Ayer se cumplía un año y un mes de la muerte en Formentera del publicista Álvaro Abadía. Hace apenas unas semanas, sus familiares y amigos volvieron a llorar en un íntimo funeral el año de ausencia de este murciano que perdió la vida el 8 de agosto de 2009 al ser atropellado por un joven habitual de la localidad de San Fernando, Iván P.J., que conducía una furgoneta robada. El acusado, en sus primeras declaraciones ante el juez, alegó que «quería hacer una gracia».
A día de hoy, el presunto autor de la muerte de Álvaro se encuentra en libertad provisional, tras haber pasado 42 días en prisión. Sin embargo, pese al tiempo transcurrido desde el atropello, la investigación aún se guardaba algunas sorpresas bajo la manga. La última ha sido la declaración de un testigo que asegura que el arrollamiento no tuvo nada de accidental. «Fue premeditado. Lo embistió y volvió de nuevo a embestirle», recalca.
Este testigo se encontraba la mañana del 8 de agosto del pasado año en el hotel Pepe, lugar de veraneo habitual en la localidad San Fernando de Formentera de Álvaro Abadía y su esposa desde hacía seis estíos. «Lo ví todo a una distancia de unos seis metros», explica. Sobre las diez de la mañana, el publicista y su mujer abandonaron la fonda donde se hospedaban para dirigirse a desayunar al bar del mismo establecimiento. Sólo tenían que atravesar unos cuantos metros de una calle peatonal. Muy cerca, Iván P.J. se encontraba sentado en una terraza en compañía de unos amigos.
«Estaba en un bar en el que normalmente estoy en verano y los del bar estaban descargando cosas. Para hacer la gracia me metí dentro de la furgoneta y la encendí», explicó al juez. Hasta este punto, todas las declaraciones parecen coincidir. A partir de este momento, el acusado asegura que el vehículo tenía una marcha puesta y que perdió el control. «Ví como el coche estaba encima de la gente y quise quitarlo, pero no sabía lo que hacía».
«Se dirigió violentamente»
La versión de este nuevo testigo, que podría darle un vuelco al caso, no podría ser más diferente. Éste asegura que el acusado aprovechó el despiste del repartidor para robar la furgoneta y «se dirigió violentamente» contra Álvaro, estampándolo contra una puerta. El relato de este testigo no acaba con este primer arrollamiento. «Dio marcha atrás unos cuatro metros y volvió a embestirlo y lo estampó de nuevo contra la pared», recalca.
Tras el atropello, el acusado salió de la furgoneta y se marchó del lugar. Él mismo lo reconoció en el juzgado. «Ví que uno de los atropellados tenía sangre en la pierna y me fuí porque soy hipocondríaco», relató al juez. «No pensé que acabaría como acabó». Ésta versión es similar a la que ofrece este testigo. «Habló con unos que estaban allí unos minutos y se fue andando tranquilamente». Pese a huir del lugar, el acusado asegura que se dirigió a una cabina y telefoneó a una ambulancia, aunque ésta no se ha llegado a identificar.
Esta declaración es una de las causantes de la reapertura del caso. En marzo del pasado año, el titular del juzgado de Instrucción número 2 de Ibiza, que conduce la investigación sobre la muerte de Álvaro, dictó un auto de transformación de diligencias previas en procedimiento abreviado. Con esta resolución, daba por finalizada la investigación y abría la puerta a un juicio contra Iván P.J. por un delito culposo, pero no doloso. Un homicidio por imprudencia. Una decisión que fue recurrida por el Ministerio Fiscal y por la acusación particular, que ejerce el letrado Trinitario Abadía, tío de la víctima.
El Ministerio Público alegó en su informe que todavía era prematuro dar por finalizada la investigación «ante las contradicciones en las manifestaciones tanto del imputado como de los testigos». El fiscal recordaba, asimismo, que sólo se había tomado declaración a cuatro testigos, de las muchas personas que al parecer se encontraban en el lugar en el momento del atropello y que podrían arrojar más luz a este caso.
El juez instructor decidió estimar los recursos de ambas partes y ha anulado el auto que dictó el pasado mes de marzo. Esta decisión supone la reapertura de un caso sobre el que aún planean muchas incógnitas. Por el momento, se está tomando declaración a nuevos testigos y tratando de localizar a otras personas que presenciaran la muerte de Álvaro. Uno de ellos es un médico francés que, por casualidad, se encontraba en la zona y que le realizó un torniquete de urgencia.
El juez esperará ahora a tener todas esas nuevas declaraciones sobre la mesa para tomar una decisión sobre el caso de Álvaro. Esta situación vuelve a abrir la puerta a la apertura de un juicio por un presunto delito doloso, un homicidio.