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«Desde la enfermería llamé a mi madre y a mi mujer para tranquilizarlas»

TOROS

«Desde la enfermería llamé a mi madre y a mi mujer para tranquilizarlas»

03.12.10 - 03:12 -
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Cansado, mareado, Rafaelillo afirma que lo primero que pensó fue en su madre y en su esposa, que estaba oyendo a través de Internet su debut el pasado miércoles en la feria del Jesús del Gran Poder de Quito, una de las más importantes de las que se celebran en invierno en el continente americano. Ayer recibió las visitas de compañeros de profesión, de su cuadrilla, entre los que se encontraba el diestro jerezano Padilla, quien fue quien le atendió tras sufrir la cornada. «El maestro taponó la herida. Gracias a él no me desangré», afirmaba ayer mientras nos atendía desde su habitación.
Durante la tarde de ayer (mediodía en Quito) pudimos contactar con el diestro, que se encuentra hospitalizado en una clínica privada de la capital de Ecuador llamada NovaClínica. En la habitación del centro hospitalario recibía la visita de compañeros de profesión, como Juan José Padilla, el primero en tirarse al ruedo para auxiliar al torero herido, y amigos, como Diego, que viajó desde Murcia hasta Quito para seguir a su ídolo.
La primera sensación al ponerse al teléfono es de cansancio, y a la vez de entereza. La primera pregunta, interesándonos por su estado de salud es obligada, y Rafael Rubio nos cuenta como ha pasado la noche y como evoluciona de las heridas por asta de toro: «Me encuentro bastante bien, la herida está supurando bien afortunadamente». Nos describe la herida como «muy grande, pero limpia, sin afectar a vasos sanguíneos importantes pero sí a mucha masa muscular», lo que le mantiene «dolorido y muy molesto pero animado».
Rafael se vine arriba cuando le comentamos los mensajes de ánimo que nos llegan desde todos los puntos de la Región para el bravo torero: «Estoy a 12.000 kilómetros de mi tierra pero estoy sintiendo el calor de los familiares y amigos y de la gente de mi Región, y de la prensa, lo que me está llenando de energía positiva para mejorarme y eso, desde la lejanía, para mí es muy bonito».
Quito y su altura
Hablamos de la corrida, de lo bien que se encontró con su primer toro, al que no mató con acierto «porque acusé bastante la altura y estaba un poquito mareado» -Quito está situada en la parte occidental de los Andes, a unos 2850 metros de altura, siendo la segunda capital más alta del continente después de La Paz.
El torero del Barrio del Carmen confirmó su alternativa en Ecuador con el toro 'Cigala', nº 76, negro, de la ganadería de Peñas Blancas, al que le realizó una artística faena, luciéndose durante su lidia - incluso uno de los críticos taurinos más exigentes llegó a escribir ayer que Rafaelillo cambió el látigo por la seda- y sólo el fallo con la espada le privó de un importante triunfo.
Salió a por todas ante el segundo toro de su lote, de la ganadería de Santa Coloma Internacional, bautizado con un nombre que no hacía presagiar nada bueno, 'Bicho'. Rafaelillo comenzó su faena de rodillas, y al rematar la tanda con el pase de pecho, el toro le tiró una certera cornada, calando al torero en su muslo izquierdo. Cornada con dos trayectorias, de más de veinte centímetros, que le produjo un boquete enorme, perdiendo más de un litro de sangre, y de la que fue operado de urgencia en la misma enfermería de la plaza.
Rafael recuerda perfectamente como ocurrió la cornada: «Ante el quinto toreé bien con el capote y con la muleta comencé de rodillas, poniendo toda la carne en el asador, le pegué un pase de pecho, y un cambio de mano, y cuando me levanté para ligar el pase de pecho sin moverme no me dio tiempo a ganarle el paso, el toro me vio y soltó la cara para cogerme, era muy astifino y no pude escaparme, fue muy certero y antes de que me diera cuenta ya me metió todo el pitón cuando estaba en el aire». Es curioso que especulara como podía haber sido la faena de no haber sido cogido: «Si el toro hubiera pasado en ese pase de pecho hubiera sido una faena importante, porque estaba apostando para obtener el triunfo e iba camino de conseguirlo, por ello es la cornada que menos me duele de las que he tenido, pese a que sido la mas fuerte».
Sobre como fueron los momentos en la enfermería, los describe como «delicados y bastante angustiosos, con cierto desorden al principio, porque sangraba mucho». Sorprende también en lo primero que pensó: «en cuanto se tranquilizaron las cosas un poco pedí un móvil en la enfermería para poder llamar a mi madre y a mi mujer, para tranquilizarlas».
La mujer, Aki, está embaraza y, como un servidor, seguía la corrida en directo por la radio a través de internet, por lo que le comento que hay que tener valor y sangre fría para llamar desde la propia enfermería a ella y a su madre. Rafaelillo lo ve de lo mas normal y lo califica como «algo propio de esta profesión que es para tíos, para gente fuerte que se tiene sobreponer a estar cosas, y mi primera idea era que escucharan mi voz para que comprobaran que estaba bien, y mantener la calma es muy importante en momentos en los que tienes que sacar fuerzas para que sufran lo menos posible».
Sobre cómo le va afectar esta cornada, sobre todo en el aspecto psicológico, Rafaelillo tiene claro cual fue el error y se siente «orgulloso por haber apostado ante este toro, aunque me pegara la cornada, porque si quieres el triunfo tienes que apostar y exponer».
Incluso, haciendo repaso a la temporada, en la que ha recorrido las principales ferias de España toreando corridas de las ganaderías mas duras, jugándose la vida cada tarde, y con corridas en las que ha sufrido volteretas tremendas, librándose de la cornada, Rafaelillo considera dentro del guión que esto pudiera pasar: «Estaba teniendo mucha suerte. En los últimos años me han cogido mucho los toros y lo que era un milagro es la manera como me iba librando de las cornadas. Esto es de toreros y ojala que lo peor que me pase en mi carrera sea esto».
A miles de kilómetros de distancia y desde el desconocimiento queda la duda de cómo será el hospital donde está ingresado pero el torero del Barrio del Carmen las despeja al contarnos que se trata de «un hospital muy moderno, al estilo norteamericano, y el trato por parte de los médicos y el personal sanitario es extraordinario, y estoy en manos de grandes profesionales. No tengo dudas que estoy en buenas manos por lo que voy a quedarme aquí unos días y no voy a pedir el alta voluntaria para a ir a España hasta que me encuentre más recuperado y la herida supure bien».
Pero en la planificación de Rafaelillo no está en mente alargar demasiado su estancia en el hospital y ya está pensando en el vuelo a España: «Si Dios quiere el domingo o el lunes me gustaría coger el avión para volver a casa y continuar allí la recuperación».
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«Desde la enfermería llamé a mi madre y a mi mujer para tranquilizarlas»

Rafaelillo hace un expresivo gesto en su habitación del hospital. :: MARÍA ISABEL VALAREZO/DIARIO EL COMERCIO

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