Joan Vila, el asesino confeso de un geriátrico de Olot (Girona), cometió sus crímenes por amor y para que las ancianas no sufrieran. El celador asumió ayer ante el juez ser el autor material del fallecimiento de tres residentes de la tercera edad del centro La Caritat. Las tres habrían perdido la vida por el mismo motivo: la ingesta de un líquido corrosivo, supuestamente lejía, que les habría administrado el principal y confeso sospechoso.
En un primer momento, Vila, de 44 años y residente en Castellfollit de la Roca (Gerona), aseguró a la Policía que cometió sus crímenes por compasión con las víctimas, a las que dada su avanzada edad quería evitarles sufrimientos. Ayer, ante el juez, mantuvo su confesión inicial y declaró que lo hizo todo por «amor» y porque alguna de las víctimas se lo pidió. Sin embargo, esta teoría tiene elementos que no se sustentan, según investigadores del caso, ya que el método que supuestamente utilizó el detenido es todo menos indoloro. Suministrar un ácido como la lejía a las víctimas no causa la muerte instantánea, sino que provoca una corrosión interna de los órganos del cuerpo que resulta muy dolorosa.
En casos de supuesta compasión, los homicidas utilizan fármacos o sedantes que administrados de forma abusiva evitan el sufrimiento de la víctima. Así, los investigadores creen estar ante una mente sádica más que una caritativa. Descartado el móvil económico, su abogado, que calificó el carácter de su cliente de maníaco depresivo y dijo que actuó bajo los efectos del alcohol, señaló que Vila cometió los crímenes en un momento de «euforia», ya que «se creía que era Dios». También señaló que está en tratamiento psiquiátrico. Por ello, los Mossos d'Esquadra temen que la lista de víctimas de este autoproclamado 'ángel de la muerte' pueda ser mucho mayor. El magistrado no descarta exhumar cadáveres de residentes que se cree que murieron de forma natural.
Cámaras de seguridad
El caso se destapó el domingo pasado cuando una de las tres víctimas tuvo que ser ingresada de urgencia en el hospital. La mujer presentaba síntomas de haber ingerido algún producto tóxico y murió horas después por la gravedad de las heridas. Los médicos alertaron que la muerte no se debía a causas naturales y avisaron a la Policía. Fueron las dificultades de movilidad de la mujer las que descartaron la posibilidad de que hubiera cogido por su cuenta el producto tóxico. Una de las cámaras de seguridad de la residencia delató al supuesto asesino en serie, ya que captó el momento en que salía de un almacén de la residencia con una botella de lejía en la mano. El celador confesó que introdujo el líquido tóxico en la garganta de la víctima haciendo uso de una jeringuilla. Además, dijo que no era la primera vez que lo hacía.