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Cuando el calor apretó hasta los 65 grados

LA MURCIA QUE NO VEMOS

Cuando el calor apretó hasta los 65 grados

En Murcia se registró en 1876 la mayor temperatura de toda la historia del país

29.08.10 - 00:56 -
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Era un calor pegajoso y espeso, de velatorio remoto y estival, sofocante. Las chicharras crujían en las moreras, los lagartos bostezaban divertidos y las moscas, desorientadas y torpes, se estrellaban contra los cristales en busca de una sombra. Las cántaras sudaban y las avispas, que son cápsulas de sol a rayas, rabiaban de calor en los parrales. Era un día al uso en el sediento agosto murciano. Y nadie sospechó aquella mañana que las puertas del infierno estaban a punto de abrirse sobre la ciudad.
Si en Murcia se registrara estos días una temperatura de 65 grados al sol, un aluvión de expertos lo calificarían como la evidencia de que el cambio climático ya es imparable o, lo que viene a ser lo mismo, que se acerca la fin del mundo, tan femenina como la calor. Sin embargo y sin dudar de lo anterior, estos datos fueron supuestamente anotados en la ciudad hace más de un siglo. El revuelo fue enorme. Siglo y medio después recuperamos una de las páginas más sorprendentes de nuestra historia.
Según el Instituto Nacional de Meteorología, la temperatura más alta en la capital de la Región, al menos de la que se tiene conocimiento, se soportó el día 29 de julio de 1876, cuando los termómetros se dispararon hasta los 47,8 grados. A la sombra. Al día siguiente, como prueba de una medición más o menos acertada, los diarios anunciaban un calor de «46 grados a la sombra». Aquella noche el mercurio se mantuvo en los 34 grados y los murcianos, sin más aire acondicionado que los abanicos, contaron todas las hirvientes horas del reloj.
La medición se tomó en el tejado del actual Instituto Cascales, junto al Palacio Episcopal. Cuentan que el obispo, por vez primera en la historia, durmió en su balcón. En la pedanía de Guadalupe, el mismo día, el mercurio alcanzó los 45,7 grados. Curiosamente, el 'Libro Guinnes de los Records' propone como máxima histórica en España la temperatura registrada al día siguiente en Sevilla, donde se alcanzaron los 51 grados.
Esta calorina inhumana no sorprendió a los murcianos, quienes ya venían padeciendo 'un calor exagerado' desde la semana anterior. De hecho, los diarios se hicieron eco de una inquietante predicción popular: «Del día cuatro al cinco de agosto los calores serán tan extraordinarios que harán imposible el tránsito por las calles y la estancia en las casas». Otros insistían en que las personas sensatas no debían dar crédito a tales afirmaciones pues «puede producir excitaciones de mal género».
En la memoria colectiva aún danzaba el mínimo histórico de temperaturas registrado en Murcia el 15 de diciembre de 1871, con 5,5 grados bajo cero. Pero habría que esperar hasta el 4 de julio de 1994 para que los termómetros volvieran a superar los 47 grados.
No hubo durante la semana otro tema de conversación en tertulias y mercados y, como sucede en la actualidad con las noticias de impacto, los comentarios, análisis y predicciones proliferaron en los papeles escritos. El 3 de agosto, en 'La Paz' de Murcia se publicó en portada un interesante informe sobre «estas desconocidas temperaturas». Su autor era el «ilustrado catedrático de física, don Olayo Díaz», quien reveló que Murcia había padecido una temperatura de 65 grados al sol el 29 de julio.
Lluvia de fuego
«Débese este flujo extraordinario de calor -advertía el catedrático- a las ráfagas de viento procedente del Gran Desierto de África, las cuales traen la sequía y la desolación sobre el litoral mediterráneo». Y no sólo eso. Plagas de langosta y nubes de arena completaban esta especie de apocalipsis local que el señor Díaz calificó como «una lluvia de fuego».
El científico remitió al Observatorio de Madrid que, a su vez, enviaría al de París, varios gramos de arena del Sahara recogida en la ciudad para su análisis. En su opinión, el calor que azotó a Murcia aquel día sólo había sido superado en la Historia de la Humanidad «por los 60º a la sombra que padeció Abisinia y los 65º en la costa del Mar Rojo». Vaya usted a saber.
Mientras se debatían estos extremos, algunos comerciantes aprovechaban el caldeado ambiente para hacer su particular agosto. Entre los remedios para combatir el calor, se publicitaban bañeras de granito artificial «para pasar el verano sin las molestias propias». Su precio, 125 pesetas de la época, todo un lujo. «Cómodas, higiénicas y elegantes», rezaba el anuncio. Otros, como la Sastrería De Hita, anunciaban que «no hay cosa mejor que un traje de dril».
Las noticias sobre altas temperaturas en julio y agosto son una constante en la prensa periódica murciana. En algún caso, cuando se hace referencia al bochorno soportado en otras latitudes, los redactores no logran reprimir la ironía. Eso sucedió en el año 1900, cuando una ola de calor azotó Madrid. El diario 'El Tiempo' publicó unos días más tarde que, después de todo, «la cosa no era para tanto. En Murcia llevamos mes y medio de oleaje continuo y aquí estamos tan campantes».
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