Comenzaré con una obviedad: estamos ante una crisis muy complicada por la diversidad de factores que en ella confluyen, como un sistema financiero turbulento, un sistema económico-empresarial no tan fuerte como pensábamos, la cultura de la especulación, las dificultades de otros países que también nos afectan e incluso parece que existen determinados intereses políticos que entran en contradicción con los nuestros, por parte de algunos países de nuestro entorno.
Otra obviedad: de esta crisis vamos a salir. Sabemos que son procesos cíclicos, de los que saldrán todas las sociedades y también la nuestra, incluso podríamos ver ya algún que otro indicio de que algo está cambiando. Pero si salir vamos a salir, debemos intentar hacerlo reforzados en esta economía global y competitiva. Para ello ya se han propuesto y ejecutado diversas ideas y medidas en todos los ámbitos de decisión.
A mí, en especial, me gustaría llamar la atención sobre una idea conocida casi desde el inicio, y es la necesidad de plantear un modelo económico basado en el conocimiento y la tecnología.
Simplificando mucho se puede decir que ese modelo económico del que estamos hablando se refiere a la generación y gestión «inteligente»del conocimiento para crear riqueza de «alta calidad», es decir, para generar una alta riqueza (beneficio), y que ésta se mantenga en el tiempo.
Se trata de que una sociedad o región maneje un conocimiento excelente y exclusivo sobre una o varias materias de interés social: nuevos materiales, tecnologías de la información y las comunicaciones, economía, ingeniería o biotecnología, entre otras, y que se utilice para ofrecer a la sociedad productos y servicios que le sean de una gran utilidad y, por lo tanto, que sean demandados. Al ser un conocimiento excelente y exclusivo, tendrá un valor añadido y por lo tanto beneficio importante, y además será difícilmente imitable por otras sociedades a no ser que hagan el esfuerzo de desarrollarlo por ellas mismas. Esto nos dará la ventaja del tiempo para explotar estos productos y servicios, y también para mejorarlos.
Puede parecer claro, pero no es una obviedad conseguirlo. Y no lo es por la dificultad en sí del proceso y porque en otras regiones también están pensando en ello. Para poder desarrollar el modelo económico hemos de hablar de tiempo, de recursos y de personas capacitadas y formadas para poder generar ese conocimiento, desarrollarlo, aplicarlo y también venderlo. Y, por supuesto, una estructura institucional que sea el sustento del proceso y que permita que éste se pueda desarrollar.
Creo que esa estructura ya existe de hecho en la Región de Murcia y veo ese gran activo como nuestra principal fortaleza. Tenemos unas universidades bien valoradas, que se han mostrado capaces de generar conocimiento y con unos profesionales de gran calidad docente e investigadora. Por otro lado, tenemos la Red de Centros Tecnológicos, elemento clave y fundamental que une la generación del conocimiento con su aplicación y actividades para el aumento de la competitividad del mundo empresarial, encargado de generar riqueza, de modo que el círculo se cierre y se pueda emplear esta riqueza en la generación de nuevo conocimiento.
Tenemos ante nosotros una gran oportunidad y reto a su vez. Los elementos básicos ya están preparados y entrenados para estructurar el sistema y deben servir de base que impulse el cambio. Necesitamos apostar con toda intensidad por ellos, por las universidades, centros tecnológicos y empresas. Apostar por ellos significa continuar con las medidas y actuaciones que se están llevando a cabo desde hace tiempo, principalmente desde la Consejería de Universidades, Empresa e Investigación, pero ahora aún con más intensidad y determinación y también con más recursos, y continuar con la estrategia que, de manera coordinada, nos conduzca a la consecución del Modelo, una estrategia reforzada que defina las acciones a llevar a cabo y su medición paso a paso, porque este proceso debemos seguir consensuándolo entre todos y controlándolo de cerca para garantizar la dirección correcta.
Por otro lado, el no hacerlo desgraciadamente nos pondría en una difícil tesitura, pues no olvidemos que otros ya lo están haciendo y lo que ahora es una oportunidad, se convertiría en una peligrosa amenaza al perder una coyuntura importantísima de desarrollo económico.
Pero soy de natural optimista y confío en las capacidades de nuestra Región para enfrentarnos a retos importantes. Tan sólo debemos ponernos a ello con decisión, responsabilidad y seriedad, y seguro que lo conseguiremos.