Tras varias llamadas, el hombre se persona en la oficina del administrador de la finca donde vive. Con cara de pocos amigos, pantalones cortos, una camiseta vieja y una chaqueta acude sobre las diez de la mañana. «No quiero recibir más avisos. Sé que no pago la cuota de la comunidad pero me da igual», expone el hombre de más de 50 años. Atónito, el administrador no atiende a darle una respuesta.
No es lo común entre los casos de morosidad que el deudor se confiese de esa manera, con total tranquilidad, y por el contrario no quiera poner una excusa por rara que sea.
Todavía estupefacto, el administrador comienza a explicarle que en tal caso deberá darle las mismas razones a un juez y el hombre, ni corto ni perezoso, levanta levemente la chaqueta y muestra la empuñadura de una navaja de gran tamaño. Acto seguido, da media vuelta y se va.
Éste es un suceso muy extremo de hasta dónde es capaz de llegar un moroso para defender el impago de una cuota de la comunidad de propietarios, pero está extraído de una situación real ocurrida en la Región.
El 17 de agosto la Audiencia Provincial de Murcia dio la razón a la presidenta de una mancomunidad de vecinos que no dejó a unos propietarios que usaran la piscina del edificio por no pagar los recibos de la comunidad.
Según explicaba el juez, los estatutos de estas comunidades establecen que si existe demora en un pago de estas características, pierdes la posibilidad de utilizar espacios comunes, como la piscina. Y es que cuando te conviertes en deudor, pierdes derechos.
Desde 30 hasta más de 100 euros son las cuotas impuestas a los vecinos de cualquier edificio, dependiendo de las calidades del inmueble y de los servicios requeridos.
«En total, en la Región contamos con un índice de morosidad del 15%», explica Celso Rodríguez, censor del Colegio de Administradores de Fincas de Murcia, aunque reconoce que no es una cifra exacta puesto que es muy difícil calcular cuántas personas dejan de pagar, puesto que de un mes a otro la media varía considerablemente.
Lo grave, según indica Rodríguez, es que ese índice es el mismo para comunidades de vecinos en las que viven 100 personas que para las que son 40, «cuanto más condensado, más problema supone para el administrador, que se encuentra con una deuda bastante grande y le puede llevar a la quiebra».
Por temporadas
Depende de la temporada, eso sí. «Septiembre, tras llegar de las vacaciones, o enero, con las Navidades aún exprimiendo el bolsillo, son los meses donde aumenta bastante el número de deudores», explica Alfonso Moraleda, administrador en el despacho que lleva su nombre. Pero, según apunta, las personas que suelen deber en estos meses no son reincidentes y abonan la cantidad al poco tiempo.
La crisis económica no ha ocasionado un aumento importante dentro de este sector, ya que el miedo a llegar a un juicio y perder su casa hace que la demora no eleve el número y en cuestión de meses, salden sus cuentas.
«Aún así, contamos con casos de reincidentes en los que mes tras mes debemos estar encima para que paguen y aguantar excusas de todo tipo». Para Moraleda, «hay gente que se lo sabe todo y da igual que tengan más o menos dinero, el que no quiere pagar, no paga».
«Muchos deudores son familias con poder adquisitivo bajo que no se pueden hacer cargo de todos los pagos y antes de dejar de abonar la hipoteca, deciden alargar el pago de la comunidad», apunta.
Juan Pedro Manresa, de 'Fincasa Administraciones', relata que ha tenido casos de personas con acreditada solvencia que han dejado de pagar simplemente por incomodar a sus vecinos y montar escándalo. «Están acostumbrados a ser importantes dentro de su profesión y no consienten ser uno más en ningún sitio».
Jóvenes y extranjeros
Tanto los que rondan los 25 años y han adquirido hace relativamente poco tiempo una casa en cualquier parte de la Región, como los extranjeros que viven en pisos alquilados son los que procuran llevar más cuidado a la hora de prorrogar el pago de la cuota establecida para el mantenimiento de la comunidad.
«Por miedo y desconocimiento ante el proceso, evitan tener problemas y son fieles al pago de las cuotas de la comunidad. Cuando se le amenaza con un juicio si no abonan el recibo, actúan rápidamente», explica Javier Cánovas, de 'Grupo Asesor Canciller', y añade que «los que ya están curtidos en estas prácticas, pierden el temor y se relajan».
Lo mismo ocurre con las personas que pasan de vivir en un pueblo a la ciudad. «Son vecinos que están acostumbrados a tener una casa en bajo donde las cuotas de comunidad no existen y se encuentran, de golpe, con un deber que les puede venir grande -explica Cánovas- pero en principio, suelen ser de los más rectos para pagar», explica.
Lo que está claro es que salvo excepciones contadas, a poca gente le gusta deber nada a nadie y como dice el refrán: quien paga, descansa.