Imagínese que la población de ciervos aumentara desmesuradamente y que estos animales se comieran toda la hierba de la Región. ¿Qué pasaría con el resto de especies herbívoras? El efecto sería el mismo que lo que le podría suceder en unos años a algunos peces del Mar Menor: desaparecerían. La plaga de 'Bursatella leachii', el molusco marino de color negro y no más de quince centímetros de longitud que ha sorprendido a los bañistas en las playas de la laguna, podría causar en unos años la extinción en la zona de otras especies. Así lo temen los expertos que trabajan en el Instituto Oceanográfico. Aunque es un animal inofensivo para el hombre, los investigadores creen que esta babosa marina llegada desde el Mar Rojo (entre Egipto y Arabia Saudí) podría alterar el ecosistema del Mar Menor.
Para medir el peligro real de este molusco y ponerle coto, los científicos se han puesto ya manos a la obra y preparan la elaboración de un censo de esta especie.
«Antes de que acabe el verano vamos a censar la especie para ver cuántas babosas hay realmente en todo el Mar Menor. Lo que sí puedo decir por ahora es que se trata de una especie invasora que ha proliferado mucho en los últimos años debido a las condiciones ideales de temperatura y a la falta de depredadores de su especie en el Mar Menor», explicó ayer Ignacio Franco, uno de los científicos del Instituto Oceanográfico, ubicado en Lo Pagán (San Pedro del Pinatar).
Con calor y sin depredadores
Franco opina que lo más probable es que las babosas hayan llegado hasta la Región de Murcia pegadas a las redes de pesca de algún barco que faena en caladeros del Mediterráneo, adonde la babosa cruzó a su vez por el Canal de Suez.
Y este experto cree que el combate también será complicado. «Es muy difícil eliminar las especies que vienen de otros lugares. Lo intentamos con algas que se reproducen más despacio, pero no hubo éxito. Se han asentado tanto en el ecosistema que es imposible eliminarlas. Con la 'Bursatella Lechii' pasará lo mismo». El ex director del Oceanográfico, Julio Mas, se imagina lo peor. «Estas babosas se alimentan sólo de algas. Si se reproducen demasiado rápido se podría dar el caso, aunque no lo puedo confirmar, de que acabaran con las algas del Mar Menor. También hay peces que se alimentan de esos vegetales, por lo que acabarían por desaparecer», advirtió.
Julio Mas advierte de que habrá que esperar unos meses e incluso algunos años para saber si se cumplen los malos presagios.
Pero el debate científico ya está abierto, y por ejemplo Ignacio Franco se pone en el mejor de los escenarios para el ecosistema marino: «A lo mejor las babosas reducen la cantidad de algas que comen, la población se autorregula y no tenemos tantos problemas», señala el investigador.