Referente a los últimos artículos publicados sobre Lorca Taller del Tiempo decirle a Matías Giner que estoy de acuerdo con su exposición pero sus palabras llegan demasiado tarde, pero que muy tarde. Cuando los trabajadores que ya no lo son de esta empresa necesitaban los apoyos todo fue un ir y venir de aguas de borraja. Sin embargo se agradecen sus palabras aunque sean tras siete años de injusticias continuadas y consentidas.
Respecto al artículo de Rafael López quisiera expresar que no me siento representado. Rafael López era uno de los Jefes de personal de LTT pero igualmente llega tarde para mí y todos mis compañeros, incluso para los que firman con el dicho manifiesto. Más que nada porque a lo largo de mi experiencia laboral he aprendido que un buen jefe siempre te defiende ante las injusticias, lo demás es de cobardes.
Recuerdo aquellas reuniones con gerencia, los jefes de personal y el propio trabajador donde la gente salía destrozada ante tanta humillación y donde mi jefe refrendaba con su firma los procesos evaluatorios a los que éramos sometidos y que yo, la segunda vez y hasta el final, me negué a firmar. Por eso no entiendo tanto lamento a día de hoy sobre los despidos.
Y no comparto la afirmación siguiente: «si hay despidos por motivos económicos se empezarían por los últimos en entrar». Se contradice pues por su regla de tres, la última que sería despedida habría de ser la Gerente y es precisamente lo contrario de lo que sugieren. López era nuestro Jefe de personal del Castillo y veía nuestra profesionalidad (del que la tuviera). ¿Por qué firmaba por ejemplo la evaluaciones de la Gerente?, ¿Por qué se queja en este momento y no antes? Todos hemos visto como los despidos de indefinidos favorecían los contratos eventuales de empresas de servicios como medida de presión. ¿Para qué entonces contrataron a tanta gente de manera indefinida tras tantas cribas y cursos de formación?
Lástima de mis primeros cuatro compañeros que no siendo tiempos de crisis los largaron sin pena ni gloria quedando todos en shock mientras en nuestras cabezas sobrevolaba la leyenda urbana de: ¡Aguanta, que al final serás funcionario!. Porque para todos fue una ilusión firmar por el puesto ofrecido, ¡un chollazo de la época, oiga!.
Recuerdo cuando nos lamentábamos de tanta presión y se hacían clandestinas reuniones inútiles que eran más una válvula de escape que otra cosa, o se hacían cortinas de humo con los sindicatos de los que mucho ruido y pocas nueces, o esa convocatoria de huelga que nunca se celebró por falta de unión volviendo a dejar un clima laboral de caos y consternación. Y a día de hoy siguen los que quedan soñando con un convenio o el gran milagro: que la Gerente tire la toalla. Y es que la verdad de Lorca Taller del Tiempo es que nadie luchó cuando tenía que hacerlo, dentro y fuera.
Todos tenemos culpa, desde los políticos por no defendernos sabiendo lo que ocurría, la gerente por una estrategia turística desoladora y que representa la máxima autoridad y por tanto debe asumir los éxitos y los fracasos; como también los trabajadores desde el jefe hasta el peón. Nunca estuvimos unidos y nunca hubo tanta fuerza para luchar en una sola dirección como la que se lee en la carta de Rafa. Hoy tenemos el LTT que nos merecemos tanto los trabajadores, extrabajadores, lorquinos, políticos como los turistas.
Para concluir les diré que yo me fui como mucha gente por mi propio pie, no me echaron. Y es por eso que la carta de Rafa no me representa. Perdonar sí, olvidar no, para no tropezar en la misma piedra. Para mí el Titanic y Lorca Taller del Tiempo son un buen símil! Recuerden que en un naufragio, el capitán es el último que abandona el barco.