turner y a su sede de Madrid llegará una exposición con su nueva producción el próximo mes de enero.
«La nominación de Ángela es, de por sí, fantástica. Totalmente inesperada. Lo demás será la guinda en el pastel», celebra García Martín. «Estar en el Turner», añade, «constituye un momento importante en la trayectoria de cualquier artista. Pasan a otro nivel profesional y crece su reconocimiento internacional».
Impacto internacional
Con su amplia esfera de influencia, la 'marca' Tate contribuye al prestigio y reputación del premio. Pero, según apunta Lemax, también ayuda que el premio está abierto a extranjeros ubicados en Reino Unido y que la escena artística británica se ha internacionalizado. «El mundo del arte es más global que en 1984», puntualiza la directora del Camden Arts Centre.
García Martín lo considera el «premio de arte contemporáneo de mayor proyección, con un fuerte impacto mediático internacional. Tiene mucha tradición y demuestra que el arte contemporáneo se toma en serio y es muy apreciado fuera de España», dice el responsable de arte de Helga de Alvear. «Lo cierto», adelanta el director de Artangel, «es que ha producido trabajos memorables y artistas interesantes en las últimas dos décadas». El palmarés engloba a creadores que rompieron fronteras artísticas o que aún siguen liderando la vanguardia contemporánea: Gilbert and George o Richard Long, en la década de los ochenta; Anish Kapoor, Damien Hirst o Rachel Whiteread, en los noventa; Grayson Perry o Mark Wallinger, en los últimos años.
La polémica siempre ha acompañado al Turner pero nunca alcanzó un volumen tan alto como en la década de los noventa. «El Turner es el momento del año en Gran Bretaña, cuando el foco de atención se centra en los artistas contemporáneos. En los noventa, cundió la histeria en los medios de comunicación. Se generó mucha controversia, furia y ruido. Hubo proyectos, como 'House' (Casa), de Rachel Whiteread, o 'My Bed' (Mi cama), de Tracey Emin, que galvanizaron un enorme abanico de opiniones. El debate se ha calmado en los últimos años y si las obras de los candidatos generan ira, esta tiende a ser sintética», explica Lingwood.
«Sí», coincide Katharine Stout, comisaria de la exposición en Tate Britain de los finalistas al Turner, «los medios ya no están tan interesados en la idea de controversia como hace unos ocho años. Y este nuevo enfoque refleja el punto de vista y el interés del público que viene a la galería a ver la muestra de los candidatos».
Ninguno de los expertos consultados relaciona el enorme perfil del Turner con una intencionada estrategia mercantil de los museos Tate. La directora del Camden Arts Centre acepta, sin embargo, que «todos los buenos publicistas buscan una historia o un ángulo para vender sus productos. Un año es la controversia y al siguiente la falta de polémica o del efecto sensacionalista».
«La polémica estaba en el ambiente», resalta el responsable de Artangel. «Y creció a medida que una nueva generación de artistas británicos adquirió prominencia, fama y notoriedad. Se produjo un cambio en el clima cultural, con tormentas ocasionales». El llamado colectivo de Jóvenes Artistas Británicos -que incluye a Hirst, Emin y los hermanos Jake y Dinos Chapman, entre otros- dominó la escena de los noventa junto a creadores de un arte menos sensacionalista y más comprometido política o socialmente como Whiteread, Wallinger, Steve McQueen o Douglas Gordon.
«Hay que dar crédito a los artistas emergentes y brillantes en los noventa. Coincidió, además, con la creciente asistencia a las galerías de un público cada vez más abierto a diferentes formas de expresión artística. Los medios se dieron cuenta de que era más interesante y útil seguir la trayectoria de estos jóvenes artistas que intentar despreciarles», resalta Lingwood.
Lemax reconoce que la tendencia de la prensa británica a destacar los elementos sensacionalistas en el arte actual puede dar pie a un tipo erróneo de debate y a oscurecer el mensaje que quiere transmitir el artista. «El premio Turner no es para todos. Importantes artistas han declinado la oportunidad de ser seleccionados. Aprecian la dotación pero no quieren ser objeto de ese nivel de proyección e interés hacia su persona. Hay muchos premios en Inglaterra y el resto del mundo pero es cierto que ninguno genera tanta publicidad y atención como el Turner», explica.
El caso Ángela
La experiencia de Ángela de la Cruz avala la teoría de la directora del Camden Arts Centre. El mes pasado, la artista de La Coruña ganó el Paul Hamlyn, un prestigioso galardón dotado con unos 53.000 euros, casi el doble que el premio Turner. La misma cantidad de dinero recibieron otros cuatros artistas visuales y tres compositores, pero la noticia del fallo del jurado de esta reconocida fundación británica sólo trascendió en medios especializados. En cambio, la prensa seria y popular, además de las cadenas de televisión y radio, difundieron la biografía de los cuatro candidatos al concurso de la Tate.
El Turner es más que una competición entre artistas. Se elige a los candidatos en función de un «excepcional» trabajo o grupo de obras exhibidas a lo largo del año, ya sea en Reino Unido o en el extranjero. Los seleccionados, además, comparten una exposición en la galería londinense Tate Britain, que visitan una media de 800 personas al día, previo pago de unos 10 euros de entrada.
«La exposición atrae a muchos estudiantes y a gente que entra por primera en contacto con el arte contemporáneo. Además, tiene una audiencia muy leal de comisarios, artistas, coleccionistas y aficionados al arte», explica Stout. «Sí», corrobora Lemax, «el Turner ha logrado situar el arte de vanguardia en el centro del debate público. Es un evento muy accesible y del que habla todo el mundo. En nuestra sede, por ejemplo, preparamos cada año nuestra propia lista de candidatos potenciales».
García Martín lo considera muy «representativo» de la producción británica anual y celebra su «apertura y sensibilidad a soportes no tradicionales». Wolfgang Tillmans fue, en 2000, el primer fotógrafo galardonado en la historia del Turner. Más llamativa resultó la cosecha 2003, cuando Grayson Perry se alzó con el premio por sus piezas de cerámica ilustradas con imágenes aparentemente inocentes pero que denotan una seria denuncia contra el abuso de menores y otros problemas sociales. El peculiar ceramista -tiende a presentarse en público como su alter ego femenino, con vestidos de flores y mucho vuelo- rompió las quinielas de esa edición que apuntaban a una victoria de los hermanos Chapman por sus grotescas manipulaciones de obras de Goya.
Grandes perdedores
«Año por año no es representativo del panorama artístico británico, pero sí lo es analizándolo por décadas. También hay artistas excepcionales que han sido candidatos al Turner pero nunca lo han ganado. Y otros igualmente buenos que ni siquiera han sido seleccionados en sus 26 convocatorias», advierte Lingwood.
Entre los primeros, se ha de mencionar a Lucian Freud, Paula Rego, Sam Taylor-Wood, los hermanos Chapman o Tracey Emin. Entre los aparentemente ignorados están Richard Hamilton, David Hockney, Michael Landin o artistas maduros pero aún punteros que superan la barrera de 50 años impuesta entre los criterios de selección desde 1991.
«No soy muy entusiasta de las competiciones artísticas y siempre creo que ésta será la última edición del Turner. Pero ahí sigue, descubriendo luces nuevas cada año. Si estuviera en mi mano, yo eliminaría el límite de edad. Tuvo sentido en su día para dirigir el foco de atención hacia artistas más jóvenes, pero imponer edades es una noción totalmente desfasada en el mundo del arte actual», razona Lemax.
Su colega en Artangel también sugiere modificar el límite de edad o ampliar el número de candidatos para reflejar mejor el pulso creativo de los que nacieron, residen o trabajan en Reino Unido. «Podría cambiar un poco, pero realmente no sé cómo», se sincera Lingwood.
La Tate no tiene previsto modificar un evento que, según su comisaria de exposiciones, «funciona bien». Sí busca ampliar audiencias con la ubicación de la exposición de los finalistas en otras ciudades en años alternativos. La muestra de la presente edición continúa en su vieja sede londinense, al norte del Támesis, hasta el próximo 3 de enero.
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